Leyendas de Capirastia

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¿Quién es el enemigo?

Deben saber ustedes que Miranda, Rachel y Amanda tenían por novios a unos guapos chicos llamados Arthur, Jason y Harry, que, por desgracia, habían muerto en una sangrienta pelea por resolver un supuesto asunto personal. Ni Miranda, ni Rachel, ni Amanda presenciaron dicha pelea; y, al no ser hallado ninguno de los cadáveres, policías y detectives suponían que estos habían sido cremados o descuartizados para no dejar evidencias. Tampoco se encontraron a los culpables del crimen.

A dos meses del infortunio, las chicas no podían superar el dolor de la muerte de sus novios, especialmente Miranda, que lloraba todas las noches por Arthur y tenía esperanzas de que la muerte de su chico fuese sólo una equivocación o una pesadilla y que el volviera a ella. Una mañana Rachel la encontró llorando en su habitación mientras escuchaba música suave.

-Miranda, ¿Qué te ocurre? –le preguntó.

-¡Ah! Seguro que está llorando por su “Peluche” –afirmó Amanda entrando a la habitación.

-Vamos, Miranda. Ya no estés triste –le animó Rachel-. Mejor acompáñanos al súper a hacer unas compras, porque recuerda que hoy prepararemos un almuerzo de bienvenida para David.

-¡Oh, santo dios, ya se me había olvidado! ¡Vamos! –exclamó Miranda parándose de golpe de la cama.

Entonces se fueron al súper a comprar los ingredientes para preparar el mejor banquete para el nuevo miembro del equipo. Ese rato fue suficiente para que Miranda calmara su tristeza, ya que ir de compras al súper era una de sus actividades favoritas.

En cuanto llegaron al CCG, ya David había llegado hace veinte minutos. Las chicas se apenaron por haberlo dejado esperando, y enseguida se pusieron a preparar el almuerzo. Miranda era tan buena cocinera que podía cortar una cebolla sin derramar una sola lágrima. Eran tan buenos sus platillos y el aroma de las especias que le agregaba, que parecían tener magia, por eso tuvo que hacer la parte del trabajo más difícil, que era cocinar el platillo favorito de David: fideos con pollo, mientras que Amanda y Rachel la ayudaban. Aunque con las torpezas de Amanda era preferible que trabajara sola.

-¡Vaya! –le dijo David- Jamás pensé que un ninja supiera cocinar tan bien.

Luego de almorzar se sentaron en la sala a platicar. Las chicas le contaron a David la terrible tragedia de sus novios, pero, en ese momento, Miranda volvió a recordar a Arthur y las lágrimas corrieron por sus mejillas.

-¡Esta sentimental está llorando de nuevo por su media naranja, Arthur Milton! -reprochó Amanda.

David se quedó pensativo por unos segundos, algo en aquel relato le había intimidado.

-¡Arthur Milton! Ese nombre me es muy familiar –murmuró.

-¿Acaso tu no llorarías por Jason? –le contestó Miranda.

-No –dijo Amanda-, porque yo puedo comunicarme con él siempre, gracias a mis poderes de médium. Además ese Arthur era un patán. No era muy amable contigo que digamos.

-¿Tú qué sabes, tonta? –le gritó Miranda- ¿Acaso Jason era un melocotón almibarado?

Y como era de costumbre, las dos chicas empezaron a discutir como perros y gatos, pero Rachel las detuvo. David ya quería largarse de ahí, pero con la intriga de saber quién era ese tal Arthur, decidió quedarse un rato más.

-¿Sus novios también fueron reclutados por la princesa Stella para ser superhéroes? –preguntó.

-Pues… no –respondió Miranda-. De hecho, ni siquiera sabían de la existencia de Capirastia ni de Stella.

Amanda le sugirió a Miranda que fuera a consultar a una médium para que con su bola de cristal le revelara el paradero de Arthur.

-Ya fui la semana pasada –respondió Miranda-, pero sólo me mostró otros chicos con el mismo nombre y ninguno era mi Arthur.

Ni siquiera Amanda, que era maestra en el espiritismo, pudo comunicarse con el amor de la vida de Miranda.

Miranda se quedó pensativa por un momento y su cabeza se llenó de preguntas ¿Por qué ni los más poderosos espiritistas como Amanda podían comunicarse con Arthur? ¿Estaba muerto o no? ¿Si estaba muerto, cómo se supo si no se halló el cadáver? Y hay una pregunta que seguramente se estarán haciendo ustedes: ¿Por qué a David le pareció familiar aquel nombre?

Terminó entonces la reunión y David se fue a dormir, pues ya eran las ocho de la noche. Miranda pasó toda la noche pensativa. Ni siquiera pudo dormir.

A la mañana siguiente, Miranda decidió ir a la casa de su compañera de clases Daisy Mc Garrer, pensando en que esta la podría ayudar; aunque no confiaba mucho en Daisy, pues ella siempre tenía envidia de que Miranda enamorara a cuanto chico se atravesara en su camino, y a ella ni la miraran.



Miranda Mori

Editado: 05.03.2019

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