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Capítulo 8: El collar.

 Lucas preparó la cena haciendo oídos sordos a los comentarios de Lucie ya que si los seguía escuchando tendría que responderle. Alex, con los ojos cerrados, escuchaba detenidamente lo que hablaban. Fingía estar dormido para evitar que Lucie dejara de realizar preguntas, necesitaba de aquello para saber que responder en caso de que, en algún momento, una de ellas se dirigiera a él.

 Antes de las diez de la noche la cena ya estaba lista y mientras Lucie preparaba la mesa, Lucas se encargaba de despertar a Alex. A pesar de que la pierna le dolía supo manejarlo y con algo de ayuda logró llegar a la cocina y sentarse con los otros dos chicos para comer. Lucie no habló durante toda la cena, como si todas las dudas que tenia se habrían resuelto sólo escuchando el silencio que le daba Lucas como respuesta. Alex previó eso y cuando finalizaron la cena permaneció sentado fijando sus ojos en los de Lucie hasta que ella pudiera darse cuenta.

—¿Puedo saber qué es lo que tanto miras? —Preguntó ella al notarlo.

—Estoy sorprendido, no escuché a Lucas respondiendo todas tus preguntas—respondió Alex con una sonrisa.

 Lucas dejó caer un plato y su cara delató cierta preocupación, si Alex había oído todo, él estaría en problemas. Lucie corrió a ayudarlo y por suerte no se había hecho daño. Cuando terminaron de recoger las cosas ambos se sentaron en la mesa junto con Alex.

—¿No piensas decir nada, Lucie? —Preguntó él.

—¡No tengo nada que decir, Alex! —Gritó ella levantándose de su asiento.

—Haz lo que quieras, pero las preguntas me las haces a mí, te guste o no —respondió Alex.

—¿Qué pasó con mis padres? ¿Por qué no los trajiste? —preguntó Lucie regresando a su silla.

 Tanto Lucas como Alex permanecieron inmóviles ante la pregunta. Ninguno tenía claro que responder y cualquier error podría desatar un caos. No querían permanecer en silencio por demasiado tiempo, si seguían así Lucie no tardaría nada en darse cuenta que mentían.

—No quisieron venir conmigo —titubeó Alex.

—Entonces les mandaré una carta para que sepan que estoy bien y vengan —respondió Lucie.

—¡No! No es conveniente que entreguemos cartas —se adelantó Lucas.

—¿Es una broma? Quiero decir, ayer no estaban tan nerviosos.

—¡Basta! Vete a tu habitación —gritó Alex.

—¡No me puedes mandar a mi habitación! ¡Tú no eres mi padre! —respondió, eufórica, Lucie.

—¡Emilie, no me obligues a llevarte! —gritó nuevamente Alex.

 Lucie no entendió el porqué de repente fue llamada por otro nombre que ni siquiera conocía y que tampoco había escuchado antes. Aquella confusión desconcertó a Lucas que pareció haberlo reconocido. El silencio fue aterrador sobre todo para Alex que no sabía cómo arreglar su error.

—¿Quién es Emilie? —Preguntó Lucie.

—Nadie y te dije que te fueras —respondió, bruscamente, Alex.

—¿La mataron? Es eso, ¿verdad? —preguntó nuevamente ella.

 Alex se levantó y sin mediar palabras abofeteó a Lucie. Esta no toleró aquello y se lo devolvió sin medir las consecuencias. Lucas observaba en silencio, no podía hacer nada, desde la confusión de Alex no logró volver a la realidad.

—¡No me importa que tu pierna esté herida igual te mataré! —Gritó Lucie tratando de golpear a Alex.

—¿Como podrás hacerlo si ni siquiera eres capaz de defenderte? —Preguntó él con una sonrisa.

 Alex evitó un golpe de Lucie corriéndose lentamente para atrás. A pesar de que la joven tenía la intención de golpearlo todos sus intentos terminaban frustrados. Uno de los golpes dio directamente en el abdomen de Alex y ese logró desestabilizarlo. Evitó caer al suelo sosteniéndose de una pared, pero al hacerlo dejó caer el collar que traía en su bolsillo. Ella frenó sus gritos y golpes al escuchar el ruido que provocó éste al chocar con el suelo de madera. Antes de que Lucie pudiera tomarlo Alex lo pateó lejos de ellos.

—¡Lucie vete a tu habitación! Si me obligas a repetirlo otra vez te entregaré sin dudarlo a esos cuatro chicos —amenazó Alex reincorporándose.

 Al darse cuenta que era inútil continuar peleando hizo caso al pedido de Alex y enojada subió las escaleras. Lucas continuaba en la cocina ignorando todo lo que pasaba a su alrededor, el silencio lo había invadido de repente y ni siquiera se percató de la pelea que hubo y de que Lucie ya no estaba en la cocina. Alex trató de hablarle pero nada podía sacarlo de sus pensamientos. Fueron varios y largos minutos en los que ninguno dijo nada.



Melina

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En el texto hay: romance, drama, torturas y asesinatos

Editado: 26.11.2019

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