Libro 1: Memorias del gitano Albert Cathal (10)

Tamaño de fuente: - +

CAPÍTULO XIX “Sly y Blake”

Uno de los sujetos es anciano, totalmente calvo y con solamente una barba blanca, larga, angosta y sin bigote. Sus cejas son finas. Viste una larga café de mangas largas. La prenda de vestir incluye una capucha; la cual cuelga hacía atrás en esos momentos. Una cuerda café claro hace la función de cinturón; en los pies, lleva unas simples sandalias. Pareciera que es un fraile, pero no lo es. Utiliza un largo bastón para moverse.

Bajo su brazo izquierdo lleva un libro grande; su encuadernado es café oscuro. Hay un enorme rombo rojo, en la portada y contraportada; tal parece que es una piedra pulida.

El otro es un joven de veinte años. Tiene el pelo ondulado color rubio oscuro, el cual le llega a los hombros. Viste ropa fina de un noble o un caballero sin armadura.

—¿Hasta cuándo hay que esperar? —pregunta el joven, sentándose en un trono.

—Hasta que el jefe lo ordene —responde el anciano.

Antes de que los desconocidos alcen la vista, los cuatro príncipes se esconden tras la barda; empiezan a caminar lentamente y en silencio, pegados a la pared y directamente hasta la puerta. Escuchan atentamente la plática de abajo.

—Ya me aburrí de estar aquí y de estas ropas. No podemos hacer nada divertido y tú te la pasas jugando con un bosque encantado —reprocha el de edad menor.

—¡No son juegos! —dice el viejo enérgicamente—. Te lo expliqué muy bien la otra vez.

—¿El experimento? Lo que hiciste fue desperdiciar una buena parte del ejército.

—Pero comprobé lo que quería saber.

—Eso yo lo sabía desde antes; como de costumbre, no me hiciste caso.

—Te digo que no es la hija de ese Éphimit. La hemos buscado por todos lados, pero no aparece; tal parece que se la ha tragado la tierra.

«¿De ese qué?», se dice Evans en la mente.

—¿Qué tal si es un Tísegop? —interrumpe el escudero.

«¿Un qué?», se pregunta Idaira a sí misma.

—¿Crees que Kijuxe desterraría a esos seres supremos a este mundo? Además; sea cual sea el caso, ahora es un mortal. No es ninguna molestia.

«¿Kijuxe?», piensa Niamh.

—Entonces, ¿por qué fracasó el último plan?

—El entrometido metió sus narices desde antes, lo bueno que lo descubriste.

—Sabes lo bueno que soy encontrando cosas; cómo ese hombre escondido en el balcón de arriba.

—Recuerdo que estaba dormido. Habíamos regresado esa noche, para revisar si habían abierto el portal y ahí estaba. ¿Por qué lo asesinaste dormido? Hubiera sido más divertido si lo hubieras despertado y luego matado.

—Eso no tiene importancia. El punto, es que no sabemos quién fue el que destruyó al ejército de hace ocho años y medio; ese marqués no es tan poderoso.

—Olvida lo de hace tiempo, además creíamos que estábamos solos; el nuevo plan del jefe es a prueba de fallas. Tenemos identificadas a las molestias, por fortuna son solo tres, aunque pienso que no deberían contar a ese noble del Oeste.

—La muchacha es muy poderosa; ¿No será difícil eliminarla? También recuerda a ese caballo alado.

Los príncipes se detienen un momento al escuchar el comentario.

—Si atacamos en el momento exacto, no.

—¿Y qué me dices de tu viejo amigo?

—Por favor —dice el anciano con molestia—. Él es una cucaracha en medio de todo esto; al igual que ese gitano del Norte. Mejor quédate callado; recuerda que venimos a descansar. Necesitamos recobrar fuerzas.

Los príncipes se preocupan por lo que escuchan; así que intentan caminar más rápido. lamentablemente, uno de los talegos que encontraron no está en tan buenas condiciones como creían. Niamh lo ha llenado de más con joyas y anillos. El morral se descose del fondo, tirando todos los recuerdos al suelo, provocando un ruido fuerte.

Los dos extraños voltean rápidamente hacia arriba, quedándose callados por un segundo.

—Al parecer se metieron unas ratas anoche —dice el viejo.

—Y de las grandes —responde su compañero, levantándose del trono.

Sabiendo que los han descubierto, los cuatro niños comienzan a correr hacia la salida.

Antes de llegar a la puerta, aparece uno de los extraños al lado derecho, flotando en el aire. Es el hombre de veinte años, mas ahora tiene dos grandes alas de ave negra que le ayudan a volar. Ahora que están frente a frente, los príncipes pueden ver los ojos del desconocido: tiene iris color amarillo brillante, las pupilas son blancas y la esclerótica es negra en vez de ser blanca.

Los príncipes se congelan por un segundo, espantados por el extraño ser: los poltersprites tienen que empujarlos para que sigan corriendo.

—¡Son niños! —le grita el hombre alado a su amigo—. ¡Sly!, ¡son niños!

—¡Pues atrápalos, estúpido! —le ordena el anciano, mientras prepara un conjuro.

Los niños se apresuran a salir. Antes de que los atrapen, los duendes cierran la puerta rápidamente, dándole un golpe directo al enemigo en toda la cara; el hombre cae al suelo al instante siguiente.



ElGitanoBlanco

Editado: 22.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar