Libro 3: Dos viajeros inoportunos son las piezas clave

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Capítulo 15 “Akhol e Ilemn salvados”

Lejos de las orillas de la ciudad y en medio de un gran claro, se alza un gran edificio rectangular. Simple y lleno de aires acondicionados en la parte superior. No tiene ventanas, pero si varias puertas pequeñas y una grande para que entren vehículos. Todas vigiladas con cámaras de seguridad.

Adentro, el Dr. Ritter recibe a los dos nuevos especímenes, sedados completamente, acomodados delicadamente sobre un gran cojín. Los lleva al laboratorio, empezando a escribir sus notas del día, rodeado de experimentos anteriores. Minutos después, es interrumpido por un soldado uniformado y armado. El sujeto entra sin siquiera tocar, acercándose con el jefe.

—¡Señor! ¡El plan fracasó! —grita un capitán, muy preocupado.

—¡¿Qué quieres decir con que el plan fracasó?! —pregunta el doctor, parándose de un salto de su silla.

—El oficial Dylan acaba de hablar. Dice que los cuatro helicópteros fueron destruidos.

—¿Y qué pasó con los hombres que enviamos?

—Ninguno sobrevivió. Fueron… masacrados y decapitados. Lo peor… es que apareció un nuevo ser —informa el hombre.

—¿Nuevo ser? ¿Benévolo o malévolo? —pregunta Ritter con mucho interés.

—A según lo que reportó el oficial Dylan, emitía energía negra y también salían cadenas negras de sus brazos.

—Ummnn. Un cilnlumoit sin duda alguna.

Ritter se queda otro tiempo meditando, para luego dirigirse con el informante.

—Entonces significa que el éphimit y el cilnlumoit han peleado entre sí. ¿Quién ganó?

—Ninguno señor. Esos dos seres son aliados —responde el capitán.

—¡¿Queeé?! —exclama Ritter muy sorprendido—. ¡Es imposible que eso ocurra!

El soldado se queda callado, nervioso, mientras el doctor se calma.

—Por fortuna no saben dónde estamos; aunque no está de más estar atentos. Prepara a todos los hombres disponibles. Tengan a la mano cartuchos con ambas municiones: balas yaerp y balas rupmohe (*1). Que el resto de los helicópteros vengan a vigilar. 

—Pero señor, al hacer eso, les indicará donde nos escondemos —contradice el capitán a su superior.

—No podemos hacer otra cosa. Estos descubrimientos que hemos hecho, nos ayudarán a controlar las ciudades circundantes. Siendo dueños de un imperio, ya tendremos tiempo de buscar a los seres superiores de nuestro propio mundo… y eso… eso será solo el principio. Llame a su superior y que envié más tropas inmediatamente.

—Sí señor —responde el capitán al mando, ejecutando un saludo militar.

Sin más distracciones, el doctor regresa a su trabajo.

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Metros lejos y entre los árboles del bosque, tres compañeros se acercan cautelosamente a pie. Cuando están cerca, Fiorello le recuerda a Abihu de cuidarse bien, surgiendo esa palabra en particular.

—¿Cuáles son esas debilidades que dicen? —inquiere Ricardo.

—Es mejor resolver dudas luego bambino. Tú quédate aquí, mientras mi collega y yo nos encargamos del asunto.

Dicho esto, Fiorello y Abihu se adelantan varios metros, hasta llegar a un gran patio lateral del edificio.

—¿Por dónde quieres comenzar? ¿Por arriba o por abajo? —le pregunta el jócsolfu a su amigo.

—Vayamos de una vez —dice Abihu, un poco molesto.

—¡Perfetto! ¡Yo arriba! Trataré de dejarte algo de diversión, collega.

Tan veloz como un relámpago, Fiorello se eleva en el cielo y aterriza sigilosamente por atrás de dos soldados.

—¿Crees que esos dos seres encuentren este edificio? —le pregunta uno al otro.

Instantes después, dos espadas atraviesan la espalda de cada hombre, sobresaliendo la mayoría de la hoja afilada por el otro lado. Los talwars hacen un corte sesgado, casi rebanando a las personas en dos partes. Los cadáveres caen, mientras se forman los charcos de sangre.

—No lo sé; aunque la verdad, no es difícil sospechar de un gran edificio con tanta seguridad en medio del bosque —dice Fiorello en voz alta, terminando con un comentario malévolo—. Va bene ragazzi, divertiamoci.   

Tranquilamente camina un poco, encontrándose con otro par de soldados distraídos.

—¡Scusatemi! ¿Me pueden decir que hora es? Se me ha olvidado mi reloj —pide Fiorello cortésmente.

Los dos soldados se dan la vuelta, encontrándose con un hombre y varias cadenas vivientes que emergen de sus muñecas.

—¡Carajo! ¡Está aquí! ¡El demonio está aquí! ¡Usen municiones yaerp, municiones yaerp! —grita uno por su radio, dando la alarma general.

Al segundo siguiente, toman sus armas y empiezan a disparar contra el supuesto demonio. Al ser disparadas, las balas dejan un rastro de luz blanca.

—Grazie mille, sciocchi —dice Fiorello, mostrando un rostro muy malicioso, agregando al final—. Acaban de facilitarnos demasiado el trabajo.



ElGitanoBlanco

Editado: 03.11.2019

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