Libro 3: Dos viajeros inoportunos son las piezas clave

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Capítulo 24 “Redada en el zócalo capitalino”

Al entrar al cuarto, lo primero que llama la atención de David son tres camas: dos del lado derecho y una del lado izquierdo.

—Esta es su habitación. Espero que la disfrute; estamos a su servicio por si necesita algo —dice la recepcionista faípfem antes de cerrar la puerta e irse.

—Me voy a acostar. Después buscaremos el lugar para abrir el nuevo portal —habla David, dejando el libro sobre un tocador cercano, acostándose en una de las camas de la derecha.

En pocos segundos el humano se queda dormido con las ropas puestas, excepto su sombrero el que sí logra quitarse. Imitándolo, los dos Miksids toman otra cama completa para también tomar una larga siesta.

—¿Quieres salir a dar una vuelta? —le pregunta Fiorello a Édznah.

—No… creo que sea buena idea —dice Ebihu, acercándose a la ventana del fondo. La cortina está abierta, permitiendo a la luz del nús (*1) inundar el cuarto.

—¿Por qué lo dices? —inquiere confundido Evangelos.

—La ciudad ha cambiado un tanto desde mi última visita. No he visto ni he sentido a otras entidades inferiores en todo este tiempo. Antes siempre había varios sobrevolando la ciudad y pocos recorriendo las calles; ahora creo que no hay nadie —relata Abihu seriamente. 

—¿Cuándo fue la última vez que estuviste aquí? —inquiere Fiorello, recargándose en una pared cercana.

—Hace un año sepnaruita. Tiempo después, mientras visitaba Pérsua Ifpabe, Kijuxe me ordenó ir a buscarte al planeta Monsílut para recuperar la enciclopedia; abrió un portal a la comunidad vecina de la ciudad 5-C, y fue ahí donde te conocí.

—No quería saber tu vida; però, ahora que lo mencionas, fue bueno que llegaras en esos momentos. Me habrían capturado desde antes esas tres donne locas.

—Pues sí. Hubiera buscado solo la enciclopedia y te hubiera dejado a tu suerte —comenta Édznah con una sonrisa, acostándose en la cama sobrante.

—¡Oye! ¡Non è giusto! ¡¿Ahora donde me voy a acostar yo?! —pregunta Fiorello, molesto.

—Queda espacio en la otra cama. Akhol e Ilemn no la están ocupando toda —dice el éphimit, señalando con su dedo la cama de enfrente.

Sin más remedio, Fiorello se sienta en un lado, para luego acostarse a lo ancho de la sección baja del colchón. Cierra los ojos, intentando descansar. Todo el cuarto queda en silencio, antes de que Evangelos lo interrumpa, preguntando en voz alta y todavía con los ojos cerrados.

—¿No has tratado de preguntarle a Kijuxe las siguientes órdenes, o si hay algo extraño en esta ciudad?

—Lo he estado intentando todo el camino, pero no me ha contestado para nada —responde Abihu.

—¿Cuál fue su última orden? —inquiere el jócsolfu, todavía con los ojos cerrados.

—Que cuidara de Ricardo —dice Abihu, quien mantiene los ojos abiertos.

Esas son las últimas palabras, dejando al silencio tomar su lugar para que el descanso revitalizante sea mejor.

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—Entendido. Mantenlos vigilados y no los pierdas de vista —dice un hombre al colgar un teléfono.

El general rápidamente marca otro número; del otro lado contestan rápidamente.

—Teniente Francisco. Prepare a sus hombres inmediatamente. La agente Isa-63 Centro, ha localizado el premio mayor al doble. Enciclopedia y un par de seres especiales: un ser de luz y el otro… es un espécimen exótico combinado. Hay otros dos, pero de eso ya le informarán llegando al lugar.  

—Isabel 63 Centro. Copiado. Vamos en camino.

El segundo hombre cuelga inmediatamente, saliendo corriendo de su oficina en uno de varios edificios camuflados de fuerzas especiales, ubicado en la zona oriente de la ciudad. Aprisa da las órdenes a los soldados de alistar dos armas, que utilizan dos municiones especiales; dando una pausa a las órdenes, el teniente Francisco se acerca a otra oficina, llamando a un compañero.

—Kiko. Buenas noticias, ¡Ya la tenemos! —celebra él.

—¡¿Qué?! ¡¿Qué tenemos Pancho?! —pregunta Kiko, levantándose de su silla, confundido.

—¿Qué más? ¡La enciclopedia Cóvniem! ¡Está en la ciudad, en el centro! ¡Vamos, muévete, muévete! Tenemos que llegar antes de que se nos pele —dice el teniente, siguiendo en apresurar a sus hombres.

Kiko… mejor dicho el Dr. Friedrich Manuel de cincuenta y nueve años, se prepara para unirse al batallón.

Camionetas se ponen en marcha y helicópteros despegan rápidamente. Todos dirigiéndose a la dirección otorgada por el general; otro par de grupos en otros puntos de la ciudad, también se dirigen para apoyar.

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Pasan varias horas antes de que Ricardo se despierte, ya con las fuerzas recuperadas.

—Ya necesitaba echarme un coyotito. Ya me siento mejor —dice David, estirando su cuerpo.



ElGitanoBlanco

Editado: 20.01.2020

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