Libro 3: Dos viajeros inoportunos son las piezas clave

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Capítulo 42 “El guerrero de hielo y sus guardias”

Poco antes de que logre acabar su desayuno, David y los Miksids se asustan al escuchar el sonido de una sirena, muy diferente a la de una ambulancia o una patrulla de policía; es un sonido largo, que poco a poco va aumentando de volumen, produciendo un escalofrío en la sangre del muchacho. Se asoma afuera, observando a los soldados correr por todos lados, dejando el pasillo de la celda más solitario que de costumbre en solo segundos.

—¿Qué estará ocurriendo? —se pregunta Ilemn en voz alta cuando la sirena se apaga, momentos después.

—No lo sé, pero es mejor esperar a Édznah o a Fiorello —opina Akhol.

El trío espera, hasta que un par de soldados llegan corriendo.

—¡¿Dónde están los otros dos?! —inquiere uno bastante preocupado.

—No… no lo sé. Se fueron junto con el teniente y el doctor, pero no han regresado —responde Ricardo, nervioso.

—¡Entonces ven tú! ¡Nos están atacando y están matando a todos arriba! —informa el otro soldado, tomando al joven de un brazo, jalándolo sin esperar una respuesta. Los Miksids siguen de cerca a los hombres, haciendo aparecer sus alas.

Ricardo logra zafarse del agarre del militar, corriendo por su cuenta y siguiendo a los hombres. Hace aparecer su armadura de placas de hielo mientras avanza; siempre cambia un poco el diseño de su protección completa cada vez que la hace aparecer. Llegan a unas escaleras y a una gran escotilla de metal. Hay efectivos a ambos lados, preparados con sus fusiles de asalto. Se escuchan disparos que vienen de arriba, junto con gritos y… rugidos de bestias peligrosas.

—Esta es una salida que tenemos libre, pero los faipfems que están llegando son poderosos. Necesitamos demasiadas balas para aniquilar a uno solo —explica uno de los militares.

—¿Qué están llegando? ¿A que se refieren con que están llegando? —inquiere Ilemn cerca de un hombro de David.

—Hay un portal de donde salen esos guerreros. Apareció en solo un par de segundos —informa el mismo hombre.

—Rápido, sube —ordena otro militar—. Tal parece quieren la enciclopedia Cóvniem; están empeñados en llegar al Hangar.

Al escuchar esto, Ricardo se preocupa más; tiene que evitar que lleguen a su único boleto de regreso al planeta tierra. Con precaución, el muchacho sube las escaleras, abriendo lentamente la escotilla y dando un vistazo veloz. Al no ver a nadie, se aventura a salir, junto con los dos Miksids. Se encuentra atrás de varios camiones de carga, un poco lejos de la entrada del hangar y de un gran grupo de soldados que se ha reagrupado en ese sitio.

Usando uno de los camiones para cubrirse, Ricardo se asoma, asombrándose poco por la imagen que ve. Diferentes animales antropomorfos y mujeres (átbermins) guerreras, portando espadas, escudos y lanzas están aniquilando poco a poco al ejército mexicano.

—Haz aparecer a tus propios guerreros —le propone Imen al joven, preguntando al final—. ¿Recuerdas cómo hacerlo?  

—Sí. Sí lo recuerdo —dice Ricardo, respirando profundamente y cerrando los ojos para calmarse más aprisa. Volteando hacia un lado y con los dos brazos extendidos, David se enfoca en sus dos poderes especiales.

Estatuas de hielo y arena se empiezan a formar en segundos, a metros del humano. Ricardo no se ha tomado el tiempo para tomar precauciones; está creando a su batallón a plena vista, por lo que varios invasores y soldados observan asombrados los sucesos.

Los soldados al mando de David tienen dos metros y quince centímetros de alto. Solo tienen la forma básica humanoide, sin ningún rasgo facial en sus cabezas; aunque si tienen dedos en las manos. Los soldados de arena se endurecen completamente, pasando a ser soldados de piedra, volviéndose igual de indestructibles que los súbditos de hielo. En segundos empuñan largas espadas, alabardas, grandes mazas de batalla y grandes martillos, compuestos con el mismo hielo y piedra. Casi nadie les presta atención a las estatuas… hasta que Ricardo sale de su escondite, corriendo en contra del ejército invasor, empuñando una espada y un escudo. La primera línea frontal de erpaes y ardus voltean hacia el guerrero solitario que se acerca, burlándose todo el tiempo. Un segundo después, las quince estatuas de hielo y quince soldados de roca cobran vida propia, avanzando velozmente para alcanzar a su líder y dueño.

Llega Ricardo con los enemigos, dándole un fuerte golpe con su escudo a un guerrero erpae, el cual sale volando muchos metros atrás, cayendo estrepitosamente en el suelo. Atrás de él, los treinta soldados abaten a los primeros guerreros y guerreras. Los escudos no soportan los filos de las armas de hielo (espadas y alabardas), siendo rebanados igual a como un cuchillo caliente rebana la mantequilla; tampoco resisten los golpes de los martillos y mazas de piedra especial, despedazándose en varias piezas. El guerrero de hielo y sus soldados son invencibles; por más golpes que reciben de las armas invasoras, sus cuerpos y armadura no se destruyen o sufren daños. Muy pronto, toda la atención del ejército erpae y arsdu es atraída por el caballero de hielo y sus treinta lacayos.



ElGitanoBlanco

Editado: 20.01.2020

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