Libro 3: Dos viajeros inoportunos son las piezas clave

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Capítulo 47 “Los dioses del tiempo”

—Oye. Que te parece si usamos la piel de esta faípfem para hacer un tapete en la sala de la guarida —le comenta un pandillero a un camarada, señalando a Lindalë, todavía atrapada en la red especial.

—Después de darnos un festín con su carne. Hace tiempo que no he probado carne fresca; los venados o alces ya no pasan por estos valles —responde el compañero.

—Esos se extinguieron hace un par de años; pero, ¿no es mejor disfrutar su cuerpo de otra forma antes de matarla? —opina un tercer hombre con una mirada pervertida.

—¡Que asco! Solo tú tienes esos gustos; pero será mejor que le pidas permiso al jefe. Hay una ligera posibilidad que te permita hacerlo —comenta el primero en hablar.

A un lado, tal parece que un integrante del grupo se desmaya, cayendo completamente al suelo; extrañados, sus compañeros se le acercan para saber el porqué ha perdido el conocimiento. Al mirar detenidamente el cuerpo, descubren un agujero de bala en la frente del cadáver. El tiro perfecto de un francotirador.

—¡Cúbranse! ¡De seguro es la pandilla de las pirañas rabiosas! —grita un hombre.

Todos tratan de cubrirse, buscando por todos lados al francotirador escondido, pero uno a uno los bandidos van cayendo muertos. Igualmente, pequeños dardos gruesos de hielo caen del cielo, atravesando gargantas y cabezas, asesinando a otra parte. Unos pocos intentan subirse a cuatrimotos y diferentes vehículos para escapar, pero varias cadenas vivientes serpentean por el suelo, matando a unos cuantos; otros vehículos reciben descargas eléctricas por parte de relámpagos que empiezan a caer del cielo, sobrecargando la batería y fundiendo cables importantes, dejándolos inservibles. Ninguno sobrevive.

Todo queda en silencio, hasta que se escuchan pasos acercarse. Nhómn y Lindalë tratan de ver quien es el nuevo enemigo o salvador; no se pueden mover mucho, ya que siguen atrapados en las redes.

—Parece que alguien se nos adelantó con la cacería; aunque sea nos hicieron el favor de dejarnos las presas ya atrapadas —comenta Francisco, acercándose e hincándose en frente del eunuco.

—¡Tú! —exclama Nhómn.

—Sí, así es. Te liberaremos, pero si prometes no atacarnos; igualmente ofrezco tregua por mi parte, ¿aceptas? —inquiere el comandante.

Nhómn lo medita un poco, diciendo al final

—Está bien, acepto la tregua.

—¡¿Qué?! ¡¿Vas a confiar en nuestros enemigos?! —exclama enojada Lindalë.

—¡No lo hagas anciano! ¡Nada bueno puedes esperar de ese Lézubl! —grita Yev-Lirn igualmente atrapado en la red, quien se ha despertado desde hace varios minutos.

—¿Por qué no mejor los dejamos aquí, capo? Nos van a estorbar en todo el camino —dice Fiorello, molesto.

—Solo los vamos a liberar. Si son de ayuda o no, eso ya lo veremos después —dice Ricardo seriamente.

—Ahora estamos a su merced; son más que nosotros. Hay que prometer tregua por el momento; es lo mejor —habla Beleg, tratando de convencer a sus dos compañeros. Unos segundos de meditación después, y a pesar de que no les gusta para nada la idea, Lindalë y Yev-Lirn también prometen tregua.

Usando su hielo especial en forma de cuchillo, David corta las redes, liberando a los tres cautivos; para poder cortar la red del arcángel, Abihu tiene que bendecir el cuchillo por unos momentos. Sin nada de agradecimientos, los tres faípfems se paran enfrente de sus rescatadores: dos ótbermins, dos entes inferiores, un humano y dos Miksids. El macuahuitl de Francisco se ha convertido nuevamente en su rifle de asalto, el cual ahora cuelga en su espada gracias a una correa; entre los tantos estuches que carga en su chaleco y cinturón, tiene un silenciador y un cartucho de sobra lleno de munición común y corriente. Para poder ver y oír a los entes inferiores (Yev-Lirn, Abihu, Fiorello y los dos Miksids), Lindalë tiene un collar especial de joyas; lo tiene puesto desde que dejó su aldea. Por su parte Nhómn tiene la energía nema, la cual fluye por su cuerpo y venas. Los dos ótbermins usan tecnología de punta para el mismo propósito: un audífono manos libres inalámbrico (Francisco) y unos lentes de pasta gruesa (Friedrich).

—Ahora entréguennos la enciclopedia, regresamos a nuestro hogar y cada quien sigue su vida —expresa Abihu.

—No podemos. El resto del grupo que nos emboscó tiene el libro junto con la pequeña Akuris; el líder de estos… sujetos se las llevó a su guarida secreta —informa Nhómn Beleg, señalando los cadáveres de los bandidos.

—¿Pequeña Akuris? —inquiere Fiorello.

—Es la írebmin que quería asesinar a este éphimit rebelde —dice Lindalë muy molesta, mirando a Édznah.

Hay unos momentos de silencio, hasta que varias miradas caen sobre Ricardo.

—¿Qué hacemos David? —le pregunta Friedrich al muchacho.

—¿Por qué le preguntas al jovenzuelo? —inquiere Nhómn, confundido.

—Porque él es el capo —responde Fiorello.

Los tres faipfems se quedan perplejos.



ElGitanoBlanco

Editado: 20.01.2020

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