Libro 3: Dos viajeros inoportunos son las piezas clave

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Capítulo 63 “Salvado por una sombra emplumada”

—Lo… lo siento Sophi —dice David levantándose de la silla, reuniendo las fuerzas necesarias para mantenerse calmado por fuera—; me tengo que ir. Mis amigos me esperan. No me interesa saber nada de este tal amo.

Trata de encaminarse a la puerta para salir, pero Sophi se levanta rápidamente y le toma de la mano.

—Pero te quiero a ti. Por favor, quédate —le suplica ella con los ojos húmedos.

—Lo lamento Sophi; ere… eres muy bella, pero apenas te conozco y nuestro primer encuentro no fue muy agradable —dice Ricardo, sudando y quitándose un nudo de la garganta—. No me interesas. Adios.

Impactada por esas palabras, Sophi suelta a David, permitiéndole salir del salón de los tronos.

—Muy bien. Ese muchacho solo hubiera causado problemas; ni siquiera servía para convertirlo en un nuevo sirvo mio —dice Réum Slee en voz baja, atrás de la puerta de al lado, atenta a los sucesos del salón contiguo gracias al portal del caballero dorado.

—Pero, ¿cómo esto nos beneficiará a nosotros? —inquiere Aris, indiferente a los sentimientos de  su hermana.

—Solo observen y véanlo por ustedes mismas —dice Élmer Homero, sin quitar la vista del portal; ambas mujeres dirigen su atención al mismo lugar.

Devastada, Sophi cae de rodillas y empieza a llorar. Coloca sus manos sobre su pecho, tratando de mantener unida la poca esencia pura de su ser, pero el dolor es demasiado. Esa poca pureza se hace trizas, siendo reemplazada con odio y maldad. Exteriormente, de los ojos de Sophi comienzan a brotar lágrimas negras. Segundos después, de todo su cuerpo empieza a emanar un vapor espeso negro, cubriéndola completamente; su cara triste cambia por una enojada.

Mientras tanto, David camina rápidamente por el pasillo, escuchando una voz en su mente.

«¡Ben fatto capo!», lo felicita Fiorello, dándole las siguientes indicaciones; «ahora venga al bosque a reunirse con nosotros y el ejército».

«¿No van a venir por mí?», pregunta nervioso Ricardo con su pensamiento.

«Pues… nuestros dioses no nos lo…», en medio de la explicación, Abihu interrumpe la conversación, gritando mentalmente.

«¡Cuidado jefe!».         

Un segundo después, una explosión derriba las puertas del salón de los tronos. David no alcanza a voltear completamente, cuando recibe el golpe de la explosión de energía. Con algo de dificultad, David logra levantarse, mirando hacia la entrada del salón de los tronos; cuando la polvareda se disipa, observa a Sophi parada al final del pasillo.

Ella está muy enojada y se ha cambiado de ropas. Ahora su cuerpo casi está cubierto con una armadura negra de placas, dejando parte de las piernas y parte de los brazos al descubierto. En su cabeza luce una especie de diadema, que incluye cuatro cuernos de demonio. Sus manos están cubiertas con guanteletes, los cuales tienen incluidos un filoso y largo katar en la zona de los nudillos; cada arma mortal, está compuesta por dos hojas afiladas triangulares, un poco separadas entre sí. En las zonas al descubierto en los brazos de Sophi, se nota claramente que su piel cambia de color; de un tono trigueño (de los codos para arriba) a un color negro absoluto (de los codos a sus manos).

—¡Maldita basura! —exclama Sophi, furiosa—. ¡Ahora prepárate para morir!

 Al instante siguiente, Sophi invoca sus alas de plumas negras, las cuales emergen de su espalda. Se eleva pocos centímetros en el aire, volando directamente hacia David, dirigiendo sus katars hacia él. Actuando rápido, Ricardo hace brotar una pared de hielo que cubre todo el pasillo. A salvo, el muchacho corre el trecho que falta, llegando al final de las escaleras principales del recibidor. Baja a toda prisa los escalones, pero Sophi logra derribar una de las paredes al lado del pasillo, llegando en un santiamén al recibidor y al frente del joven humano.

Sus manos ya no tienen los guanteletes, mostrando un par de puños.

—Te doy mi amor, ¿y lo desprecias? Eres un gusano asqueroso al igual que todos los hombres; aunque sea, el amo sabe cuidarnos —dice Sophi, enojada, acercándose paso a paso con Ricardo. Sus manos negras son envueltas con humo del mismo color; segundos después el humo se disipa, apareciendo los dos guanteletes con los katars incluidos—. ¡Muere! —grita ella tratando de cortarle la cabeza al muchacho.

Antes de que logre hacerlo, David logra detener el brazo de la atacante. Sophi se percata de esto, e intenta clavarle el otro katar en el pecho, pero nuevamente Ricardo detiene las hojas puntiagudas y afiladas con su propia mano. La qumkso se queda sorprendida por esto, notando que las manos del humano están recubiertas con una delgada capa de hielo; segundos después, todo el cuerpo de Ricardo se cubre de finas arenas que brotan del suelo, endureciéndose las mismas en segundos. Sophi se asusta y trata de alejarse; hace desaparecer sus guanteletes, consiguiendo dar varios pasos hacia atrás; mira asombrada todo el tiempo el cuerpo del humano.

La arena especial de Ricardo se desbarata al segundo siguiente, dejando al descubierto su apariencia de protector: armadura completa de placas (excepto el yelmo) de color azuloso con vetas café claro; las orillas de algunas piezas son de color blanco, al igual que una capa en su espalda. De sus ojos completamente azules muy claro y la propia armadura emana un vapor muy denso, el cual cae directamente al suelo, donde se disipa completamente.



ElGitanoBlanco

Editado: 03.11.2019

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