Licantropía

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CAPITULO 30: Prayer Of The Refugee/ Rise Against

     El camino se empieza a volver silencioso con forme nos acercamos a la oficina. Dieter está incomodandose. No puedo negar que yo también desearía no llegar ahí, no tener que cambiar de auto, no quiero regresar a esa casa del infierno, pero al parecer no tengo otra opción si quiero que esto salga bien. Llegamos al edificio y Dieter voltea a verme con incertidumbre, reflexivo, aprieta la palanca de velocidades con fuerza y nervioso mientras sus ojos me ven con miedo.

-Aún podemos huir si así lo pides... Si me dices que nos larguemos de aquí y busquemos otra vida en otro país... (Sus ojos reflejan el anhelo por qué mí respuesta sea lo que sus oídos quieren escuchar, lamento desilusionarlo)

-No puedo Dieter... (Mi corazón se parte y mí mírala lo expresa, en verdad me gustaría poder escapar de todo, pero aprendí que ese no es mi estilo)

     Recarga su cabeza apesadumbrado sobre el respando de su asiento, respira profundamente y después de agarrar valor decide abrir su puerta. Lo veo a través del parabrisas como rodea el carro hasta pararse afuera de mi puerta. La abre y me ofrece su mano para salir. En cuanto estoy frente a él nuestras miradas se encuentran, sus ojos expresan preocupación y lo entiendo, regreso a la boca del lobo, a esa casa maldita donde mi vida corre riesgo cada segundo. En eso escuchamos como un carro se estaciona a unos pocos metros de distancia, es el auto de Armand, lo veo salir de el, altivo, presuntuoso y elegante, sus cabellos rubios los tiene recogidos en una cola de caballo baja. Camina hacía nosotros de manera arrogante, viste un traje negro con camisa negra y corbata negra, dándole a su piel un tono mucho más pálido. Cuando llega frente a nosotros sonríe, saluda a Dieter y dirige su mano hacía mí. Volteo a ver a Dieter, sus ojos se vuelven suplicantes, tomo su mano dándole un apretón cariñoso para después soltarlo y tomar la de Armand. De esa forma le damos la espalda a Dieter mientras caminamos hacía el carro de Armand, siento la mirada de mí lobo clavada en mi espalda, cuando llegamos al carro de Armand no dudo dos veces en voltear hacía Dieter y verlo significativamente antes de entrar al auto. 

//Desde los ojos de Armand//

     El camino hacía la casa es en silencio, ella simplemente está absorta viendo por la ventana. Me rompe el corazón verla triste, pero me destroza aún más que sea por culpa de Dieter. En verdad como me encantaría que ese maldito perro se muriera, así podría quedarme con Brooke, pero también entiendo que no soportaría verla destrozada llorando por él. Supongo que lo sano es aceptar que ella le pertenece a él y que yo no figuro para nada en su vida. 

     Cuando bajamos alcanzo a oler un aroma en especial, no tengo el mismo olfato que un lobo, pero es más agudo que el de un humano. Esta esencia que se apodera de mi nariz solo puede ser de una persona, Lucy. Entramos a la casa y acompaño a Brooke a su habitación sin decirle nada, cuando llegamos ella empieza a deshacerse de los tacones y la mascada, yo me quedo en el marco de la puerta admirando su belleza. Entro al cuarto y saco una navaja del cinturón, ella la ve sin miedo y después sus ojos se posan en los míos.

-¿Es hora de intercambiar sangre? (Me dice viendome fijamente)

     Sin dejar de verla a los ojos corto mi muñeca de una sola intención y la acerco hacía ella mientras que con la otra mano tomo la suya, levantandola hacía mí boca. Siento en mis labios el pulso en su muñeca bajo su piel y de repente siento como ella toma mí muñeca con ambas manos y empieza a beber de ella, así que yo hago lo mismo, encajo mis colmillos y su sangre empieza a brotar, llenando mi boca, tiene un sabor único, jamás había probado algo igual, es difícil de explicar, me genera una sensación extraña. De hecho desde qué la conocí generó algo en mí que no se cómo expresar.

     Su piel, su aroma son demasiado llamativos, me atraen, me llaman, generan en mi una necesidad de tenerla cerca, no sé si eso sea enamorarse, sinceramente, solo se que quiero estar cerca de ella. Cuando terminamos de beber, ella limpia su boca con desagrado, se siente sucia, no le gusta tener que hacer esto, pero no pienso arriesgarme a que muera. Limpio mi boca con mis dedos mientras ella abraza su muñeca adolorida.

-Recuerda que tienes que echar llave a tu habitación en cuanto salga (la veo fijamente a los ojos y ella imprime seriedad en su mirada)

-Si, lo entiendo...

     Me alejo y salgo por la puerta, lleno de su escencia, cuando bebo de su sangre una sensación de confort me invade, pero curiosamente regreso a ser yo, la necesidad de estar con ella disminuye, como si el simple hecho de beber su sangre fuera suficiente, fuera lo único que necesito de ella, no... No puede ser, no lo creo, la necesito a ella, a ella completa, necesito su presencia, no solo su sangre o por lo menos eso me repito una y otra vez mientras camino por el pasillo. 

     Cuando llego al pie de las escaleras, respiró profundamente, tratando de encontrar de nuevo el aroma de Lucy y vuelve a llenar mi nariz. Ella está en la casa, ¿La habrá capturado Elizabeth?. Bajo las escaleras y sigo el camino que deja su aroma, sigo por el pasillo de la derecha, directo a la biblioteca, cuando entro la mirada inquisitiva de Clarice se clava en mí desde su retrato. Sigo hacía el librero que lleva hasta su lecho, lo activo y bajo por las escaleras, el aroma de Lucy se vuelve cada vez más fuerte y penetrante. Cuando llego a los pies del ataúd de Lucy, los vampiros que la custodian me ven con curiosidad.

-¿Dónde está Lucy? (Los volteó a ver de forma altanera)

-¿Lucy? ¿Se refiere a la mujer rubia? (Me pregunta Manu, un vampiro delgado de cabello negro y corto)

-Si, ella... (Lo veo fijamente a los ojos)



Sathara

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En el texto hay: vampiros, brujas, hombres lobo y mates

Editado: 21.11.2019

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