Lima Y Limón

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Miradas

LIMA

Miradas.

Compartimos miradas.

Yo, desde el pasillo frente a su puerta y él, desde su piso. Nuestros ojos marrones no se separan, prácticamente parece que estamos unidos por un hilo que no podemos dejar de estirar. 

Sí, estoy aquí.

No quería que esto terminase así, porque en el fondo tenía mucho miedo de que pasara algo, de que realmente él pensara en poner punto y final a nuestra pequeña historia. Pero en vez de echarme, se queda ahí, de pie, mirándome. Parece que pasan minutos, eternos minutos. Pero entonces, él toma la iniciativa.

Se acerca a mí y me besa, un beso lleno de necesidad, un beso que diría lo mucho que me ama. Yo simplemente estoy aquí, queriendo tocarlo y decirle que lo siento. Pero eso último parece que a él no le interesa, porque de pronto me agarra de las piernas y las acerca a sus caderas rápidamente, haciendo que yo entrelace mis piernas sobre su cuerpo.

Tras cerrar la puerta, él se dirige a su habitación conmigo entre sus brazos y me acuesta en su cama, con delicadeza. Un olor familiar inunda mis fosas nasales y mis mejillas se sonrojan, al igual que los suyos cuando frena el beso y me mira con amor.

—Quiero hacerte el amor, Lima.

Su frase hace que mi corazón frene y me quede sorprendida. Yo asiento lentamente con una sonrisa en la cara. Lo vuelvo a acercar a mí, para besarlo y de nuevo susurra a milímetros de mí lo siguiente;

—Perdóname por lo que hice hace unos minutos en la calle. Estaba enfadado y...

—Cállate anda. —lo corto, para volverlo a besar.

Limón, poco a poco, va retirando mi ropa al suelo. Esa ropa de chica dura, como suele decirme él a veces y que tanto me gusta. Entonces, yo retiro su ropa de pijo al suelo, para acompañar mi otra ropa.

—Es tu primera vez, ¿verdad Limón? —pregunto casi en un susurro.

—S-si... —responde con timidez.

Entonces, yo tomo la iniciativa y me siento encima de él. Su vista no se aparta de la mía y yo lentamente me voy moviendo sobre Limón. Un rubor aparece cada vez más fuerte en sus mejillas y tras esos ojos tímidos que tiene mi chico, le sonrío y lo beso.

Hacemos el amor, en esta habitación a oscuras, con una suave luz que entra por la ventana. Nos damos amor, nos demostramos lo que sentimos y él no parece querer que me separe de su cuerpo desnudo, abrazándome fuertemente, sintiéndonos uno. Esta habitación cada vez se hace más pequeña para nosotros y el frío que hay fuera no se siente aquí dentro.

Porque me siento cómoda entre sus brazos.

—Mi chico ya no es tan inocente como yo creía —susurro sin aliento.

—Y mi chica es tan perfecta como yo imaginaba.



Patri García

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En el texto hay: juvenil, amor, instituto

Editado: 11.06.2019

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