Lima Y Limón

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Cruda

LIMÓN

Cruda.

    Así es la vida. Muy cruda.

    Solo falta dos minutos para salir de clase y ella no está. No está a mi lado como siempre lo ha hecho de aquí para atrás en estos dos meses. Dos meses que han sido los mejores de mi vida.

Hasta ahora.

    Cada día que pasa, hace que piense más en ella. Que llore mucho más por ella. Ni siquiera sé cómo me puedo mantener aquí, en esta clase. Se han metido conmigo varias veces, pero me da igual. Sin ella nada es lo mismo. Yo no soy el mismo.

    Cuando las clases terminan, me dirijo a mi casa. Y durante el camino, algo me viene en mente. No pienso dejar que mi propia madre me joda la vida. No pienso dejar que ella siga haciéndome esto. Porque es mi vida y debo vivirla al máximo. Y si la vivo al máximo con la persona a la que amo, es lo más perfecto que hay. Frente a mi edificio, observo el suyo. La luz de la habitación está encendida.

Ella está ahí.

    No pienso dejar que esto siga así, no pienso dejar esto atrás. Esto no es un amor pasajero. Esto es real, tan real como la vida.

    Camino recto hacia su edificio, y haciendo lo mismo que hice la otra vez, subo las escaleras, entrando en el edificio y llego a su puerta. Al tocar, no sé qué mierdas le diré. Solo sé que quiero besarla y estar a su lado, siempre. Para siempre.

    Varios pasos se escuchan tras la puerta y al abrirla, la descubro a ella, dándome un vuelco al corazón y latiendo de nuevo después de tres días. Está con su pijama de Winnie the Pooh, con los ojos rojos e hinchados de tanto llorar y una cara de asombro al verme. Está ahí, tan hermosa como siempre, aunque odio verla así, triste. Pero es una viva imagen de cómo estoy yo. De lo horrible que han sido estos días. De que no hacía falta llegar a esto. Sus ojos marrones ahora brillantes por la llantina, no se apartan de los míos cansados e igual de hinchados por todas las lágrimas que he sacado por ella.

—Liam...

—Me gusta más cuando me llamas Limón. Tu forma única de decirlo no lo ha hecho nadie y eso es una de las millones de cosas que amo de ti.

—No deberías estar aquí. —su forma fría de decírmelo hace que el miedo se incremente aún más en mi cuerpo.

    Pero no me voy a echar para atrás.

Nunca con ella.

—Nunca podré separarme de ti.

—Es lo mejor, y lo sabes.

—No. No lo sé. —le respondo, acercándome a ella peligrosamente, queriendo sentir su suavidad sobre la mía y decirle cuanto la amo, cada noche, cada día...

    Ella cierra los ojos con fuerza y respira hondo, como preparándose mentalmente para algo. Pone su mano sobre su estómago y luego sus ojos son más tristes que antes.

—Liam...

—Dime, mi vida.

    Su respuesta tarda en llegar. Hasta que la triste realidad se estampa en mi cara.

—Estoy enferma...

Me quedo callado un rato y el color de mi cara desaparece.

    ¿Está... está enferma?

    ¿Por... porqué no me lo dijo?

—¿Q-qué...?

—Tengo una enfermedad del estómago.

—¿Desde cuándo hace eso? —le pregunto preocupado, entendiendo sus problemas de estómago todo este tiempo.

—Hace años... pero se ha agravado. Por... por eso no puedes estar conmigo. Porque no sé cuánto me queda de vida y mereces a alguien con quien pasar la tuya.

—P-pero... pero... Lima, por favor no me digas que... —ni siquiera puedo decir la palabra.

—¿Puedo morir? Todos lo haremos en un momento a otro...

—Lima, ¿por qué no me lo habías dicho? ¿Por qué?

—Vete, por favor...

—No, no lo pienso a hacer. Pienso quedarme contigo, porque te amo.

Intento acercarme a ella para abrazarla, pero ella me esquiva.

—Me van a operar.

—Estaré a tu lado, antes y después de la operación. Y siempre.

—Lo que dijo tu madre, tal vez sea cosa del destino. Tal vez no estemos destinados a estar juntos.



Patri García

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En el texto hay: juvenil, amor, instituto

Editado: 11.06.2019

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