Linaje

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Capítulo 23

Bolt.

Para: Natalie Gabriela Torres Florean.

10 Marzo, 2002.

Nos perdimos muchas cosas por probar de más y nos seguiremos perdiendo esas cosas si seguimos, de hecho, yo ya no seguiré.

Tome esta decisión porque lo creí correcto, creí correcto no seguir sufriendo o seguir lamentando mi existencia y de lo que va hacer de ella en unos meses. Para mí esto tampoco es fácil, porque sé que voy a dejar a unos gilipollas llorones de mami y papi solos que no podrán ni con sus mismos traseros.

Mi amiga, mi confidente, mi hermana de otra sangre. Sé que dirán de mí que soy una cobarde y egoísta, pero creo que esta fue la decisión más valiente que he tomado en mi corta vida y fue algo que yo misma decidí… yo misma pensé que hacer con mi vida, o lo que queda de ella al menos.

Natalie, no puedo decirte ni pedirte que me perdones, pero tampoco puedo dejarte con todo ese rencor que tienes guardado dentro de ti, más sabiendo que ese rencor fue provocado por tus mismos hermanos. Por eso me estoy despidiendo de esta manera, por eso dejo esta carta en nuestra guarida.

Yo ya me encargue de Toni y Ron, se que ellos lo manejaran como ellos pueden y sé que tu también lo harás. Pero eso es lo que me preocupa y tengo miedo de todo eso. Quisiera decirte tantas cosas, pero ni la carta más larga del mundo alcanzara para hacerlo.

Me voy sabiendo que tuve amigos tan increíbles como ustedes, por eso atesoren cada momento que pasaron conmigo y lo guarden en sus corazones, como un tesoro que solo ustedes tendrán una vez en la vida. Así el dolor será más pasajero, y cuando lleguen a su destino, se despedirán de él como un bonito recuerdo en su recorrido en sus vidas.

No te culpes por mi partida, no me llores por mí muerte. Recuerda esta frase: “No mueren los que se van, mueren aquellos que son olvidados”. Por ello, quiero pedirte algo y esto si lo tienes que cumplir.

Haz que tu vida valga la pena. Vive por mí y por ti, vive por ambas, vive para que tengas una vida que yo solo tuve en mis más grandes y profundos sueños.

Con amor fraternal me despido de mi única y mejor amiga.

Tú hermana sin linaje.

Lola.

La despedida la dejo en una carta, en una carta que después de 5 años es abierta para ver su contenido. Natalie me pidió que la leyera, ya que decía que ella no tenía el valor para hacerlo, no lo ha tenido por 5 largos años que debieron de ser para ella. Por eso me la dio para que la leyera para ella, paro no sentirse sola.

Las palabras de su amiga son sinceras y llena de promesa de vida, una promesa que Natalie tiene que cumplir. Ese es mi propósito desde que la vi tan indefensa en mis brazos.

Ahora solo se mantiene con la vista fija perdida al frente, no mira nada en especial, solo piensa y trata de calmar su tormentosa y loca mente que tiene. Ha estado así desde hace mas de una hora, en donde tampoco le he preguntada nada y ella tampoco ha querido decir algo al respecto. Tal vez quiere que diga las primeras palabras, pero no sería correcto.

La carta que la he leído una y otra vez, la que le dejo su amiga a Dora, es corta, pero precisa y con algunas cosas que ella debería de entender y hacer por sí misma, si quiere avanzar en su vida.

Y pensar que todos decían que su amiga había muerto por una sobredosis, como su hermana también me lo menciono. Pero aquí está la verdadera muerte de Lola, la cual fue que ella misma se quito su propia vida.

─ No lo hacía, ya no lo hacía desde un tiempo atrás. – la voz de Dora es baja, tratando de que solo yo escuche. – Lola nunca quiso lo que era, ella nunca tomaba sus propias decisiones, su madre lo hacía por ella. Tomo su decisión y para ella estaba bien.

─ No te culpa, – le dejo la carta en su regazo, igual que como ella me la entrego – eso es lo que te preocupaba, ¿No es cierto?

Abre la carta despacio, esperando que mi lectura sea verdad, ya que sus ojos se mueven por la hoja con lentitud, detallando cada letra, cada palabra escrita por su única amiga. Yo solo la detallo, como su cuerpo no esta tan rígido y a la defensiva cada vez que estaba cerca de ella, de hecho sus defensas están bajas.

─ Resulto ser lo que yo pensaba después de todo. – una sonrisa triste aparece en su rostro. – Ella jamás me culpo… no sintió tristeza al tomar ese rumbo en su vida. Su enfermedad la consumía poco a poco, estaba sufriendo.

─ ¿Qué tenía? – pregunto tentando el terreno.

─ Cáncer terminal en los ovarios. Nació en una familia de pocos recursos, a decir verdad, solo era ella y su madre, solo se tenían una a la otra, pero eso no era del todo cierto. Su madre, Amelia, solo veía a Lola como una carga, un error que cometió con un hombre que solo jugó con su corazón. Odiaba a su propia hija de una manera horrible, al punto que cuando tubo la edad suficiente, la empezó a prostituir con hombres ricos y de poder. Era solo una niña indefensa, con sueños de ser una gran mujer y tener su propia familia, una que de verdad la amara y atesorara. – Natalie recuesta la cabeza en el asiento del auto, donde se queda mirando el techo con ojos vidriosos – Después de que Lola supiera de su condición por unos exámenes médicos que le pidieron para ingresar al equipo de futbol femenino de la escuela, todo cambio. En ese entonces tenía poco tiempo de conocerla, pero nos habíamos hecho grandes amigas, de esas que si caes, ella también lo hace para levantarte contigo. Yo sabía lo que la gente decía de ella, de lo que era y lo que su madre alguna vez fue, pero eso no me importo para acercarme y formar un lazo. – vuelve a enfocar su vista al frente – En los últimos meses todo empeoro, su vitalidad, su energía… ya no era la misma chica que conocí. No dormía, ni comía, muy poco salía en el día y cuando lo hacía, solo era en los días lluviosos.



CRIF

Editado: 17.11.2019

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