Linaje Negro: Destino (serie Linajes)

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Capítulo 3

El dolor de cabeza que empezó anoche, una vez que logré regresar sana y salva a casa después de semejante encuentro, no ha disminuido desde entonces. He trabajado con la molestia y aunque he dado el máximo, y apenas es medio día, ya me siento a punto de caer rendida.

Una vez logré cruzar la puerta de la cocina, grité a más no poder. Mis tíos y mi prima bajaron rápidamente y fue el tío quien tuvo que sacudirme varias veces para que no despertara a todo el pueblo con mis alaridos y pudiera contar qué me sucedió.

Luego de la cuarta sacudida, por fin pude balbucear lo que había pasado y cuál fue mi sorpresa al ver la ausencia de ésta en los rostros de mi familia.

Ya sabían que había lobos.

Según mi tío, los habían visto desde hace unos pocos meses deambulando en las cercanías al pueblo, especialmente en el bosque. Lo que sí le pareció muy extraño fue que se acercaran tanto a nuestros terrenos y más importante aún, que no me hubieran atacado.

Gracias tío, me reconforta tu preocupación por mi bienestar.

Así que sólo me dijo que tuviera más cuidado y que enviaría a los chicos a verificar los alrededores, así como que tendría más gente cuidando de los animales por si los lobos se acercaron a nuestras tierras por comida. Y, luego me enviaron a dormir, así, sin más. Como si no acabara de tener una experiencia traumática con dos lobos que posiblemente pudieron comerme.

Al entrar a mi cuarto busqué en la página de noticias locales sobre ataques de lobos y no encontré ninguno en nuestra área, ni siquiera habían visto un lobo en más de cien años en estos terrenos, y no pensaron verlos nunca más hasta hace poco, nuestra región no suele ser su hábitat natural con los extremos cambios de clima, de frío a caliente y de caliente a extremadamente húmedo. Cerca de la una de la madrugada y después de indagar un poco sobre lobos en mis terrenos, decidí irme a dormir, para entonces tener horribles pesadillas de lobos enormes viniendo a mi habitación donde acababan conmigo.

Lo peor, fue tan real cada una de sus mordidas que esta mañana desperté con una dolorosa sensación en cada lugar en el que soñé ellos enterraban sus enormes dientes. Estoy demasiado sugestionada con estos animales y se me hace increíble que sólo hasta ahora descubriera que les tengo pavor.

Una veterinaria que le tiene fobia a los lobos, pero no a los perros.

Bueno, algo es algo. Sería terrible que les temiera a los perros, no podría desempeñar bien mi profesión ya que los caninos son unos de nuestros pacientes más regulares. Tomando una nueva pastilla para el dolor de cabeza, decido tomar una pequeña siesta en la sala de descanso que casi no usamos. Probablemente el dolor de cabeza se deba a la falta de sueño.

Estoy a punto de dormir cuando:

­­—¡Soy el Lobo Feroz! ¡El Lobo Feroz! ¡Yo soy, Auuuuuuuuuu!

—Eres tan ridícula —murmuro sin abrir mis ojos. Escucho la risa tonta de Bea y me volteo en la camilla para darle la espalda.

—No tan ridícula como cierta persona, de la cual no diré su nombre, —La muy estúpida tose y dice mi nombre—, que vio a un lobito y salió corriendo gritando como loca y despertando a medio mundo.

Gruño y me levanto, fulminando a mi prima con una feroz mirada.

—No fue un lobito¸ tonta, eran dos grandes y feroces lobos que querían comerme.

—Que convencida eres, si hubieran querido comerte lo hubieran hecho de una vez, pero no, dijiste que sólo se sentaron a verte, yo creo que estaban sorprendidos de lo fea y tonta que eres. Probablemente estaban estudiando tu ridículo comportamiento y entretenidos por ello.

—¿Tú realmente escuchas bien lo que dices? ¿Si quiera piensas antes de hablar? —Niego y busco una botella de agua en el dispensador.

—Por supuesto, todo lo que sale de mi boca es procesado adecuadamente por mi ingeniosa mente. —Levanto una ceja en su dirección y se ríe—. Cambiando de tema, ¿adivina quien está en la clínica en estos momentos?

—Puaj, Bea, si yo fuera adivina estaría chapada en oro.

—Te daré una pista, es alto, demasiado pomposo que lo hace feo a pesar de su muy apretado y sensual trasero y siempre ha estado haciéndote la vida imposible desde que te negaste a ir en una cita con él cuando teníamos dieciséis años.

¡Ay no!

Prefiero mil veces encontrarme nuevamente con otro lobo que con…

—Bien, por tu expresión congelada y conmocionada imagino que ya adivinaste. Vladimir Sorrento está en la recepción.



Maleja Arenas

Editado: 18.07.2019

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