Linaje Negro: Destino (serie Linajes)

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Capítulo 9

—Vladimir, no puedo. Mi tío se ocupará de visitar tu rancho.

—Pero yo te quiero es a ti, no tu tío.

—Mi tío tiene mucha más experiencia que yo, así que, dado la importancia de ustedes para nosotros, mi tío, que es el mejor veterinario del pueblo, se encargará personalmente de tus sementales.

Sé, por la forma en la que aprieta su mandíbula, que está muy molesto por mi negativa. Vladimir es un maldito niño caprichoso en un cuerpo de hombre que le restriega su gran chequera a todo el mudo.

—La última vez tú atendiste a nuestros ejemplares, y quedamos más que satisfechos. Los animales se sintieron cómodos contigo, exponerlos a un nuevo veterinario les generará estrés.

Ruedo los ojos mentalmente y le dirijo una falsa sonrisa a Vladimir.

—Ya te lo dije, no puedo. Tengo programadas otras consultas y debo llevar unos casos que me competen a mí nada más.

Eso es parcialmente cierto. En realidad, no tengo tantas consultas hoy, pero si tengo la oportunidad de evitar poner un pie en propiedad de los Sorrento, la tomaré con los brazos abiertos.

Vladimir ve que realmente no voy a ceder. Gruñe y me envía una mirada amenazante, barre sus ojos de arriba abajo, como preguntándose porque un bicho insignificante como yo se niega a cumplir con sus deseos.

Aprende a tolerar la frustración, mi amigo.

—Te pido me disculpes, debo seguir trabajando. —Le sonrío, tomo los informes del mostrador para regresar a mi consultorio, pero su mano en mi codo me detiene.

—Vamos a cenar. Hoy.

Eso no es una pregunta, por supuesto que no, Vladimir cree que él puede abrir su boca y todo el mundo correrá a hacer lo que él pide sólo por llevar el apellido Sorrento.

—No.

—¿Qué? ¿Por qué no?

Aparto mi brazo de su agarre y lo enfrento. —Porque no me gusta salir con los dueños de mis pacientes.

—Técnicamente, mis padres son los dueños. Así que no veo el porqué no puedas cenar conmigo. —Sonríe petulantemente y con la confianza de que voy a decir que sí.

—Tienes un punto ahí, sin embargo, no quiero salir contigo.

Resopla y se pega a mí, tengo que dar un paso atrás para poder mirarlo a la cara.

—Sí quieres, sé que te gusto. No te hagas la dura, Aryam. —Nos señala a ambos y vuelve a sonreír—. Tú y yo, está destinado a pasar.

¿Destinado a pasar? ¡Ja!

Petulante, pretencioso, canalla, mimado e imbécil.

—Vladimir —Tomo una respiración profunda para no dejar que mi mal carácter haga presencia aquí en la clínica y frente a todos nuestros clientes—, dejemos algo muy claro. No quiero salir contigo, no me gustas y no estoy interesada en que suceda algo entre tú y yo… —Imito su movimiento anterior—, por mucho que el destino, las estrellas y todo el universo lo quiera. ¿Estamos?

Le guiño un ojo y lo dejo de pie en la recepción de la clínica, sorprendido y ofendido. Sé que esto no se quedará así, Vladimir nunca permite que los demás tengan la última palabra, y mucho menos que no acepten sus deseos.

Tal vez me dejará en paz por unas pocas semanas, mientras su orgullo se recupera de mi rechazo. Pero, según experiencias pasados, volverá a insistir.

Dios, de verdad que sé ganármelos.

Primero Aaron y ahora Vladimir. ¿Por qué los hombres creen que estamos obligadas a corresponder sus sentimientos e intenciones? Yo puedo gustarle, pero eso no quiere decir que a mí también tienen que gustarme.

—El bebé va a ir corriendo a buscar las enaguas de sus papis —bromea John, alcanzándome camino a mi consultorio.

—No me importa. Sé que mi tío los pondrá en su lugar. No estoy obligada a salir con él sólo porque sus padres atienden a todos sus animales aquí. Si no les gusta, que llamen a alguien de la ciudad. Al final, son los más ricos y pudientes del pueblo, pueden contratar a quien quieran.

—Es una pena que un hombre tan apuesto sea tan idiota.

—Lo de idiota era de esperarse, con esos antecedentes familiares es lo más lógico. Lo apuesto… creo que fue suerte.

—¡Ary! —exclama John en medio de una risa—. Eres mala.

Me encojo de hombros y sonrío. —Bien, dejemos que Vladimir vaya a lamer sus heridas; ahora, tráeme a mis pacientes, por favor.



Maleja Arenas

Editado: 18.07.2019

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