LÍnea De Vida

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CAPÍTULO VIII

 

De nuevo, di todo de mí, cuando le pedí la segunda oportunidad y él aceptó. De nuevo fui todo eso que siempre fui, pero con más fuerza, en pocas palabras fui la esposa perfecta, tan perfecta que ignore aquella mancha de pintura de labios en su camisa del trabajo, tan perfecta que casi aguante golpes, tan perfecta que pensaba que los gritos y los insultos eran de amor. 
 
En las noches él parecía un perro en jaula. Mi cuerpo, aunque no lo decía, se veía le daba asco, ya ni siquiera me tocaba cuando yo sé lo pedía. En mi mente solo repetía que debía aguantar, tenía que resistir para que eso que tuvimos los primeros meses cobrará fuerzas y me devolviera el amor por él. Nada fue igual, su amor lo había perdido para siempre. 
 
Recuerdo aquella última vez perfectamente. Le pedí el favor a mis hermanos de llevarlo al aeropuerto porque el pasaría las fiestas de Navidad  en su país. Fuimos todos a despedirlo, las cosas andaban mal, pero fui tan ingenua que nunca imagine  sus planes. 
 
Me dijo que estaba contento porque ya quería ver a su familia y a sus amigos, según él lamentaba no tener el dinero para llevarme. Mentira, todo ese teatro fue una mentira. 
 
Se fue con muchos regalos, más de lo que una persona pobre podría llevar. 
 
Cumpliríamos un año de matrimonio y de nuevo mi salud no era la más perfecta, pero eso no le importo, se fue porque ya tenía todo planeado desde tiempo atrás y no perdería su dinero y tiempo por mí.  
 
Ahora entiendo que fui muy ingenua, pero el amor ciega y eso nadie lo puede negar. 
 
Las fiestas llegaron y con ellas solo un mensaje de felicitación para mí, no le importo saber que tres noches antes yo había pasado internada por una taquicardia que casi se vuelve fatal, no le importo nada, solo mando un: 
 
 ”Felicidades Anita" 
 
¡Ja!, que fría puede ser la gente en ocasiones. En ese momento algo en mi despertó y me permitió ver por primera vez mi error. 
 
Él dijo que regresaría en enero y yo ya tenía pensado el paso que tenía que dar para intentar ser feliz, pero esta vez sola, ya mucho tenía que aguantar con mi enfermedad como para tener que aguantar a otra persona fría. El desamor no entraba en mi lista de prioridades, pero él me gano la jugada y me sorprendió para mal. Logrando que por fin conociera al verdadero Adalberto. 
 
El hombre más miserable y cruel de este mundo, lástima que mis hermanos, aquellos que llame celosos tuvieran la razón siempre, eso también me dolió, pero no dije nada. 
 
Llego febrero y nada supe de él, de su trabajo llamaban para preguntar si le había pasado algo, yo solo decía que sí, que por favor le tuvieran paciencia. Si, así de "buena" era. 
 
Aunque yo me quede con su celular nunca viole su privacidad, siempre respete sus espacios y sabía que ese objeto era eso. Pero un día, uno donde le llame y como siempre nadie contestó, decidí entrar a su chat para preguntarle si estaba bien, si le había pasado algo, ya que siempre empleaba el correo para hablar con sus amigos, lo que encontré solo sirvió para abrir más mi pobre corazón. 
 
Encontré aquello que nunca pasó por mi mente, afortunadamente estaba sola en mi casa y nadie pudo ver mi sufrimiento hasta tiempo después.  
 
Los mensajes eran claros, más que cualquier otra cosa, eran mensajes de amor, como los que él me mandaba al inicio de nuestro noviazgo, cada mensaje iba acompañado de muchas lágrimas, de mucho dolor y de una impotencia que solo creció a medida que leía sus palabras. 
 
Siempre imaginé que de un tiempo acá le daba asco mi cuerpo, pero en esos mensajes me di cuenta que no era así, que siempre había sentido repulsión por mí, decía que cada que tenía sexo conmigo era como estar con un animal, decía que ni siquiera él sabía cómo era que podía lograr una erección. 
 
También leí muchas otras cosas igual de dañinas que la anterior. Para mi sorpresa, doble sorpresa, los mensajes no eran de un tiempo para acá, nacían desde el día que nos conocimos. 
 
Todo ese tiempo él había fingido y según los mensajes era para poder ganar dinero trabajando en mi país. Aquel hombre era el amor de su vida, no yo. Lo más irónico fue que lo conocí durante mi viaje y se me hizo la persona más amable del mundo.  
 
Que tonta fui, me casé con un gay sin saber nada, en esos momentos las palabras de su ex mujer me vinieron a la mente "él no es lo que parece" no entiendo porque no fue más clara conmigo, porque tuve que vivir todo para poder darle significado a esa oración. 
 
Efectivamente mi esposo era un ser repugnante y como él decía ahora solo me daba asco recordar su cuerpo, su olor y todo aquello que antes me enamoro. Ahora solo sentía pena, porque tuvo que prostituirse para poder tener dinero. También me dio lástima porque el dinero no lo es todo. 
 
El día de mi cumpleaños por fin llamo, por fin tuve noticias de mi "esposo". Me dijo que me quería que había estado enfermo y me invento un mundo de mentiras que bendito Dios no le creí para nada. 
 
Escuche a detalle cada palabra que salía de aquellos labios que me habían hecho el amor tantas veces y que ahora le hacían el amor a otro. Escuche detenidamente el "sufrimiento" por el que había pasado y debo confesar que como actor tenía un gran futuro, solo era cuestión que se animara. 
 
Deje que terminará todo su teatro, para dar inicio al mío, le hice solo una pregunta, le pregunté cómo se encontraba Ito. Puedo jurar que aunque no lo vi se petrificó. 
 
Guardó silencio (él no era estúpido como yo), un silencio tan largo que jure me había cortado la llamada, solo su respiración agitada me decía lo contrario. Su silencio termino de hacer que mi corazón palpitara más de la cuenta, tenía miedo de sufrir una crisis de nuevo, pero el apoyo de mi hermano y de mi madre que estaban a mi lado a la hora de esa llamada me dieron la fuerza para seguir en pie como la guerrera que era. 
 
Las palabras que me dijo después ni las recuerdo, solo diré que me dijo te amo en más de una ocasión, solo colgué, no valía la pena perder mi tiempo de nuevo en él. 
 
Debía continuar con mi vida, lo que pasará en la suya ahora no me importaba, mi amigo de Canadá era el único que me escuchaba llorar todas las noches. Mis hermanos y familia me apoyaron, pero había sido tan tonta que me daba pena que me vieran llorar por un error que yo cometí, por eso el canadiense era el único sabía cómo me sentía en realidad. 
 
Quince días después de esa llamada y ya un poco más recuperada, recibí una llamada de uno de nuestros amigos en común. Él también era cubano y me pedía que hablara con él una última vez y aunque todo el mundo me decían que no lo viera acepte su petición. Afortunadamente uno de mis hermanos me acompañó, él decía que quería mirarlo a la cara, mi hermano celoso fue mi escudo en esos momentos. 
 
Mi corazón se preparó para ese momento, mi hermano se ofreció para llevarme y estar cerca por si él intentaba algo conmigo, no estuve de acuerdo, pero saber que fue el único que me acompañó me hizo aceptar su apoyo aunque la verdad era que yo no quería ir sola.  
 
Con lo puntal que mi esposo era  fue el primero en llegar, al mirar a mi hermano pude ver cómo se tensaba. Claro, era uno de los hermanos que no lo quería desde un principio. Pero para su suerte mi hermano se sentó en otra mesa y de nuevo pude ver cómo se tranquilizaba. 
 
Solo llevaba su ropa y se veía demasiado flaco, si no hubiera leído por mí misma los mensajes y sin ese silencio incómodo que predominó aquel día durante la llamada, seguro me hubiese convencido de nuevo y con facilidad me habría tragado esa historia de la enfermedad. Yo al igual que él solo llevaba mi bolso y unos papeles dentro que minutos más tarde le pediría me firmara. 
 
Hablamos largo tiempo de muchas cosas, nunca gritamos, nunca peleamos. Cualquiera que nos mirara vería a dos amigos solo platicar, no a dos esposos que se estaban dando el adiós. 
 
En esa platica me confesó todo (en verdad no espere tanta sinceridad de su parte). Él me había buscado por el amigo en común que teníamos, nuestro amigo sin querer le había dicho de mí buen corazón, el muy aprovechado vio una oportunidad y pensó que yo entendería cuando me enterara de todo. Fue tan sincero que me platicó sus planes iniciales.  
 
El muy idiota me dijo que como estaba enferma confiaba en hacerme  feliz un tiempo ya que al poco moriría. Pero que nada le salió como planeo porque yo tenía mucha vida todavía por delante, pero él ya no quería vivirla conmigo.  
 



Vianey Medina

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En el texto hay: amor, dolor, fuerza

Editado: 27.11.2019

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