LÍnea De Vida

Tamaño de fuente: - +

EPÍLOGO

 

Mes y medio después de aquel maravilloso viaje y de todas aquellas experiencias que repetiría sin dudar, mi corazón por fin me dio paz. Ya habíamos vivido mucho los últimos meses porque después del viaje caí en picada, ahora el aire se iba más rápido de lo normal, no podía caminar de mi casa a la de mis padres porque me sentía desmayar. 
 
Me hacían todo y aunque siempre fui un poco floja en esta ocasión ya no me gustaba para nada, pero ellas decían que lo hacían con gusto, yo solo lloraba sin que ellas supieran o eso creo, porque después supe que ellas ya sabían todo solo se hacían las fuertes por mí. 
 
Una noche, la penúltima, mi hermana acepto dormir en mi casa, a ella no le gustaba, pero ese día no se negó cosa que le agradezco porque mi temor fue muy grande. La luz se había ido y no tenía sueño ni nada, por lo que siempre dude que fuera uno, yo tenía un sexto sentido y sabía cuándo algo malo iba a pasar, esa noche vi una sombra negra al pie de mi cama, no vi cómo salí de casa para encontrarme con ella en la sala. 

Le expliqué mi alucinación, le conté lo sucedido pero le dije que era un sueño a lo que ella solo me llamo tonta. Como siempre la fría chica me dijo que estaba loca y que solo eran cosas mías, pero que aun así me acompañaría a dormir. 
 
Me consoló que durmiera conmigo lo que no me gusto fue que durmiera en la colchoneta, juro que ella se arrepiente de eso... Pero hermana eso te pasa por fría, aun así estuviste que fue lo importante, no seas tan dura. 
 
Mi última noche, les dije que me sentía un poco mal, fui a la sala y comimos de un pastel que más bien fue todo para mí, comí como nunca antes había comido sin remordimiento de ningún tipo, como si supiera que esas calorías no me iban a engordar. Incluso pedí uno con tiempo para el cumpleaños de papá, que se aproximaba, solo faltaban dos días para ello. 

Que regalo te di, lo siento tanto papá.
 
Me despedí de ellos y le dije a mi hermana que dejara el celular encendido por si algo se ofrecía en la madrugada. 
 
Al llegar a casa le marque a mi amor y le dije todo lo que sentía por él, le mande un último mensaje a mi hermana y me dispuse a dormir, feliz. 
 
A las tres de la mañana aproximadamente, me tocó levantar a todos en casa porque sentía que mi corazón se salía de mi caja torácica. Como mi hermana prometió (porque fue algo que le enseñe, las promesas se cumplen), dejó su celular listo para mí llamada.  
 
Salimos de casa, yo iba mal, pero trate de verme bella como siempre, todos sabían mi rutina antes del hospital e igual cada uno sabía el papel que debía desempeñar en ella.  
 
Mi mamá me arreglaba, mi hermana buscaba mis medicamentos y mi hermano se encargaba de mover el carro para que yo caminara lo menos posible. Mamá iba detrás conmigo y ellos dos adelante. Solo mi madre se percató de mi desmayo por falta de aire, uno que recupere rápidamente. 
 
Al llegar al hospital me despedí de ellos, agradeciendo todo lo que habían hecho esa noche por mí y pidiendo disculpas por hablar interrumpido su sueño. 
 
Ingresé, me dieron los cuidados de siempre, pero mi corazón parecía desalineado. Todo el día estuvieron tratando de normalizarlo pero él se negaba.  
 
Mis últimos suspiros los use para decirles puras locuras. 
 
Llame a mis hermanos uno por uno, a mi hermana le pregunte ¿Qué tal estaba?, ¿Cómo había sido su día?, le dije que tenía hambre y que ya quería verla en la noche (pues ella sabía que se quedaría conmigo en el hospital). Le dije que la quería y que lamentaba que se levantara esa madrugada por mí. Le pregunté si tenía venta y puras burradas.

No podía decirle que me estaba muriendo porque sabía que eso haría que rompiera su promesa de no llorar por mí. Qué tonta fui en verdad. Con mi hermano fue lo mismo, las mismas preguntas y todo, con mi otro hermano intente hablar, pero él no contesto y como mi aliento no daba para seguir hablando tuve que desistir. Al colgar me tuvieron que nebulizar e inyectar suero, pude ver el rostro de miedo en mi madre, pero ya no podía seguir haciéndome la fuerte, ya no podía seguir... Era imposible. 
 
Las llamadas las efectúe a las seis de la tarde, a las siete me vino mi primer paro cardiaco para dejarme en coma, no sé cómo reaccionó mi familia después de saber que lo que tanto deteste (ser inducida al descanso) se hizo realidad. 
 
Mi trabajo me permitía saber que cuando entubas a un paciente es porque no hay nada más que hacer y siempre le dije a mi familia que cuando llegara ese momento no lo permitieran, les dije que me dejaran marchar...pero ellos no supieron de mi estado hasta las ocho de la noche por lo que no creo que hayan tenido culpa de algo. 
 
A las nueve con cuarenta y cinco minutos un día sábado doce de mayo mi vida por fin llego a su fin, di mi último suspiro como buena guerrera y llore, llore por no poder despedirme de ellos, llore por dejarlos, pero principalmente llore para agradecerle a Dios el haberme permitido vivir mi vida de la manera más linda. 
 
Lo que vino después ya no lo vi con mis ojos, más bien fue con mi alma. 
 
Mi hermana ingreso para identificar mi cuerpo, secó mis lágrimas de felicidad y sé que eso le dolió mucho, porque ahí fue cuando rompió su promesa, aquella que me hizo muchos años atrás, aunque bueno yo ya no estaba, así que no fue tanto romper.  
 
Me fui, la hermana, la amiga y la amante dejaba todas sus promesas al aire porque ya no podía resistir más, ya no podía alargar lo inevitable.  
 
La vida es prestada y cuando se tiene que devolver solo debemos agradecer. Por eso agradecí todo lo que había vivido al lado de los que ame y me amaron.



Vianey Medina

#2932 en Otros
#1089 en Relatos cortos
#5016 en Novela romántica

En el texto hay: amor, dolor, fuerza

Editado: 27.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar