Listening to love

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05

MÓNICA:

 

 

Una profunda respiración, luego otra y otra más, pero cuando ya iba a ir por una cuarta, decidí interrumpir.

— ¿Noah? — Inquirí, lo más natural que me permití aparentar.

Debía admitir que estar en esta situación con un tipo como Noah O´donnell me ponía los pelos de punta, mucho más tomando en cuenta lo que él representaba en la población femenina y en el mundo de la música y la fama. Sin embargo, no podía permitir que esto me afectara, debía seguir siendo simplemente yo, Mónica Hayeck, una chica común y corriente que, por situaciones extrañas y que realmente no entendía, estaba teniendo contacto con un famoso.

Y es que, después que me graduara y sacara una licenciatura en periodismo musical, debía poder acostumbrarme a mantener una conversación con figuras públicas.

— Okay, si te soy honesto, no tengo ni idea porque te mandé a traer. — Respondió él al fin. Y sinceramente, no me esperaba para nada esa respuesta.

Durante todo el transcurso hasta su departamento no había hecho más irme planteando distintas respuestas que él le iba a dar a esa y a las demás preguntas que esperaba hacerle. Desde que quería alguna reseña con la entrevista que le habíamos hecho días atrás o que simplemente quería cambiar una que otra respuesta. Todo tipo de absurdas ideas se habían pasado por mi mente al pensar en una respuesta, pero nunca creí que iba a ser una tan escueta como esa; que no tenía ni idea del porque me había llevado hasta allá.

— ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos? ¿Cuándo chocamos en la calle? — Continuó él, no entendía a que iba su pregunta pero igual asentí. — Esa vez había escapado de mi asistente y de mis productores musicales, tenía que presentar algunas canciones para el álbum y yo no tenía absolutamente nada, el bloqueo por el que estaba pasando era monumental… El hecho fue que esa vez me escapé, lo hice para ver si lograba distraerme, tomar un poco de aire y así ponerme a trabajar en mi música, pero lo curioso fue que aquella vez que chocamos sí logré escribir algo.

Mi atención estaba por completo en su relato, pero a pesar de que trató de explicar todo con puntos y detalles, no logré entender a que venía todo esto.

— Entonces, sugieres qué…— Dejé la frase en el aire, buscando que él la completara.

— Sugiero que me ayudes. — Manifestó, y yo quedé más confundida de lo que ya estaba. Noah lo notó. — Cuando hablé contigo en la entrevista de aquella vez, también me fue muy fácil sacar algunas buenas canciones. Lo que trato de decir es que, no sé muy bien el motivo, pero cuando pienso en ti, la música salé de mí por sí sola.

Decir que estaba sorprendida habría sido un completo eufemismo en ese momento. Mi mente no dejaba de repetir una y otra vez, lo que el chico frente a mí había soltado.

— ¿Qué? ¿Por qué yo? — Fue lo único que conseguí decir.

— Cuando nos conocimos la primera vez, tú no tenías ni la más mínima idea de quién era yo y, a riesgo de sonar muy pretencioso, no es algo habitual para mí encontrar chicas que no me conozcan, o sepan quién soy. Y si no es por aquella entrevista probablemente ni siquiera te hubieras enterado… Supongo que es lo poco común de la situación, lo que me hizo pensar tanto en ti.

Todo lo que decía o hacía, lo manejaba con tanta tranquilidad que no se daba cuenta que lo que expresaba, estaba causando bastante efecto en mí.

Tonto y estúpido corazón esperanzado. 

Me reprendí internamente por esos pensamientos.

— Entonces… ¿Qué dices? ¿Me ayudarás?

— ¿Me estás diciendo que el mismísimo Noah O'donnell, te ofreció una oportunidad de escribir canciones con él? — Melissa parecía estar igual o peor de escéptica que yo, y es que desde al menos una hora venía respondiendo a esa misma pregunta una y otra vez.

— Sí… — Concordé tímidamente, teniendo un vago recuerdo del momento exacto en que dejó su intensos ojos azules sobre los míos, con toda la ternura que se había permitido reunir. — Dijo algo así, como que yo era su inspiración…

El irritante chillido que soltó mi mejor amiga retumbó en lo más recóndito de mis oídos, mientras daba pequeños saltitos y se apresuraba en llegar donde yo me encontraba, ubicándose frente a mí. Rodeó la pequeña mesa que dividía la sala del comedor de nuestro pequeño departamento y, repentinamente, con toda tranquilidad que aparentaba tener, cruzó los brazos en señal de desagrado. Todo esto contrariando completamente la actitud alegre y el entusiasmo que mostraba segundo atrás.

Fruncí el ceño.

— No me estas tomando el pelo, por lo de esta mañana ¿cierto? — Recordó ella. Y aunque sí tenía bastantes ganas de vengarme del hecho que me había dejado sin desayuno, eso no era para nada parte de eso.



PolaInLove

Editado: 29.08.2019

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