Listón azul

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XI

La oficina del señor Bull es completamente ¿blanca? No sé cómo expresarlo bien, tiene unos ventanales gigantes que claramente no ven el nivel 2 sino que reproducen unos videos de campos verdes y cielos azules, todos los muebles, paredes y alfombras son blancos, nosotros contrastamos como  un frijol en el arroz. La oficina es hermosa, hay varias esculturas de mármol y fuentes con agua clara. Jamás imagine a un hombre como Demian Bull en una oficina como esta, supuse que sería oscura y llena de obras de arte góticas, sin embargo creo lo intimidante del señor Bull es solo por lo que representa un joven empresario que ha logrado mucho a corta edad.

-Bien señorita Glass, ya basta de comparar mi oficina con sus ideas sobre mí – Me dice mi jefe mientras se dirige a un gran escritorio. Me intimida como puede analizar mis expresiones para hacerse una idea de lo que pienso-¿Le parece si trabajamos aquí?-

-Sí-  le contesto

Demian Bull me coloca sobre una silla frente a su escritorio, pongo los papeles que traigo sobre el escritorio, Demian se sienta en una silla muy grande frente a mí. Saco la botella y una copa para servirle el vino…

-No te preocupes- Demian se levanta y toma la botella –Le falto refrigerarse un poco-

Me sonrojo apenada, en verdad nunca he tomado vino, no tengo una idea clara de cómo se haga. –Lo lamento-

-No pasa nada, este vino es exquisito de todos modos, no importa defectos externos- El señor Bull me mira fijo, sus ojos son intimidantes -¿Gustas?-  Me dice mientras abre el vino y comienza a servirlo en la copa que traje.

-No traje otra copa- respondo sin pensar, mi experiencia con alcohol ha sido un destilado de agave que mi padre trajo para “ahogar la pena de la partida de su madre” según él, y lo escupí instantáneamente; yo no conocí del todo a mi abuela pero siempre le dolió a mi padre.

-¿Pero entonces si quieres?- me mira escéptico.

-Quizá…- me pongo nerviosa –en otra ocasión-

-Claro…- El señor Bull sonríe en ese modo sarcástico, como diciendo “niña tonta”

-Oh mejor sí- ¿Qué estoy haciendo? Pero es que su sonrisa me enoja un poco.

-Bien- se levanta de su silla y del librero detrás de él abre una pequeña puerta con una copa de cristal, me sirve de la botella de vino y la coloca frente a mí.

Mi jefe me observa con detenimiento. Estoy a punto de poner la copa en mis labios cuando el señor Bull da un paso hacia mí y me detengo. –Espere- me dice con su mano alcanza a tocar mi mano que sostiene mi copa –primero- pone su copa próxima a su nariz he inhala con fuerza, yo hago lo mismo –Concéntrese ¿Le recuerda algo?- la verdad es que puedo sentir una pizca de olor a las maderas del bosque y a frutas…. bayas, un poco cítricas.

-¿Cerezas?- le digo un poco insegura.

-Muy bien ¿Algo más? -  vuelvo a inhalar con fuerza y se reafirma esa sensación fresca de la madera.

-Madera… no sabría decirle cual tipo pero…-

-Cedro- me interrumpe –cerca de su distrito se dan ¿no?-

-La verdad se poco de madera-

-Una lástima… adoro aprender de personas con experiencia- el señor Bull se sienta frente a mí, bebe su copa, le da vueltas y huele su contenido.

Tomo un sorbo de la copa, el sabor es un poco amargo… puedo identificar el alcohol pero tiene cierta dulzura, es un buen sabor, pero casi instantáneamente una voz en mi cabeza me dice que si me termino la copa no podre trabajar.

-¿Te gusta?- me pregunta el señor Demian mientras sirve media porción más en su copa, yo simplemente asiento.

-Genial… es un gran vino, vale lo que cuesta- el señor Bull me hace una señal preguntando si quiero más, niego con la cabeza y el deja la botella. –Muchos valen más de lo que se cree que cuestan, pero eso usted ya lo sabe señorita Glass; tan inteligente e intrépida, con ganas de destacar, ayudar a la familia y miles de etcéteras, mientras que otros, bueno en realidad valemos menos de lo que costamos.-

-Yo, no estoy en venta- interrumpo la reflexión de mi jefe, el me voltea a ver sorprendido pero luego sonríe –el hecho de estar aquí no significa que me compran…-

-Compro tu tiempo- me responde algo cortante

-Busco mejorar y este trabajo me lo da- le respondo instintivamente, no sé porque lo hago pero a mi jefe no parece molestarle por el contrario lo veo sonreír, como si fuera una discusión que disfrutara.

-¿Crees que en su nivel no podía mejorar?-  Me pregunta decidido, como si esta discusión injusta, pues aunque ganara mi jefe podría despedirme ¿no? –No lo veo así señor Bull.-



Karlman Arroba

Editado: 02.05.2019

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