Llanto

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Un planeta

Llanto

 

Tras haber sido encontrado culpable de destruir el planeta vecino al arrojar contra este una piedra del tamaño de su uña, Carl fue condenado a morir decapitado.

 

Rodeado de seres híbridos mitad humano mitad ave, Carl esperaba la llamada hora cero.

 

- Nos hemos reunido aquí para efectuar el castigo que se le ha impuesto al humano Carl - dijo uno de los hombres-ave, el cual tenía una especie de cargo en ese lugar. Se le ha sentenciado a morir decapitado tras haber destruido el planeta vecino al lanzar contra este una roca del tamaño de su uña, causando así la muerte de miles o tal vez millones de seres inocentes. ¿Tiene algo que decir el acusado?

 

Carl se restregaba la cara con las manos. Sudaba y lloraba; las lágrimas mojaban el pasto que estaba a sus pies. A su alrededor, posados en árboles y algunas rocas, seres híbridos, mitad humanos, mitad aves, cantaban y gritaban una melodía sedienta de sangre.

 

- No sabía que pasaría eso - dijo Carl. Yo sólo tomé aquella pequeña piedra; era apenas del tamaño de mi uña. La lancé así, al aire. No creí que fuera a tomar tal velocidad y distancia, siendo capaz, con ello, de destruir aquel planeta.

 

- No quedó nada de aquel planeta - dijo un hombre-ave, el cual había perdido un ojo a causa de un parásito alojado ahí.

 

- Muchos de los cuerpos destrozados de aquellos seres que habitaban el planeta vecino cayeron aquí, dejando buena parte de nuestro propio mundo batido con su sangre verde - dijo otro de aquellos seres. Si al menos hubiesen sido ratas-toro, nos habríamos dado un buen banquete.

 

Pero al caer y mojar el pasto, sus lágrimas como tal se convirtieron en ratones. Sorprendidos, los seres que ahí se encontraban fijaron la vista en aquellos ratones recién creados. Uno de los humanos-ave voló de la rama donde estaba hasta uno de aquellos ratones generados tras tener contacto las lágrimas de Carl con el pasto de aquel planeta. Sin más, lo agarró con su pico y lo mastico así, vivo. El sabor era excelente. Al verlo saborear con tal placer a aquel ratón, los demás humanos-ave se lanzaron a su vez a hacerse con los ratones. Hacía tiempo que aquel extraño planeta había estado pasando hambres y eso, el que las lágrimas de aquel humano se hubiesen convertido en ratones al tener contacto con el pasto era la solución. Habían estado alimentándose de frutas y patas de centauro. Estos eran llevados a la plaza encerrados en jaulas. Familias de humanos-ave elegían a algún centauro y ahí, frente a ellos les cortaban las patas, dando fe de la frescura de su carne. El grito que se escapaba de sus gargantas taladraba los tímpanos. Mientras uno de ellos era mutilado, los demás intentaban desesperados escapar de sus jaulas.

 

Fueron tiempos difíciles para los humanos-ave, quienes debían conformarse con fruta y una sola pata de centauro por familia.

 

- Podría servir - dijo el primero en comerse uno de los ratones nacidos de las lágrimas de Carl al hacer contacto con el pasto de aquel planeta. Por lo que sé, los humanos le llaman lágrimas a ese líquido que sale de sus ojos. Llanto.

 

Los humanos-ave graznaron y gritaron. Esa criatura; ese ser humano que por alguna razón desconocida había llegado a ese planeta, segregaba un líquido por los ojos, el cual, al hacer contacto con el pasto se convertía en ratones, los cuales eran una rica fuente de alimento.

 

- Así Carl, quien había sido condenado a morir decapitado luego de destruir el planeta vecino al arrojar contra este una roca del tamaño de su uña, al final le fue perdonada la vida. Mas fue encerrado en un calabozo donde se le torturaría de manera psicológica, a modo de obtener su llanto y que este, al hacer contacto con el pasto que fue colocado en el piso de dicho calabozo se convirtiera en ratones, los cuales servirían para alimentar a aquellos humanos-ave.   

 

Fin         



Beto Vázquez

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En el texto hay: un planeta

Editado: 23.11.2019

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