Lo que creíamos perdido

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Capítulo 18

Anoche, luego de haber hablado con mi padre, no pude dejar de darle vueltas a todo lo que me ha estado pasando desde que llegué a este pueblo. El anuncio en el periódico, las notas… todo. Y se me hace casi increíble que ya haya pasado casi un mes desde que todo esto comenzó. La lista, antes inexistente, de sospechosos, ahora mismo está conformada por quienes hace menos de un día consideraba como mis amigos:

* Mei Leing, la única que sabía lo qué había pasado con Derek.

* Nate, novio de Mei y quien sabe lo que ocurrió con Davis.

* Derek… Quien siempre ha estado demasiado cerca.

* De Luke, bueno de él no se realmente que pensar.

Mi mente no dejó de trabajar en toda la noche y ahora sufro las consecuencias del insomnio. Entre mis pensamientos corriendo en espiral, las pesadillas sacándome de los sueños y las lágrimas quemando mi garganta… No conseguí dormir más de dos horas seguidas. Siento que estoy a punto de volverme loca, todo esto parece sacado de algún libro retorcido y debo repetirme una y otra vez que es real, que no estoy dormida, y que encontraré la manera de hacer que termine. Pero realmente no sé si pueda hacerlo… estoy aterrada.

Mis movimientos robóticos consiguieron que esté lista para ir a la escuela y mis pasos pausados no hicieron ruido sobre las escaleras cuando bajé para irme. Mi padre estaba en su despacho, su vista clavada en la nada y colgando de su mano derecha, había un pincel sin remojar. La sola visión suya, logró ponerme la sangre helada. Se veía como quien se ha rendido, y eso solo hace que mi determinación por encontrar al causante de esto sea mayor.

No retengo el tiempo que me tomó subir al auto y manejar hasta la escuela, así como tampoco en que momento caminé hasta el aula y me senté en mi asiento de siempre, parecía que alguien hubiese activado un botón de automático y mi cuerpo hubiese tomado las riendas sin hacer consulta de mi cerebro.

Poco a poco comencé a ser consciente de la gente a mi alrededor y por primera vez en el día logré sentir una emoción: ansiedad. La certeza de tener que enfrentarme a todos los ahora "sospechosos" me golpeó tan fuerte que creo que estoy por tener un ataque de pánico.

Mi respiración es acelerada, un dolor constante en mi pecho y el sudor en mis manos van en incremento cuando noto la negra cabellera de Mei atravesando el salón de la mano de Nate. La bilis amenaza con subir por mi garganta y me obligo a clavar la vista en lo que ocurre afuera de la ventana, mi mente está en una plegaria eterna de que no se acerque a mí.

Ayer, mientras le daba vueltas a todo sobre mi cama, había planteado varias hipótesis sobre qué hacer cuando los viera. Primero consideré decirles la verdad, que sospecho de ellos y no los quiero cerca, pero hay que aceptar que ese sería un movimiento algo estúpido. Así que, decidí actuar lo más normal posible frente a ellos, puedo imponer algo de distancia y respaldarme en querer estar sola, claro, pero eso no me ayudará a saber si los sospechosos son en realidad culpables. Porque, aunque esté enojada y tenga dudas, sigo sin tener pruebas y no puedo culparlos sin ellas.

Y tal vez… En el fondo de mi corazón quiero que sean inocentes.

―¿Gaby…? ―El tono dulce y preocupado de Mei, me hace saber que está junto a mí. Y logra que la piel en mi nuca se erice.

Lentamente mi rostro gira hacia ella, ojos oscuros me dan la bienvenida y siento mi cuerpo revolverse bajo su escrutinio. Por la manera en que su ceño se frunce, deduzco que debo verme realmente mal.

―Hola. ―Es todo lo que puedo articular. Al instante intento compensar la falta de palabras con una sonrisa, aunque estoy segura que parece más una mueca.

Las manos de la asiática se tambalean delante de ella.

―¿Estás bien Gaby? Ayer intenté hablar contigo per…

―Quería estar sola ―la corto antes de que pueda seguir―. Lo lamento yo… Quería un momento a solas.

Emociones contradictorias se mueven por esos orbes oscuros que me observan con escrutinio, pero no dice nada, solo me da un asentimiento con la cabeza y ocupa su lugar.

Cuando creo que puedo relajarme, la cabellera castaña de Derek aparece en mi campo de visión seguida por unas puntas rubias y perfectas tras él. Cada músculo de mi cuerpo se tensa, cuando mis ojos impactan con los de Derek y la rabia hace acto de presencia en mí. Sinceramente prefiero mil veces sentirme enojada, a estar tirada sobre mi dolor. Así que me conecto en esa rabia que él me despierta y me obligo a sostener su mirada por un instante que se me hace eterno antes de volver lo vista hacia la ventana. Puedo sentir mi corazón latiendo desbocado en mi pecho y cada fibra de mi cuerpo arder por las ganas de girar mi cuerpo y verlo nuevamente.



ShadiSaad.

Editado: 09.01.2020

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