Lo que creíamos perdido

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Capítulo 25

La mañana del viernes llega, y la ansiedad estaba logrando hacer un hueco y vaciar mi interior. No había podido dormir nada la noche anterior después de haber hecho una excursión no autorizada en la escuela.

Mis movimientos ahora son robóticos y acelerados. La noche anterior le había rezado a todos los dioses existentes porque el escritor anónimo decidiera ingresar hoy a los servidores del periódico, así podría acabar con todo esto de una buena vez.

Sin embargo, mis suplicas no fueron escuchadas. La mañana en la escuela llega rápido y se pasa en una lentitud enervante, donde la tensión entre nosotros cinco puede cortarse con un cuchillo. Pero aun así, esta vez no hay ningún rastro del periódico.

Al finalizar la jornada Nate y Luke se quedan en la escuela para la práctica de baloncesto, ya que en esa semana tendrán otro partido. Los chicos no habían parado de hablar de eso en todo el día. Mei decidió quedarse a acompañar a su chico por lo que ahora Derek y yo nos encontramos en mi vehículo rumbo a mi casa.

El castaño como ya es costumbre, se encuentra pasando una a una las canciones que suenan, y mi paciencia está a punto de explotar. Pero haciendo acopio de toda mi cordura, decido cambiar su atención hacia otro lado.

—Derek —digo, llamando su atención. Su rostro se gira hacia el mío y puedo ver el destello de sonrisa en sus labios—. ¿Por qué no tienes carro?

Por lo poco que pude ver de su casa, me bastó para darme cuenta que su situación económica es bastante buena, Aun así nunca lo había visto llegar en carro. Siempre venía con alguno de los chicos o simplemente caminando.

La sonrisa en los labios del castaño se ensancha antes de contestar.

—No me gusta manejar —expresa, encogiéndose de hombros—. Además no lo necesito, ahora que mi hermosa novia puede llevarme a donde quiera —concluye haciendo un guiño en mi dirección y yo por poco pierdo el control del vehículo.

Novia, él ha dicho novia. Puedo sentir las mariposas revoloteando en mi estómago y la sonrisa estúpida que comienza a aparecer en mis labios. Por el rabillo del ojo noto que Derek me observa, por lo que trato de aparentar que no estoy saltando de la emoción en mi interior.

—Deberías de sentirte afortunado entonces, tu novia debe ser una dulzura —digo mientras aparco en la entrada de mi casa.

—Es la mejor de todas.

Esta vez sí lo miro, mis ojos se topan de frente con los suyos y el mundo tiembla bajo mis pies. Su mirada, la manera en que él me mira, es como si no existiera nada más en el mundo que no fuéramos nosotros y este momento me hace sentir… segura.

Lentamente mi rostro se va acercando al suyo, mis manos me liberan del cinturón de seguridad y antes de lo esperado ya puedo sentir su aliento cálido rozando mis labios. Sus manos se colocan con ternura en mis mejillas y sin darme tiempo de reaccionar nuestras bocas se encuentran en un beso lento. De esos que se encargan de encontrar y memorizar cada parte de los labios del otro. De esos que quieres que duren para siempre. Una de las manos de Derek, baja hasta mi cintura y con destreza me levanta hasta encontrarme con mis piernas a cada lado de él. Mis manos se enredan en su cabello y la intensidad del beso se hace cada vez mayor. De un momento a otro comienzo a tener mucho calor. Todo mi cuerpo se siente acalorado, y mi mente está entrando en una nebulosa que me hace sentir que puedo volar si así lo quisiera. Necesitando llevar aire a nuestros pulmones, nos obligamos a separarnos. Mis ojos quedan de frente a los suyos, su mirada más oscura de lo normal brilla con intensidad, haciendo que todo mi cuerpo tiemble solo de verlo. Él se da cuenta de eso, pues una sonrisa de medio lado aparece en sus labios, antes de darme un corto beso y juntar su frente con la mía.

»No creo que sea bueno para mi cordura, que sigamos en esta posición, pequeña. —Su voz está ronca, y al oírlo un escalofrío trepa en mi columna.

Sin confiar en la firmeza de mi voz, me limito a dar un asentimiento y sonreír antes de pasarme a mi asiento y abrir la puerta para salir del vehículo. Derek hace lo mismo y se acerca hasta mí para tomar mi mano y dirigirnos hasta la entrada de la casa. Antes de siquiera sacar mis llaves, la puerta se abre, dejando a la vista a mi padre llevando un montón de papeles en las manos.

—Oh Gabe, Derek… ¿Cómo están? —Mi padre nos saluda con una sonrisa en el rostro, justo antes de que sus ojos se desvíen hacia donde Derek sostiene mi mano.

Al instante puedo notar como el cuerpo del castaño se tensa a mi lado. Yo, me limito a rozar mi pulgar en su muñeca y darle a mi padre una sonrisa.

—Muy bien señor Blanchett, gracias. —El tono formal de Derek, me parece adorable. Sin embargo, debo intervenir si no quiero que la escena de la vez anterior, cuando el castaño pasó a buscarme, se repita con mayor fuerza.



ShadiSaad.

Editado: 09.01.2020

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