Lo que creíamos perdido

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Capítulo 4

Y el día del juicio ha llegado, primer día de escuela. Ser la nueva nunca es bueno. Pero ser la nueva en un pueblo donde absolutamente todo el mundo se conoce es desastroso. Los nervios están haciendo estragos en mi sistema. Tengo malestar de solo pensar cómo va a transcurrir todo el día: presentación, preguntas, presentación.

Soltando un suspiro resignado, me acerco a la pared y me miro al espejo para comprobar que estoy lista. Esta mañana cuando iba a cambiarme, decidí que sin importar donde esté iba a ser yo, no me vestiría para agradar a nadie; simplemente sería yo misma. Y justamente por eso ahora me encuentro llevando un jean oscuro, con una blusa holgada al cuerpo azul rey en la que se lee "moments are better than things" y me veo bien, como siempre me he visto, no soy de esas chicas que todos se detienen a ver, pero tampoco estoy mal; soy delgada pero con curvas, cabello castaño y ojos verdes; aunque a veces se ven azules.

Dejo salir el aire ruidosamente antes de soltar mi cabello y darme una última mirada para después caminar escaleras abajo.

Mi padre ya se encuentra en la mesa de la cocina para cuando llego, está con un café en mano mirando el periódico. Al entrar desliza los ojos del diario hacia mí y me regala una sonrisa.

―Buenos días cariño. ¿Estás lista?

―Tan lista como puedo estar ―le digo, sin ocultar el nerviosismo en mis palabras.

―Vas a estar bien Gabe ―comenta mi padre sin sacar la sonrisa de su rostro―. ¿Comerás algo?

Mis ojos se deslizan a la mesa frente a mí y es cuando veo el tocino y el café servidos ahí, mi estómago se revuelve nomás al verlo.

―Creo que paso, estoy segura que si como algo podría vomitar a la primera persona que me hable en la escuela. ―Tomo las llaves del carro y me acerco a mi padre para darle un beso, este me acerca más hacia él y me aprieta fuerte contra su pecho en un abrazo.

―Será un gran día ―dice antes de soltarme.

Regalando mi mejor sonrisa asiento con la cabeza hacia papá.

―Será un gran día ―repito. Y realmente espero que lo sea.

Para ser un pueblo pequeño, la escuela secundaria es bastante grande. Un edificio de tres pisos en ladrillo, con un patio delantero y según tengo entendido otro trasero. No está nada mal, pienso mientras bajo de mi vehículo y camino hacia la entrada.

Apenas atravieso las puertas, la oleada de risas y murmullos características de las escuelas me envuelve… Es como si el mundo fuera distinto dentro de estas cuatro paredes.

Evitando ser tropezada o pisoteada por la lluvia de hormonas corriendo por los pasillos. Me voy abriendo paso para llegar a la coordinación y buscar mi respectivo horario escolar, como todos los nuevos; aunque puedo imaginar que no hay muchos.

La coordinación de aquí no es muy diferente a la de mi antigua escuela en Manhattan, un sector de oficinas dentro de la escuela donde una mujer con rostro amable ―aunque muy pocas veces lo es― te hace esperar.

―¿En qué te puedo ayudar linda? ―pregunta la mujer, que en este caso es mucho más joven que la de mi anterior escuela. En su uniforme cuelga un botón en qué se lee Mindy Rogers.

―Mi nombre es Gabriel Blanchett, señorita Mindy, vengo por mi horario.

La mujer abre muchos los ojos al escucharme y me da una sonrisa de oreja a oreja que logra asustarme un poco.

«¿Qué tiene la gente de acá que sonríe como loca?».

―Tú eres la chica nueva ―dice la mujer con demasiado entusiasmo.

Yo me limito a asentir con la cabeza en su dirección y darle lo que espero haya parecido una sonrisa amable.

―El director te espera en su oficina con tu guía, linda ―comenta Mindy sin dejar de sonreír. Dios mío, la mujer debe tener los pómulos acalambrados.

―Gracias ―expreso y apresuro el paso hacia la oficina que me indicó.

Toco la puerta dos veces antes de escuchar un "adelante" proveniente del interior. Con cuidado abro la puerta y me adentro en la oficina. Un hombre entrado en sus cincuenta me recibe detrás de un escritorio, apenas me ve me sonríe y me indica que me acerque, al hacerlo es cuando noto a la chica a su lado.

―Bienvenida señorita Blanchett ―me dice el director.

Yo murmuro un gracias y mis ojos vuelven a ir a la chica a su lado, mi lado artístico respondiendo ante sus facciones. Tiene rasgos asiáticos con un ligero toque propio de América.

―Ella es la señorita Leing, y será su guía en la primera semana escolar. Así podrá saber dónde queda cada salón.

«¡Oh! Con que a eso se refería Mindy cuando dijo que el director estaba con una guía», pienso mirando a la chica, que ahora tiene la vista fija en mí.



ShadiSaad.

Editado: 09.01.2020

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