Lo que haría por ti

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Capítulo 1: Encuentro

Podía escuchar las sirenas a lo lejos, la patrulla estaría allí en menos de cinco minutos, di una última patada al pendejo que tenía contra el suelo y salí disparada por el callejón, seguro algún vecino del edificio escucho los gritos del estúpido de Kevin y se asustó, una ya no puede hacer su trabajo sin que la interrumpan.

A estas alturas la verdad ya no sabía ni para donde estaba corriendo y eso fue una gran ventaja para Esteban que me tacleo contra un muro de ladrillo, mentiría si dijera que no me dolió hasta la medula, pero como es Esteban y me encanta molestarlo, me reí con sarcasmo y lo deje montar su escena de buen policía.

— Esteban, ¿Qué tal?, ¿Cómo están los niños eh? — le dije mientras él me puso contra el cofre del auto y me coloco las esposas como ya era rutina desde que le asignaron vigilar la zona sur de la ciudad, la cual para mi mala fortuna era una de las áreas en las que más trabajaba.

— ¿no estas algo lejos de casa Sara? ¿Te perdiste? — me dijo de igual forma con un tono mordaz a lo que conteste con mi habitual “ya sabes, dando un paseo nocturno” mientras me levantaba y con fuerza innecesaria me metía al coche, su compañera María estaba relajada en el asiento del copiloto tomando su habitual expreso.

— ¿Qué pasó, María?, Esteban se ha estado tomando sus medicinas, no queremos que le dé un paro cardiaco otra vez. La salude mientras me recostaba de lado en el asiento, Esteban subió al auto y serró de golpe la puerta evidentemente frustrado por toparse conmigo por tercera vez en la semana, arranco el auto de inmediato y avanzamos.

— No quiero escuchar nada y siéntate bien — dijo Esteban con firmeza  a lo que yo respondí retorciéndome en el asiento.  

— Refunfuñando como siempre pero si, se las toma siempre Sarita — contesto María dándole otro sorbo a su expreso y alzando su dedo medio a Esteban que gritaba una sarta de estupideces acerca de no revelar asuntos personales a los sospechosos, llegamos a la comisaria y al entrar de inmediato comencé a saludar a todo el mundo, los de nuevo ingreso me miraban mal y me ignoraban pero los ancianos veteranos me saludaban como siempre, Esteban solo podía hacerle mala cara a todo aquel que se cruzara en el camino, María de inmediato desapareció, seguro fue a rellenar el vaso de café.

—Sabes que saldré de aquí en menos de una hora ¿cierto?— mi policía favorito quito las esposas y me empujo a la celda número tres, era mi preferida y él lo sabía, Esteban siempre fue muy considerado incluso cuando intentaba parecer un imbécil. Me acosté en la cama, pensando en dormir un rato, después de todo eran las 11 pm y había sido un día agotador pero el ruido del teléfono me quito el sueño, vi como Esteban se acercaba a contestar, lo hacía de mala gana, pues así como yo, sabía quién estaba llamando. En menos de diez minutos y después de unos cuantos gritos estaba saliendo de la comisaria, el discurso de buen policía duro un poco más de lo esperado pero no era nada que no hubiera escuchado antes. Camine sin rumbo fijo por una hora y media hasta que llegue a una parte de la ciudad que no conocía, alrededor no había nada más que basura y tiendas cerradas, me abrí paso por un callejón y saque una cajetilla de cigarros que le había sacado a Esteban del escritorio, encendí uno y mire al cielo un momento disfrutando del frio de la madrugada, recordé el rostro de miedo de Kevin y me reí un poco, aquel chico merecía una golpiza más larga por el dinero que me dieron y por lo que le había hecho a esa chica, pero como siempre me arruinan la diversión muy pronto.

Había cerrado los ojos pero los abrí de inmediato al escuchar un ruido desde el edificio que tenía en frente, era en el techo, ese tipo de edificios abandonados son el centro recreativo de muchos vagabundos o drogadictos pero el techo era un extraño lugar para fumar marihuana, normalmente se esconderían dentro, así que algo en mi teoría sobre qué era lo que estaba produciendo esos ruidos estaba fallando, me adentre más en el callejón hasta que encontré lo que buscaba, escaleras para incendios, muy oxidadas y altas, arroje el cigarro al piso y lo pise antes de dar un salto y sujetarme de la primera barra, me balance de adelante hacia atrás y logre aferrar mis pies a la pared de enfrente para después aferrarme con las manos a las siguientes barras y poder subir las piernas las cuales me dieron el impulso suficiente para subir las escaleras, en menos de un minuto ya estaba en el techo el cual tenía una pequeña  cabina de intendencia en el medio, los ruidos ya no se escuchaban como hace un rato pero si era perceptible una respiración agitada, claramente por llanto, rodee la pequeña estructura y observe un cuerpo alto y delgado a las orillas del edificio, la luz de calle lo iluminaba completamente por lo que pude observar como temblaba con violencia, sentí que por solo respirar podría caer y ya no se levantaría de nuevo. Me acerque con cautela pero no la suficiente, pues asustado aquel muchacho volteo su rostro, permitiéndome ver unos ojos azules cubiertos de lágrimas y un rostro que naturalmente seria blanco pero a causa de largas horas llorando se tornaba en un rojo intenso, su cabellos negro y desordenado era evidencia de que había estado jalándolo, intentando arrancarlo, sus labios temblaban y parecía no saber que decir así que yo inicie la conversación.



V

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En el texto hay: suicidio, primer amor, esperanza

Editado: 17.03.2019

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