Lo que haría por ti

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Capítulo 3: Recuerdos

Aun podía percibir el olor a cloro que emanaba de las paredes y los pisos de la escuela, recordaba perfectamente el discurso del director diciendo que seriamos los científicos y deportistas del mañana, que nuestro futuro era brillante como las perlas que nuestras madres se cuelgan al cuello, un chiste bastante desagradable tomando en cuenta que hay un porcentaje de alumnos de familias con un nivel económico medio/bajo, un pequeño pero existente porcentaje, las clases iniciaron todas con el mismo discurso sobre ser la clase más difícil de nuestras vidas y que si nos descuidábamos terminaríamos en un extraordinario, personalmente no preste atención a dichas palabras pues desde el inicio de la clase el chico de atrás a estado golpeando mi asiento con sus pies, no pensé en decirle nada pues pensé que pararía pero después de tres clases seguidas comienza a molestarme.

—Disculpa podrías parar— voltee a mirarle, tenía un cabello rubia y rizado, unos ojos color miel y una mueca seria que me contesto de manera inmediata.

—No— empujo mi asiento una vez más pero con más fuerza, el día continuo y parecía que mi nuevo amigo se había encariñado conmigo pues me seguía para lanzarme papeles, ponerme el pie e incluso tirar mis cosas, sinceramente creí que este tipo de comportamiento se cortaba durante la secundaria pero parece que incluso en preparatoria existen los idiotas, para mi suerte al ser el primer día salíamos temprano así que me dispuse a escapar de la institución más espantosa de mi ciudad.

Mientras me colocaba mis audífonos al salir pude divisar a mi amiguito del salón fumando con dos chicos de otras clases, nuestras miradas se cruzaron por un segundo hasta que rompí el contacto, resulta que estaban siguiéndome y yo no me percate hasta que sentí pasos muy cerca de los míos, voltee y no dude ni un segundo en salir corriendo, mis perseguidores me imitaron y, bueno, yo no soy muy rápido.

Nunca me habían golpeado, no así, Michel era el protagonista en la golpiza sus amiguitos solo observaban y hacían comentarios no muy amables, yo no dije mucho “Quítate, ¿Qué te pasa? y ¿estás loco?” son las frases que recuerdo, me dejo en el suelo, se sonrió con sus amigos, tomo una fotografía con su celular y se marchó, me levante con algo de dificultad y regrese a mi casa, como siempre no había nadie así que llore un rato en silencio, no recuerdo si fue por dolor, enojo o tristeza, pero llore bastante aquel día.

Este tipo de situaciones se repitieron y fueron aumentando de nivel, cuando Michel me quemo la cara con un cigarrillo encendido fue cuando hable con el director y mis padres, para mi terrible sorpresa Michel es el nieto del fundador de la escuela, lo cual lo convierte según el mismo director en alguien “intocable”, mi madrastra como siempre no dijo nada y mi padre no me bajo de maricón dijo algo  sobre defenderme, de pelear mis batallas y que seguro tenia bien merecidas esas golpizas.

Ya no quise hablar de aquello con nadie después de eso, se perfectamente que todo el mundo habla sobre Michel y su deseo de asesinarme pero, nadie hace nada, a nadie le importa y… creí que si desaparecía el problema estaría resuelto, golpizas, quemaduras y recientemente asfixia, Michel siempre ha estado cerca de matarme y yo se lo estaba permitiendo, pero quería ser yo quien terminara con eso, quería quitarle ese gusto.

Cuando termine de hablar el silencio de la habitación era pesado pero lo que me hacía sentir presión en realidad eran nuestras manos entrelazadas, sin darme cuenta llore un poco mientras miraba el suelo, Sara alzo mi rostro con delicadeza, obligándome a mirarla a los ojos.

—Te prometo que Michel va a llorar sangre— su sonrisa era tan cálida y tierna que no concordaba para nada con sus palabras, pero a pesar de ser una oración tan agresiva transmitió una tranquilidad  que hace mucho no sentía, Sara se puso de pie y fue a su habitación dejándome allí algo estupefacto, después de un año de tortura pude decirle a alguien todo y no sentía que había sido una pérdida de tiempo como las veces anteriores

 

                                                                                         

—Adrián ven a mi cuarto— escuche su voz desde la habitación, sin pensarlo realmente me dirigí a donde me indicada, ella estaba sobre su cama con su laptop llena de calcomanías de diferentes películas, mi favorita era la del castillo clásico de Disney que se encontraba en el centro.

—El bastardo tiene facebook ¿verdad?— asentí  a su cuestionamiento y ella de inmediato me pidió su nombre para teclearlo en el buscador, después de unos segundos ya se encontraba en su perfil viendo sus fotografías  y apuntando algo en un pequeño cuaderno, varias veces me pregunto si conocía a algunas personas de las fotografías o si sabía dónde estaban ciertos lugares, me sonrió ampliamente mientras cerraba su laptop y dejaba el cuaderno a un lado para después tirarse sobre su cama mientras decía que mañana comenzaría el trabajo, el verla tan tranquila me relajo bastante, estaba por sentarme en su cama cuando de pronto se levantó de golpe asustándome un poco.



V

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En el texto hay: suicidio, primer amor, esperanza

Editado: 17.03.2019

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