Lo que haría por ti

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 4: Realidad

— ¿Dónde vives? puedo llevarte— como si un balde de agua fría me cayera encima me percaté de que tenía que volver, debía regresar a casa de mis padres y enfrentarlos por mi desaparición la cual en realidad no les importa, comencé a imaginarme a mi padre gritando que era un maldito irresponsable y que no servía para nada, mientras mi madrastra tira indirectas sobre mi sexualidad, envenenado aún más la mente homofóbica de mi padre.

La motocicleta se detuvo y eso fue lo que me hizo regresar al mundo real, baje de aquella máquina de manera automática y observe a Sara dejar la motocicleta en casa de su vecino, al pasar junto a mí me dijo que la siguiera, subimos al departamento y nos sentamos en la sala, Sara me pidió que la mirara y cuando lo hice observe preocupación en su expresión.

—tienes que volver a casa Adrián— sus palabras no me gustaban y me dieron ganas de dejar de escuchar –entiendo perfectamente que tu familia es un asco, pero por muy basura que sean ya deben estar preguntándose donde estas y lo que menos necesito es que agreguen secuestro a mi expediente— saque mi celular y se lo entregue, Sara lo tomo extrañada.

—No me han llamado ni una sola vez… no he puesto un pie en casa desde ayer y no tengo ni una llamada pérdida— Sara apretó el teléfono entre sus manos.

—Tus padres son una mierda— me hizo reír esa expresión pues a pesar de haberla pensado muchas veces jamás la había escuchado en voz alta, la vi usar su teléfono y el mío al mismo tiempo, marco un número y mi teléfono comenzó a vibrar y reproducir aquel tono tan genérico de celular de pronto se detuvo y Sara grabo un mensaje de voz.

—Adrián este es mi número personal guárdalo como quieras, siempre contesto este teléfono, si no lo hago asume que me paso algo malo, si me necesitas llama, no importa que pase voy a contestarte… ah casi lo olvido tú también debes contestar mis llamadas, si no lo haces me voy a enojar, bueno ya me voy necesito llevarte a casa de tus horribles padres, adiós.— Termino la llamada y me devolvió el teléfono en el cual ahora aprecia una llamada perdida y un mensaje de voz, Sara se levantó y tomo su chaqueta, ya estaba oscuro y hacia frio, se dirigió a la puerta y me miro de una manera que no entendía mientras con sus labios formaba la palabra ¡Go!

Ya en la calle comencé a caminar y ella me siguió en silencio por un rato.

— ¿Qué pasara mañana?— pregunte de manera involuntaria.

—Mañana iras a la escuela y no me veras pero yo estaré ahí— mirabas la luna y tus manos se encontraban dentro de tu chaqueta, —voy a ver tu día y el del bastardo que te molesta, luego voy a tomar cada parte de la vida de ese tipo y la romperé en pedacitos y tú lo veras en primera fila ¿Qué te parece?—  sonreí, sin evitarlo me hace muy feliz que alguien quisiera lastimar a quien me ha lastimado.

— ¿Esa es una sonrisa?— me reí más por tu tono de voz y sin darme cuenta llegue a mi calle causando un inmediato cambio de ánimo, seguimos hasta mi gigantesca y vacía casa en silencio, me dejaste hasta la puerta y por un segundo pensé en invitarte a pasar pero te despediste muy rápido.

—Te veré mañana— dijiste agitando tu mano en el aire frio de la noche, yo conteste con la misma frase pero fui corregido por ti diciendo que yo no podría verte a lo que ambos sonreímos.

La puerta se cerró y lo único que sentí fue una tristeza profunda y sin límites, la ansiedad regresaba desde mis dedos esparciéndose por todo mi cuerpo y el silencio tétrico que caracterizaba a mi hogar no me ayudaba a tranquilizar la voz de mi cabeza que solo me decía lo mal que iba todo, subí a mi habitación y entre a esa oscuridad tan conocida para mi e intente no pensar en nada pero como siempre fracase y realice un recuento de lo que ocurría en mi vida, recalcando por supuesto las cosas tristes y negativas de ella, como por ejemplo el hecho de que mis padres trabajaban con normalidad a pesar de que su único hijo había estado desaparecido por más de 24 horas, o de cómo aunque no quiera aceptarlo tengo miedo de regresar a la escuela después de lo que paso, estaba enlistando todo cuando mi celular vibro con violencia anunciando la llegada de un mensaje.

—más te vale que no estés sumergido en tu miseria— aquellas palabras me sorprendieron pero lo más asombroso es que no se detuvieron –si estas triste come algo delicioso y ve una película— siguieron –Disney es un antidepresivo natural ¿sabes?— vi el destinatario y sonreí, posiblemente este sea el día que más e sonreído en años.

— ¡Contéstame!— fue el último mensaje que leí antes de darme cuenta de que no estaba aportando nada a la conversación.

—Estoy bien— escribí y luego borre — ¿Qué películas me recomiendas ver?— envié y antes de que pasara un minuto tenía una lista de filmes lo bastante larga para sorprenderme, —comienza con estos— fue el último mensaje de la noche.

Inicie con el primer filme esa noche Le fabuleux destin d'Amélie Poulain nunca había visto una película francesa pero me había cautivado, no fui capaz de catalogarla realmente, era diferente, no parecía ser para todo el mundo, me dio la impresión de que fue creada para cierto tipo de personas, solo algunos seriamos los elegidos para gustar de Amelie y su manera de vivir.



V

#9685 en Novela romántica
#3358 en Joven Adulto

En el texto hay: suicidio, primer amor, esperanza

Editado: 17.03.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar