Lo que haría por ti

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Capítulo 5: Decisión

Sentía que me caía a pedazos hasta que Sara me sostuvo, había olvidado que se siente que te abracen y lo bien que podía hacerte sentir, sus palabras de ánimo no aparecían en los registros de cómo hacer que alguien pare de llorar pero lo había logrado, imaginar a Michel por un segundo sufriendo me hacía sentir mejor, creía en las palabras de Sara y confiaba en que las cumpliría.

Tarde un rato en calmarme, Sara no se despegó de mi ni para traerme agua, para eso mando a Erick como si de su sirviente se tratara, entre ambos me explicaron lo que sabían de Michel después de leer algunas conversaciones que ha tenido con los hombres de sus encuentros  BDSM, al parecer desde hace tres año practica el sadomasoquismo pero desde hace cinco imparte golpizas y tortura, según las fotografías a tenido siete blancos, pero yo he sido al parecer el más duradero y extremo, según Erick Michel tiene una fijación hacia mí, una que se le salió de las manos.

—Él ha pensado incluso en violarte Adrián— aquellas palabras fueron como un balde de agua fría. —Creo que el mismo intentaba frenarse llevando a sus amigos consigo— sus palabras tenían sentido en el aspecto de que siempre iba acompañado, —no parece tener autocontrol en algunos aspectos como el deseo de torturar, no soy psicólogo o algo así pero el definitivamente está enfermo— era demasiada información y toda caía en lo surrealista, en la mañana creía que Michel me odiaba sin motivo y por eso me torturaba diariamente, pero ahora resulta que es un psicópata que disfruta lastimarme porque le excita.

—Adrián— mi nombre me hizo acallar por un instante las mil voces en mi cabeza que gritaba desesperadas por el terror de la verdad –mi trabajo es vengar a otros, necesitaba que conocieras toda la situación para que así comprendieras la magnitud con la que voy a aplastar a ese tipo, quiero que tu estés de acuerdo con todo lo que hare por eso considere justo que supieras la clase de persona que es Michel— tus manos sostenían las mías como cuando te conté lo que me habían hecho, intentabas darme fuerzas y también coraje para enfrentar a ese bastardo. 

—Destrúyelo en todo el sentido de la palabra— nunca había dicho algo así, pero se sintió bien por una vez dejar salir todo el odio que estaba atascado en mi garganta, Sara me sonrió y me abrazo de golpe ahora con un sentimiento de felicidad, como si le hubiera dado una buena noticia me repetía que no me iba a arrepentir, Erick por orden de ella realizo una copia en cd de lo que consideraban útil para hacerlo caer y por pedido mío borro de su computadora todas las fotografías, dudo en aceptar mi petición pues no le gustaba dejar evidencia de su participación pero accedió de todos modos.

 

 

Salimos del departamento y los ánimos eran muy distintos si los comparamos al momento de nuestra entrada, te sigo unos cuantos pasos atrás observando claramente la pesada nube gris con la que cargas, hombros caídos, mirando el suelo, eras miserable eso ya lo sabía desde que te conocí pero lo eran también la mayoría de mis clientes y aun así nunca había sentido la necesidad de hacer algo más allá de mi trabajo.

Cuando llora o comienza a romperse se siente como cuando mamá se fue de casa, se siente como cuando papá olvido que era mi cumpleaños o como cuando escuche a mi hermano decir que esperaba me fuera de casa en cuanto cumpliera la mayoría de edad, se siente como la mierda y no puedo soportarlo.

Lo alcance y sin pensarlo mucho coloque mi brazo a su alrededor, quería que se diera cuenta que estaba allí, que no tenía que torturarse pensando y que en su lugar pusiera su concentración en alguna conversación como la que tuvimos antes de entrar al edificio de Erick, el me vio y parece que noto mis intenciones pues medio sonrió, falsamente por supuesto y me agradeció, no sé exactamente porque daba gracias pero de igual modo le respondí que no había nada que agradecer.

—¿Quieres un helado?— aquella pregunta era el resultado de pensar en cómo puedes animar a otra persona, parecía lo que un abuelo le diría a su nieto que acaba de caer de su bicicleta pero no pude pensar en nada mejor, para mi sorpresa aceptaste y compartiste mi opinión sobre como esa pregunta se realiza principalmente a niños.

—suena bien, pero quiero aclarar que tengo diecisiete años no siete— dices esto mientras entramos a la heladería, nos dirigimos de inmediato al mostrador en donde a través de un cristal se pueden ver claramente toda la variedad de sabores que manejan, tu rostro sorprendido es lo que me demuestra que en realidad no importa la edad que tengas los helados siempre te hacen sentir un poco mejor, pides un cono tradicional con nieve de frutos rojos yo por otro lado elijo un cono de chocolate con nieve de vainilla, cuando me disponía a pagar note que tú también sacabas dinero de tu bolsillo.

— ¿Qué haces? Yo te invite— dije deteniendo tu mano y entregándole al empleado el pago, tú sonreíste pero de igual modo te quejaste un poco mientras nos sentábamos en una mesa pequeña, perfecta para dos personas. —No se supone que los caballeros pagan— aquella frase pudo desatar un debate de dos horas por mi parte pero la tonalidad de la misma me advertía del sarcasmo lo cual me hizo tomarlo con gracia.



V

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En el texto hay: suicidio, primer amor, esperanza

Editado: 17.03.2019

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