Lo que haría por ti

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Capítulo 8: Pedazos

Ya que el tipo no parecía tener intención de ponerse de pie lo ayude sujetándolo del cuello de la camisa, en sus ojos había miedo y de su nariz brotaba sangre como una fuente manchando su espantoso bigote, lo estampe contra la pared y me coloque en la misma posición en la que él había estado segundos atrás, aprisionando su boca con una mano y sujetándolo con firmeza para evitar que se moviera.

— ¿Se siente bien? — pregunte en un grito que lastimo mi garganta, el tipo cerro los ojos y sentí su desesperación al intentar liberarse de mi agarre, pero no era suficiente, necesitaba verlo llorar solo entonces sentiría que había recibido su merecidos, solo entonces podría ver a Adrián a la cara y disculparme.

Alcanzaba a escuchar algunas voces pero realmente no me importaban, fue hasta que Adrián salió corriendo del lugar que obligue a mis manos a soltar a ese bastardo y comencé a correr como alma que lleva el diablo, mis pasos eran veloces y mi voz se escuchaba extrañamente desesperada pidiendo que la persona frente a mí se detuviera, para mi mala suerte el ascensor parecía estar de su lado pues cerró sus puertas en mi cara.

Con la adrenalina corriendo por mis venas no dude en bajar las escaleras de dos en dos a toda velocidad, cuando llegue a la recepción del edificio observe al portero de antes que miraba la puerta principal que aún se movía un poco por el reciente uso, así que sin tomar un respiro corrí hacia la salida, alcanzando a Adrián y aprisionándolo en un abrazo que debió ser doloroso por la brusquedad de los movimientos de ambos, el intentando alejarse y yo tratando de retenerlo.

—Suéltame — habíamos avanzado mientras forcejeábamos hasta la esquina del edificio, yo le pedía que me escuchara pero el continuaba diciendo que lo soltara, para cuando lo obedecí ya me encontraba algo molesta por su falta de respuesta, así que esta vez exijo una contestación.

— ¿Qué ocurre?... maldición ¿Por qué huyes de mí? — creía que mi tono era lo que le había dejado sin palabras pero al seguir su mirada note que en realidad era la sangre seca en mis manos lo que lo había sorprendido, quise acercarme pero retrocedió, pocas veces me había sentido mal por causar ese efecto en alguien, pero hoy era una de esas veces.

—Te fuiste— sus palabras no daban espacio a la explicación, eran una verdad absoluta para él en estos momentos, —Dijiste que no me lastimarían— lo sabía, sabía que no había cumplido lo que dije y creía que no podría sentirme peor por ello hasta que escuche sus palabras y vi como sus ojitos azules se rompían otra vez frente a mí.

—Adrián— tu nombre salió con dificultad de mis labios a causa del nudo en la garganta con el que estaba lidiando en estos momentos, pero no me dejaste continuar, justo ahora solo deseabas dejar salir todo aquello que atormentaba tu mente, lo sabía porque yo había hecho lo mismo, le grite a alguien toda mi frustración, creyendo que me liberaría de ella, pero  solo conseguí remordimiento.

— ¡Todos se van… a nadie le importo, tú solo haces esto porque es un trabajo!— sus palabras no eran reales y yo lo sabía pero dolía imaginar que por un instante esos pensamientos habían cruzado por su mente, — ¡Todos se parecen a Michel, todos dan miedo!— sus manos se habían ido a su cabello comenzando a jalarlo así como debió hacerlo momentos antes de que lo conociera.

Me acerque para intentar que se soltara pero comenzó a forcejear con más desesperación que antes mientras gritaba, lastimándome con sus palabras más que con su cuerpo.

— ¡Aléjate! Tú también das miedo, tú también vas a hacerme daño, vas a irte, voy a estar solo, so…— no podía, no podía escuchar más, dolía, dolía mucho pensar que me tenía miedo, dolía pensar que no me creía, dolía saber que ahora yo era parte de las personas que lo rompían.

 

 

Silencio, por un instante las voces se callaron, por un segundo sentí calma, como si todo lo que había pasado hubiera perdido importancia de repente, era la segunda vez en la noche en la que mi espalda chocaba contra una pared pero se sentía totalmente diferente, mis muñecas no eran aprisionadas con fuerza en cambio era sostenidas con delicadeza para evitar que me lastimara, no había un olor desagradable como tabaco, por el contrario un aroma fresco de perfume tranquilizaba mi respiración, no sentía asco, tristeza o miedo, era como volver a probar el vino favorito de Sara, de sabor frutal pero aún más dulce y suave, suave, así se sentía un beso, uno lento que intentaba con cada movimiento tranquilizarme.

 No sé cuánto duro, pero por el momento todo parecía ir en cámara lenta, fue hasta que Sara se apartó que me pareció demasiado efímero, tan corto que no pude notar en qué punto mis ojos se había cerrado y que ahora al sentir la falta de contacto volvían a abrirse encontrándose con una imagen que ni siquiera hubiera podido imaginar, aquellos ojos verdes ahogándose con lágrimas que caían kamikazes por unas mejillas sonrojadas, fueron solo segundos en los que pude apreciar el rostro de Sara en aquel estado y con algo de culpa debo admitir, me ha parecido demasiado hermosa como para no mirarla.



V

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En el texto hay: suicidio, primer amor, esperanza

Editado: 17.03.2019

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