Lo que no conoces de mí.

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Capítulo 6.

Ever.

Estar allí de nuevo no se sentía nada bien. Mi corazón latía desenfrenado a su propio ritmo. Como si fuera dueño de sí mismo. La última vez que había estado en ese mismo lugar al fondo, había presenciado un funeral. Y esto no era diferente.

Sentía como si fuera a enterrarla una vez más. Como si de nuevo, mis propios ojos tuvieran que soportar la visión de su ataúd siendo bajado lentamente. Y al tocar fondo, con la gente comenzando a echarle tierra encima, de un momento a otro, quedara cubierto por completo. Era algo insoportable.

El ambiente empezó a sentirse pesado y agobiante. Suspiré y me puse de pie para poder caminar de lado a lado. Si hubiese seguido sentada, estaba segura de que me habría quedado entumida.

—¿Ever? —había escuchado su caminar antes de que hablara.

Giré y me encontré con la señora Elena, quien me sonreía tímidamente.

—Ya es hora querida —anunció con un tono sorprendentemente tranquilo.

Asentí. No tenía energía para hablar.

Me codujo de nuevo al área de asientos, con la intención de arrastrarme hasta el frente, pero, al ver mi renuencia para avanzar, se compadeció de mi dejándome quedarme al fondo.

Revisé mi teléfono: dos cuarenta, marcaba la pantalla. En esos momentos, en Oregón Portland, Rachel estaría a punto de casarse con Richard, y, oficialmente convertirse en su esposa.

Fruncí ligeramente mi ceño al recordar cómo le había dado la noticia de mi inasistencia a su boda.

—¡¿Ya viste aquel Ever?! ¡El que tiene esa flor! —Rachel señalaba un vestido azul cielo en el aparador. Era muy ajustado y corto, en la cintura llevaba una pequeña flor que lo acentuaba, y la espalda estaba totalmente descubierta. Era bonito sí, pero también era demasiado para mí.

Desde la mañana, mi tutora me había estado llevando de tienda en tienda, intentando encontrar algo que fuera de mi agrado. Pero sencillamente yo no había pedido eso. Es más, ni siquiera sabía de su compromiso hasta un mes antes de conocer a “la ampliación familiar”.

Creo que este es el indicado —me miró con dulzura—. ¡Ryan y tú se verán adorables!

Ni de broma. No podía dejar que viera mi espalada desnuda. Bueno, ni ella ni nadie. Era una de las partes de mi cuerpo que peor se lo había pasado.

¡Vamos Ever, es tu oportunidad, díselo!, gritó mi subconsciente. Respiré profundamente y saqué el poco valor que tenía escondido en algún lugar dentro de mí.

—Esto… ¿Rachel? —murmuré por lo bajo. Sentía la garganta cerrada, pero no tenía opción alguna. Carraspeé—. No voy a asistir a tu boda.

Listo. Había soltado la bomba.

Esperé unos segundos, midiendo su reacción, que instantes después me dejó boquiabierta.

Ella se echó a reír estrepitosamente, dejándome absolutamente en blanco.

—Oh Ever no digas tonterías. Claro que irás. Tú también eres parte de la familia. No te preocupes, todo saldrá bien —exclamó con aquella cantarina voz suya.

Fantástico. Simplemente fantástico. Ironicé en mi mente. Creía que estaba bromeando.

Ella comenzó a jalarme de mi brazo, por encima de mi suéter, haciendo que entrara a la tienda de vestidos. En aquel momento, el contacto no me importaba demasiado. Aunque aún sentía ese familiar cosquilleo lastimero en mi piel, a pesar de estar separada de su mano por la gruesa tela. Tenía que quedarle claro que yo no estaría ese día con ella, por más que quisiera. Que de hecho, no quería. Así que solo ignoré la sensación.

—No Rachel —frené en seco, haciendo que ella también detuviera su despreocupado andar—. Quiero decir que en serio no puedo ir.

Me miró con una chispa de diversión en sus bellos ojos, poniendo sus brazos en forma de jarra.

—Ever, deja de bromear, ya te he dicho que todo saldrá bien —me dijo sonriendo—. Se supone que la nerviosa aquí debería ser yo, no tú.

Rodé los ojos. Esta mujer no lo entendía. Tenía que ser más explícita.

—No estoy bromeando, ese fin de semana tengo que ir a México —mascullé con voz una voz tan firme que no dejaba lugar para dudas.



AMiris

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En el texto hay: misterio, amor juvenil, ficcion

Editado: 01.03.2018

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