Lo que nunca te dije

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Capítulo 7

Mi cuerpo se pone helado, como también mi cabeza, y no es precisamente por las temperaturas que mi habitación emana. Todo a mí alrededor sigue estando oscuro, pero no requiero de iluminación para saber a ciencia cierta de quién se trata. El solo sentir su tacto me ha bastado, y si no es suficiente, con hablar lo ha rotundamente confirmado.

Mi respiración está terriblemente agitada, y más cuando su brazo me rodea aún más fuerte por los hombros, consiguiendo que me quede aún más estática junto al umbral. Mi mente está bloqueada, que ni mis ojos enfocan bien muy a pesar de la oscuridad. Yo… no sé qué hacer. Ni siquiera me puedo pellizcar para saber si esto es real o solo es parte de una ilusión creada por mi cabeza por todos los estragos de mi noche antes de irme a descansar. Quiero correr, quiero gritar, quiero llorar, como también quiero vomitar, y no es por la impresión misma que me supone el momento, sino porque realmente aquí algo apesta, y es precisamente él. ¡Dios! ¡Qué asco! Realmente huele mal y no puedo soportarlo, y mucho menos si ha empezado a repartirme pequeños besos por la cabeza. ¿Pero qué demon…? No, no, esto no lo puedo tolerar, y no solo va referido al olor.

—¡Suéltame, imbécil!—me desprendo de su agarre, pero nuevamente vuelve a tirar de mí cuando intento correr hacia el baño—¡¡¡Qué me sueltes!!!

—No, Mandi, mi amor, déjame…

—¡¡¡Mierda!!! ¡¡¡Suéltame!!!—Vuelvo a gritar desesperada, pero no consigo más que otro forcejo por yo tratar de escapar, y él por retenerme más—¡¡Suéltam…!!

Y no logro terminar de expresarme porque sin yo poder evitarlo, el vómito logra escapar, manchándome a mí, a él y otro poco más para mi cama.

—Perdóname. Perdóname—Intenta acercarse nuevamente, pero esta vez logro escapar con el vómito contenido en mi mano.

Corro hacia el cuarto de baño, y sin encender las luces logro dar con el inodoro, donde aún manchada hasta los calcetines y con vómito en la mano, empiezo a arrojar todo lo que mi cuerpo se digne a expulsar. Arrojo y arrojo y no hay cuando frene esto. Quiero parar pero no puedo, y más si él permanece a mi lado. Ha encendido las luces, y ahora sostiene mi cabello mientras intenta limpiar mi mano manchada con unas toallas, lo que no hace más que ayudar a aumentar mis ganas por seguir expulsando mi vida aquí, ya que él aún sigue apestando y porque no lo quiero cerca de mí.

—¡Vete!—logro soltar en medio de una arcada.

—No, tenemos que hablar.

—Demasiado tarde pa-ra… hablar.

—Enfócate en terminar lo que estás haciendo primero.

—¡Imbé-cil!

—Lo sé. Dame la otra mano, esa también la tienes manchada.—no le hago caso y sigo en lo mío—Mi amor, dame la otra…

¡¡¡Oh, por un demonio!!!

¡¡¿Por qué no se calla de una maldita vez?!! ¡¡¿Es que no entiende que me exaspera su presencia, que no lo quiero aquí?!! ¡No puedo soportarlo! ¡¡¡De verdad que no puedo hacerlo!!!

No me importa si aún queda mucho por vomitar, lo único que sé y que quiero ahora es golpearlo. Golpearlo hasta que se calle, golpearlo hasta que desaparezca de mi vista, de mi vida. ¡¡No lo quiero aquí!!

Con esa determinación en la cabeza y con el vómito controlado logro empujarlo con fuerza, haciendo que este reciba un golpe en la espalda baja contra el mueble de los lavabos. Cierra los ojos por un momento, controlando el dolor o alguna palabrota, aun así, me vale.

—Quiero que te vayas—Suelto con furia—Ahora.

—No me voy a ir, tenemos que hablar.

—Demasiado tarde. ¿Te mueves o te muevo? No, mejor llamo a la policía.—intento regresar a mi habitación.

—Soy el padre, Mandi. Al menos dame la oportunidad…

—¿El padre?—suelto una risa con sorna—¿Dónde mierda has estado, entonces? Porque hasta donde yo sé el padre también soy yo. ¿Ah, no estabas enterado? Pues aquí te informo yo, listo, puedes irte.

—Mandi…

—Mira, yo no tengo la culpa de que el servicio postal que contraste nunca me entregara tu carta en la que informabas que vendrías tres meses después, porque de ser así, pueda que yo aún te estuviera considerando como el padre.—frunce mucho más el ceño— ¿O es que acaso lo enviaste por correo electrónico? ¿Es eso?—niego con la cabeza a modo burla—Que crees, ni por ahí me llegó tu tan afanada respuesta por escrito. Tal vez anotaste mal mi email, deja traer un lápiz para anotártelo nuevamente y por ahí me hablas. ¿O quieres hacerlo por mensaje de texto? A mí sinceramente me da igual, a ver si yo quiero responder esta vez, total, ni te necesito.—Nuevamente intento ir de regreso a mi habitación.



Carolmiranda

#460 en Novela romántica

En el texto hay: new adult, drama y amor, embarazos

Editado: 09.12.2019

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