Lo que pudo ser de nosotros

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9. Cierras o abres la puerta: ¿Qué decides?

La vida es dura, complicada, muchas veces ni siquiera sabemos qué hacer con ella hasta que se presentan circunstancias que nos hacen voltear la mirada.

Durante la mayor parte de mi vida fue todo lo contrario, nada era difícil, nada era complicado, todo era tan sencillo que podía darme el lujo de disfrutar todo lo que tenia a mi alrededor. Por supuesto, esto no era del todo cierto. En mi mente, yo consideraba que tenia la vida perfecta: un hogar feliz, muy buenos amigos, buenas notas, mucha diversión, fiestas, y el mejor chico del mundo como mi novio.

Nada me hacia falta.

Pero era necesario entender que esto no era real.

Papá le era infiel a mamá con una de las secretarias del trabajo, mamá hace tanto que no le importaba esto, solo vivía con él por las apariencias; no tenia verdaderos amigos, los chicos con los que pasaba el rato solo hablaban conmigo por interés, al fin y al cabo, las fiestas y reuniones las pagaba yo; mi novio, a pesar de que era el único que me apoyaba en todo, nunca me dijo sus gustos y preferencias, y prefirió ocultarlo hasta que me di cuenta que me era infiel con su compañero de cuarto. Supongo que lo único real eran las buenas notas, aquellas que me mataba por obtener para hacer felices a mis padres, para mantener la apariencia de hija estudiosa y responsable, la chica numero uno, la expectativa cumplida.

A veces pensaba por qué me pasaba esto a mí, pero supongo que así eran las cosas, así era mi realidad, y por más que esperaba que no lo fuera, nunca podría cambiar eso.

No supe que responderle a Jace después de esa fatídica reunión. Mi cuerpo estaba completamente muerto, mudo de la impresión. Así que solo hui, parecía lo único correcto.

Las cosas han seguido su curso, y yo solo me muevo con ellas. Ori no ha preguntado nada de ese día, y la verdad es que no quise hablar de eso. La universidad me ha tenido atada con las clases y los proyectos, que me ha ayudado a distraerme durante las mañanas, tardes y noches. He hablado con Rick desde entonces, platicamos por teléfono o por mensaje. Me cuenta que ha trabajado muy duro en un coche que llego a su taller y que le pagaran muy bien si lo arregla antes del mes.

Sobre Jace, no he hablado con él desde entonces.

**

— ¿Ya sabes qué película poner? — digo, desde la cocina.

— Estoy pensándolo muy seriamente, acción o terror.

— Odio la acción, así que terror está bien.

— ¿Segura que no prefieres ver alguna película de romance, pensé que era lo único que veían las chicas?

— No gracias, el romance no es algo que quiera ver en estos momentos.

— No me molestaría.

—Tú siempre tan tierno, pero la verdad es que no me apetece ver una hora y media sobre dos personas que se aman y que no pueden estar juntas, es demasiado triste y hoy quiero divertirme de miedo.

Rick asintió como si me comprendiera, aunque lo dudo mucho.

El olor de palomitas con mantequilla inunda el apartamento. Tres cosas el día de hoy: Es noche de películas, Ori no ha podido quedarse, tiene demasiado trabajo con el restaurante donde ahora trabaja, Rick está hoy en casa, quedamos para ver algunas películas en Netflix.

Saco las palomitas del microondas y comienzo a esparcirlas en un bol de plástico, comiéndome algunas en el proceso. Quien no haga eso, miente.

Mientras me siento en el sofá junto a Rick me percato de que su celular no ha parado de sonar desde que llego. Cuando le marqué para preguntarle si quería hacer algo en la noche su voz sonaba algo extraña, no era la misma voz risueña y coqueta que tenía todo el tiempo. A pesar de esto él no dijo que no y quedamos en mi apartamento para ver películas.

Me quedé mirando a la nada que no me di cuenta como Rick se movió para salir y por fin contestar la llamada tan insistente que marcaba a su celular. Me fue imposible no seguirlo con la mirada mientras hablaba en susurros. Rick era un chico muy apuesto, muy atento, y muy tierno. Durante los días de mi encierro siempre estuvo ahí para mí, hablándome por teléfono o mandándome mensajes para saber cómo estaba. Nunca me dejó sola, por más que me sentí así.

Después de todo lo que había pasado sentí que algo bueno estaba sucediéndome al fin. Rick era eso que había estado esperando. Admití que gracias a él estas semanas no me rompieron por completo. Yo sabía qué era lo que tenía que hacer. Hablar con él, declarar lo que sentía hacia él.

Inhale y exhale, muchas veces. Era hora o nunca, cuando regresara al sofá se lo diría.

Mis manos comenzaron a sudar, mi pie no paraba de dar golpes al suelo por los nervios, y ese maldito agujero en el estómago que me estaba dando nauseas no paraba de debilitar la poca valentía que sentía en el cuerpo.



Jimmi06

Editado: 12.03.2019

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