Lo que sucedió con Anna Kenz

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Capítulo 5

Cierro los ojos lentamente, con la música de fondo evitando que se cree silencio en la penumbra. Tarareo las notas distraídamente, no es precisamente en la música donde se hallan mis pensamientos.

Por un momento, dejo que mi mente viaje a unos años atrás. ¿Qué estaría haciendo en este instante si nada hubiese cambiado? ¿Si Anna siguiese siendo alguien importante en mi vida?

Creo que tengo un par de opciones de lo que podría estar haciendo. Cosas que no quiero recordar ni siquiera por un instante, aunque, irónicamente, es exactamente eso lo que estoy haciendo.

Me cuesta creer como llegué a ser lo que era… y sin esfuerzo alguno. O tal vez no, tal vez todo era más fácil con Anna. Ahora que lo pienso, esa no es la mejor de las características. Sino una de las peores.

Era inevitable dejarse llevar con ella. Persuasiva, insistente, caprichosa. Eso era. Antes prefería llamarle “tener carácter”. Ahora no es específicamente eso lo que opino.

Suspiro. ¿Estará realmente perdida? Conociéndola, bien podría haber generado todo este revuelo solo para huir de las prohibiciones que le daban sus padres… o directamente de ellos.

Aunque ahora, sin saber lo que realmente está pasando Anna, me cuesta pensar de este modo sobre ella.

Aun cuando es verdad.

Y así, entre pensamientos y pensamientos, cada vez más profundos y oscuros, termino por dormirme, acompañada por la suave música que inunda mis oídos aun cuando ya no la oigo realmente.

 

 

Subo las escaleras apresurada, a sabiendas de que estoy llegando tarde a clases. No estoy segura de a qué [VT1] hora dormí, pero sí de que desperté cuando ya llevaban dos horas de clase.

Bufo enojada con el despertador, que decidió dejar de funcionar porque sí.

Después de una gran reprimenda de la maestra, me deja pasar. Al menos solo perdí una clase y quince minutos de esta.

Apenas tomo asiento, soy consciente del murmullo que generó mi presencia entre los alumnos. Ay señor, ¿no van a terminar con el estupor?

—Apuesto a que estaba terminando con otra víctima suya y por eso acaba de llegar —susurra una chica a otra, a dos pupitres del mío.

—No, yo creo que estaba haciendo una lista con los candidatos más honorables para ser asesinados, ¿te imaginas? Por dios, ¿y si estamos en esa lista?

El chillido agudo de la chica no solo captó mi atención, sino también de todos en la clase. Sin embargo, haciendo acoplo a mi “fuerza de voluntad”, saco el bolígrafo que tuve que guardar en mi escote sobre la marcha y empiezo a copiar las anotaciones del pizarrón, notando sin embargo que la quietud se rompió todavía más desde las palabras de la chica.

Los murmullos no cesan y la voz de la maestra a duras pena llega a oírse por encima de todos.

—¡Ya basta! ¡Como alguno de ustedes vuelva a abrir la boca para decir algo que no sea referente a la lección, será suspendida toda la clase! Sin excepciones —añade por último, mirando a todos con la furia destellando en sus ojos. Por último, deja caer su mirada en la mía tan solo por un segundo, dando un asentimiento leve.

Casi quiero sonreír al ver que está de mi lado.

Escondo mi rostro entre mis cabellos rizados, esperando a que la maestra Ross vuelva a explicar. Y cuando lo hace, no hay ya alma que se atreva a hablar, más por el temor de ganarse el odio de la clase al ser suspendidos todos.

Cuando la clase acaba, puedo asegurar que fue la clase más tranquila que tuve en toda mi existencia. Salgo como un rayo luego de recoger mis cosas y guardar mi bolígrafo en un sitio más adecuado.

Aunque una mano en mi brazo detiene mi caminar apresurado.

—¿Estás bien? —inquiere Dev, señalando con la cabeza la clase de la que acabo de salir.

—¿Tienes esa clase conmigo? —Extrañada, le observo. Jamás lo había visto allí.

—En efecto —sonríe suavemente—. Entonces… ¿todo bien?

—Sin dudas. Solo… no creo que la amabilidad que estás presentando sea tan auténtica como la quieres pintar.

Me cruzo de brazos sin apartar mi mirada de la suya. De un día para otro, simplemente ya no podía quitar su cuchara de mi sopa.

—No me sorprende. No he sido una persona amable en mucho tiempo, te aseguro que está costándome, pero estoy intentando ser franco.

—¿Por qué?

—Porque tienes que estar en mi equipo.

Entrecierro los ojos, negando con la cabeza.

—En otro momento lo hablaremos, Dev. —Me volteo y lo abandono en medio de pasillo. Las paredes escuchan y no estoy dispuesta a compartir nada de lo que tenga que ver conmigo, al colegio.

Mis pies pican por escapar de clases con él y pedirle que suelte todo lo que tenga que soltar, tan solo para estar informada de cada cosa que sea posible.

Pero no es posible, porque ya perdí muchas clases por hoy como para perder más.

A metros de mi siguiente clase, veo a Tony caminar en mi dirección con su rostro bañado en rabia. Los puños los mantiene apretujados, lo suficiente como para que sus nudillos se vuelvan blancos, aun cuando él tiene la piel bastante trigueña. Su cabello largo hasta los hombros y repleto de rulos se balancea con cada paso duro y pesado que da y sus ojos negros como la noche parecen desprender fuego.



Verónica Taboada

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En el texto hay: naciente amor, inculpados y sospechosos, desaparicion

Editado: 21.09.2018

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