Lo que sucedió con Anna Kenz

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 6

En resumen, caminamos todo el tramo de la biblioteca hasta la oficina del director, escoltados los cuatro por el agente. Aparentemente la maestra de filosofía estaba “preocupada por mí” al tardar más de lo necesario en llegar y alertó al supervisor de mi repentina “desaparición” y fueron en mi busca.

Fantástico.

Que me encontraran con Tony el King Kong furioso crea problemas, Dev el posible traidor y Nick el chico que no está en mi lista de contactos no hace nada, pero nada fácil la situación.

Sobre todo porque sé que hay algo más, y sospecho de lo que puede ser.

Finalmente entramos a la oficina. Yo me senté y Nick también. Tony y Dev permanecieron parados a falta de asientos.

La mirada del director Roberts ni siquiera se molestó en caer sobre nosotros. Incluso él simuló no notar nuestra presencia con descaro. Creo que eso no iba de acuerdo a su papel de director y que no era la única que lo creía, teniendo en cuenta la mirada mordaz que le soltó Tony, apoyado en la pared de mi derecha, cuando su señoría al fin decidió dejar de fingir que no estábamos allí.

—Athens, está consiguiéndose mucho más que una amonestación con sus actos. Mucho, mucho más. Me está hartando con sus mentiras y jueguecitos de nena de primaria.

Abrí los ojos con sorpresa, intentando saber qué cosa tan mala había hecho y no sabía.

—¿Disculpe? Me retrasé al ir a la biblioteca, sí, pero perdóneme usted por tener necesidades primarias como descargar mi vejiga —reclamo dejando los malditos libros sobre su escritorio con fuerza, arrepintiéndome de mi acto un segundo después de llevarlo a cabo.

—¿Necesidades primarias? ¡Por favor! Le creería, pero creo que ya le he dado muchas oportunidades para ser sincera y evidenciar su inocencia y las desperdició. ¿Ustedes la ayudaron?

Se levantó de su asiento giratorio y, con una panza cervecera de primera —o así quería pensarlo yo—, empezó a caminar por el cuarto pequeño, con las manos enlazadas en su espalda. Sus ojos ardían decididos y dominantes.

—Señor Roberts, creo que está equivocándose gravemente. —Sin pensarlo me levanto yo también, rebasándole por una cabeza. Mirándolo desde arriba, puedo afirmar que mis sospechas eran verdaderas—. Escúcheme, por favor.

—¡No! ¿¡Ustedes la ayudaron sí o no!?

Dev me mira ladeando la cabeza, pero sin responder al director. Nick, por el contrario, niega apresurado con la cabeza, intimidado. Desde ahora será Nick el cagadín. Cuando veo a Tony, él observa decidido al señor Roberts.

—Nunca tendría el suficiente contacto con ella como para ayudarla en algo, créeme, Roberts. —La burla en su voz es casi palpable, pero ni por asomo consigue ofenderme, si es lo que busca.

—Director, creo que imagina que los carteles los quité yo. ¡Pero no fui yo! Cuando la maestra de filosofía me pidió buscar estos libros ya estaba así, ¡por Dios! Estoy segura de que alguien tuvo que verlo antes de que saliera, solo pregunte.

—Athens, el problema es que alguien reportó haberte visto arrancando los carteles.

Cierro los ojos con fuerza y me dejo caer en mi asiento nuevamente. No puede estar pasándome esto.

—¿Sabe qué? Deme mi maldito castigo de una vez. —Prácticamente le ordeno al director pero mirando encolerizada un punto cualquiera en la pared.

—No, señorita Athens. Esta vez no hay castigo alguno. —Su tono misterioso consigue captar mi atención de nuevo. Contengo mis ganas de partir su escritorio en dos, solo porque me dolería más a mí que a él o al escritorio.

—Expulsión.

Expulsión… expulsión… expulsión.

La palabra se repite como un eco molestoso en mi mente, que pronto se queda en blanco.

Dev me mira sorprendido. No estoy muy segura de que crea que no soy la culpable del acto, pero sí estoy segura de que a Tony no le sentó muy bien la noticia.

Creo que prefiere tenerme de marioneta, como una muñeca de porcelana a la que manejar a su antojo con amenazas, a quedarse sin su diversión.

Nick, sin embargo, mientras a él no lo expulsen también, va a estar totalmente tranquilo e ignorante.

Sin poder evitarlo, mi cuerpo sin mi permiso se encoje en el asiento incomodo, pero apenas soy consciente de tal acto, me reincorporo e intentando manejar mis emociones murmuro:

—Pues bien, expúlseme entonces.

—No puede expulsarla sin saber si en realidad ella lo hizo. Muchas personas quieren verla lejos del instituto, porque le temen por culpa suya, director. No debe de sorprenderlo que la inculpen.

—No puedo expulsarla solo por esto, pero lleva ya una lista lo suficientemente grande de cosas por las que sí puedo expulsarla, y a ustedes detrás de ella.

En ese momento, me resigno a cualquier tipo de salvación, incluso a pesar del intento de ayuda por parte de Dev. De un modo u otro, una parte de mí sabía que en algún momento llegaría la situación a este punto. El punto en el que pierdo mi último año al ser expulsada. Sí, lo admito, no he sido la persona más correcta del mundo, pero si no tuviese nada que ver con el tema de Anna Kenz, ¡no habría llegado al punto de ser expulsada!



Verónica Taboada

#3788 en Thriller
#2163 en Misterio
#1666 en Suspenso

En el texto hay: naciente amor, inculpados y sospechosos, desaparicion

Editado: 21.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar