Los brazos de la muerte, Tomo 2

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Diez.

Padre.

 

Domenicus Talin como lo había dicho, viajó a un lugar del mundo mágico que era en verdad hermoso y aterrador, un tanto tranquilo, pero a su vez peligroso. Al que muy pocos tenían acceso, solo aquellos que estaban libres del destino podianentrar. Un lugar que paresia estar en tensa calma, casi todo el tiempo. Pero en realidad, esto solo era apariencia, pues ahí las cosas funcionaban de un modo tan armonioso, que en ocasiones daba miedo.

 

Llegó a uno delos jardines masgrandes y hermosos del lugar, este era inmenso, en realidad paresia un pequeño bosque. En este se encontraba una gran fuente, que media ciento setenta metros de diámetro, en el centro de esta tenia una especie de torre no muy alta, en donde se podían encontrar labradas imágenes dragones, unicornios, elfos, muchas criaturas mágicas de las que incluso se creían extintas. El agua que salía por la torre provenía de un manantial muy antiguo, pero no salia de ese lugar.

 

Este lugar se encontraba en medio del Bosque de los Murmullos, un bosque tan antiguo como el tiempo mismo. En el se podían escuchar conversaciones, casi en secreto. Eran las conversaciones que sostenían criaturas, que alguna vez habían gobernado el mundo mágico. Incluso el mundo mortal, criaturas de poder infinito.

 

Se paro cerca de la gran fuente, observaba en calma, era tan cristalina. Tenía el reflejo de muchos colores en su interior,como si allí se posara un arcoiris. En silencio desarrolló sus salas y se coloco en escuadra, colocando una de sus manos sobre el fino césped color amarillo rojizo de lugar.

 

— ¡Padre! —llamó con tranquilidad, clavando su mirada en el césped.

—Sea que has venido, Domenicus Talin —dijo una voz muy extraña que sonaba como mil voces al mismo tiempo, en ocasiones era un poco difícil entenderle, solo lo lograba quien estaba listo para escuchar lo que tenían que decir.

— ¿Porque lo permitieron? —interrogo Domenicus levantando un poco la cabeza, para poder verlo —Ella es…mi hija.

—No puedes salvarla, de su propio destino —dijo Ydati, creador de aquellos seres de luz y magia, extendiendo un brazo con calma.

— ¿Porque la ocultaron? Ustedes nos crearon con un propósito —interrogo en tono de suplica, sacudiendo su cabeza.

—Hijo mío, el más valiente… aquel que controla su destino, tu hija tiene un propósito que será revelado a su propio tiempo… es ella quien debe encontrar sus propias respuestas —respondió Ydati con un tono de ternura en sus mil voces, él Hasselvi sintió un atisbo de reserva en su padre.

 

La apariencia de Ydati, era la de un cuerpo vaporeo de un gris azulado. En el cual sólo se podían ver unos ojos extraños de un azul marino muy intenso. Aquel ser mágico era el padre de todos aquellos guerreros denominados blancos, de sangre pura o no. Todos los descendientes de estos eran a su vez hijos de Ydati, este también tenía los hijos convertidos o adoptivos. Como en algún punto de su vida había sido Lukyan Aleksei.

 

— ¿Porque permitiste, que esto sea así? —la tristeza en Domenicus podía escucharse en su voz. Lentamente se puso de pie, cosa que en alguien mas se tomaría como falta de respeto —¿Por qué me dejaste pasar por todo esto?.

 

—Hijo mio, no puedo hacer nada por su destino… el de ella esta logado a de odos, no puedo cambiarlo de ninguna forma —le parecio peculiar que su padre habara en lengua humana, por lo regula lo hacia en un lenguaje muy antiguo.

—¡Eres mi padre! No entiendo porque no ayudarme.

—Se que somos sus padres… pero hace mucho tiempo, decidimos dejar que decidieran por sí mismos —dijo Ydati con tranquilidad, lo que al Hasselvi le paresia una disculpa por su proceder —Sus destinos se forjan y cambian juntos.

—Dejaron que culpara y castigará, a un ser inocente… dejaron que Kadesh muriera, dejaron que Zardok se llevará a sus hijos… y que Jena muriera, dejaron a mi hija sola, una hija que ustedes mismos ocultaron —reprocho molesto, la ira se podía escuchar en cada palabra que salía de su boca.

—No queríamos que sufrieras… pero desde el inicio decidimos no intervenir hijo mío —explicó Ydati con sutileza, lamentaba el dolor que le había causado sin duda a uno de sus hijos más amado.

 

Domenicus no solo se sentía molesto, se sentía defraudado. Pero también era conciente que el destino de todos ellos, como su padre había dicho, se desarrolla y cambia juntos. Paraun ejemplo mas claro, pensó en Morgana Grossi, Owen Hallow y Hairina Dea… los dos primeros se unieron a la ultima para tratar desalvar a Charlotte, pero la ultima tenia otros planes…



C. L. Hoffnung

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En el texto hay: bien vs mal, magia, seresmagicos

Editado: 07.02.2019

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