Los brazos de la muerte, Tomo 2

Tamaño de fuente: - +

Tres.

Descubrimiento.

 

Domenicus Talin y Lukyan Aleksei cruzaron las puertas de Balbek, casi al atardecer. La ciudad era mejor conocida como “La ciudad de Plata”. Los edificios y calles habían sido construidos de rocas blancas extraídas de una de las siete minas de la ciudad, lo que provocaba que sus edificios y calles al atardecer reflejaran el sol, haciendo que un brillo color plata se lograra ver desde lejos. Un lugar claro, blanco y cómodo.

 

Las calles empedradas deprincipo a fin de la ciudad, con casas confortables muy grandes. Construcciones ostentosas y atipicas, agradables a la vista. En ella hay árboles de aromas deliciosos, como la Jacarandá, el Laurel entre otros, la naturaleza rodeada las casas y calles, dándole la apariencia un vecindario citadino de cualquier ciudad del mundo.

 

Esta ciudad es enteramente blanca, por sus calles solo pueden transitar los clanes blancos, cualquier oscuro que se atrevieron a pisar esas calles sería asesinado sin pensar, sin siquiera interrogar el motivo por el que se estaba allí. El sol estaba en casi por ocultarse, cuando ellos estaban en la puerta éste de la ciudad, que como la mayoría de las demás ciudades ocultas tenia solo cuatro puertas dirigidas por lo regular a los distintos puntos cardinales.

 

Al momento en que algunos de los que habitan la ciudad se percataron de la llegada de ambos, fue como si la ciudad se hubiera regresado más de doscientos siglos en el tiempo, todos los observaban con extrañeza y precaución, nadie se atrevió a atacar debido a que Lukyan Aleksei iba acompañado de Domenicus Talin. Aun cuando las reglas de la ciudad le prohibían al Zelldre estar ahí, la protección y el respeto que le tenían a Domenicus bastaban para protegerle. El clima de la ciudad era caluroso, el cielo completamente despejado y el viento no se atrevia a correr.

 

—Tú conoces la ciudad, guíame —indico Domenicus en tono irónico señalando hacia una de las calles principales de la ciudad.

—Aprovéchate… solo en esta ocasión seré tu radar.

 

Respondió Lukyan entre diente, molesto, comenzó a caminar hacia la calle central, soportando las miradas y comentarios de todos. Dentro de si el Zelldre sonreía, no solo por el placer de volver a aquella ciudad, además por el odio de los Hasselvi que se enfurecían al verlo y saber que tendrían que contenerse. Secretamente deseaba que uno de ellos perdiera el control, solo uno. Llegaron al final de la calle que daba justamente a la entrada de un muy antiguo cementerio.

 

— ¿Dónde? —Interrogo Domenicus viendo a Lukyan que se había quedado parado frente a la puerta del cementerio, como si este no quisiera entrar.

— ¡Allí! —respondió el Zelldre señalando un antiguo y hermoso mausoleo, de color gris concreto.

 

Este estaba edificado en forma de octágono desde su base, con arcos en cada cara de este, en un segundo nivel un octágono más reducido, adornado por una cúpula, del mismo tono que sus paredes. Entro al cementerio aparentando una calma que no sentia, sin percatarse de que alguien se acercaba a ellos.

 

— ¿Qué hace el aquí?

 

Les interrogó una mujer de apariencia tierna, de ojos marrón muy grandes. Atlética, de rasgos medios, de casi docientos centímetros de estatura. Piel blanca, de cabello marrón a la cintura, de nombre Herne Fior.

 

—Esta buscando a alguien —explico Domenicus, deteniendo se a un lado de ella. Ambos observaban con calma al Zelldre.

— ¿Viene contigo?

—Así es.

 

Respondió Domenicus con algo de reserva observando a Lukyan, el Zelldre abrió la puerta del mausoleo y se quedó parado en el umbral, paresia estar indeciso de continuar. Frente a él se encontraban unas escaleras que descendían una altura de metro y medio, al final de este un pequeño corredor que los llevaba a una plataforma flotante en forma de octágono.

 

Los candelabros de las paredes estaban encendidos, eran de color azul, del mismo fuego de la Torre de los Dragones. La plataforma estaba rodeada de agua, se veía en talidades azules, por la roca del suelo. En la plataforma se encontraban dos féretros de roca, el del lado izquierdo se veía mas reciente, que el otro.

 

—Lo lamento Kadesh… no he venido por ti —susurró entrando al lugar dirigiéndose a la tumba que estaba del lado izquierdo, coloco su mano sobre la tapa de piedra y la quitó, ésta se partió en dos cayendo del otro lado de la tumba.



C. L. Hoffnung

#6162 en Fantasía
#2734 en Personajes sobrenaturales

En el texto hay: bien vs mal, magia, seresmagicos

Editado: 07.02.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar