Los brazos de la muerte, Tomo 2

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Cuatro.

Sucesos extraños.

 

Charlotte los había llevado inconcientemente a su hogar, quizá pensando en que al estar entre esas paredes conocidas, todo volvería a la normalidad. Pero, las cosas no sucedieron así, su vida y su ropio ser había dado un giro de 180°, entonces nada estaba en donde recordaba y nada volvería a ser lo que quisiera.

 

Después de un rato de gritos, reclamos, golpes y algun que otro ataque mágico, callo al suelo agotada. Se sento en el suelo tratando de no ver sus propiasmanos, de no ver su propia piel. Entonce el silencio reino en su casa, ella trataba de meterla cordura en su cabez, pero era tanto que no lograba entender. Aunque en esta ocasión ellos tampoco lo hacían, nadie en el mundo mágico podría explicarlo.

 

— ¡Eso es una práctica común en el mundo mágico… nunca había pasado esto! —explicaba Domenicus Talin, recargado en el muro de la gran sala en casa de Charlotte.

 

Trataban de entender que es lo que había pasado con ella, debido a que ese era un proceso “normal” que en realidad no representaba riesgo alguno. Hasta ahora… Llevaban ya un par de horas discutiendo sobre lo ocurrido, Charlotte era completamente distinta a lo que recordaban, no solo en su aspecto físico. Un cambio que sospechaban seria irreversible.

 

—…Debieron dejarme… donde estaba —reclamó Charlotte parada frente a la ventana, con los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada perdida, como si hubiese llorado por largo tiempo. — ¡Ahora ni siquiera se que soy! —concluyo en un suspiro con nostalgia en su voz, se escuchaba como si en cualquier momento fuese a derrumbarse en un amargo llanto. —¡No se que soy!

—Esto es tan fácil como ser un Vigilante, debes averiguarlo —respondió Lukyan sentado en el sofá a espaldas de ella, tratando de sonar natural.

 

Sin duda de los tres era el más afectado con esto, por todo aquello que guardaba en su corazón. Sabia que sus palabras sonarian bruscas, él no esperaba que ella aceptara esto de la noche a la mañana. Pero, ¿Qué mas podía decirle?

 

—Quizá para ti… ustedes nacieron así —les recordó ella con amargura en su voz casi en silencio, observando el color gris oscuro de las nubes que cubrían el cielo, hasta donde la vista alcanzaba. —La última vez que estuvimos juntos… fue hace casi mil quinientos años y del mismo modo que entonces, ustedes dos cambiaron mi vida

 

 Domenicus y Lukyan se miraron uno al otro con extrañeza.

 

—Las cosas son distintas…

— ¿Donde estaban sus Vigilantes? ¿Porque nadie habló jamás? —interrumpio a Domenicus  sorpresivamente.

—Yo no tenia… siempre he estado sin sombra —resppndio Lukian un tanto incomodo.

 

Charlotte de un momento a otro recordó parte de su pasado, había demasiados espacios vacíos en su memoria.

 

—Eso es algo en lo que jamás había reparado —respondió Domenicus meditando cada una de las palabras de Charlotte.

—Quiero que me dejen sola —pidió ella en un tono triste, volviendo lentamente a verlos.

—No debes estar sola, tenemos que averiguar que sucedió —le aconsejo Domenicus.

 

Lukian la observaba en silencio, quería decir algo pero… ¿Qué?

 

—Necesito estar sola.

—Charlotte…

— ¡Largo! —gritó Charlotte y desapareció al Zelldre junto con el Hasselvi.

 

Estaba demasiado furiosa para percatarse de lo que había hecho, ella simplemente había deseado que se esfumaran de su vista. Lentamente, como si apenas pudiese moverse, se volvió a la ventana. Unas gotas de lluvia comenzaban a caer sobre el jardín.

 

Se quedó frente a la ventana en silencio.

 

Charlotte había enviado a Lukyan y a Domenicus a Somery, una ciudad hermosa. Tan solo el estar ahí, podía provocar emociones distintas en el corazón. La vida en ese lugar era tan basta, que nunca se podía estar solo. Ningún guardián, de ningún clan habitaba en este lugar, Somery, era hogar de elfos, hadas y dragones, entre otras especies de vida mágica.



C. L. Hoffnung

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En el texto hay: bien vs mal, magia, seresmagicos

Editado: 07.02.2019

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