Los brazos de la muerte, Tomo 2

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Cuatro, Justicia.

Pecados pagados.

 

— ¿Cuánto tiempo más, vamos a seguir esperando? —interrogo Owen Hallow, sentado en una vieja silla. Dentro de la pequeña habitación donde se encontraban, no había nada de su mundo, no quedaba rastro de quienes fueron — ¡Ya han pasado meses! —recordó con un atisbo de esperanza en su voz, como si hubiera sido un rayo iluminando la oscura noche. —Quizá ya nos olvidaron… quizá podemos volver a…  volver a nuestras vidas o lo que queda de ellas.

 

Ya lucia ojeroso, cansado, mal alimentado, muy pálido. El color miel de sus ojos había desaparecido, su piel blanca era cubierta por capas de polvo y sudor, lo que le hacia ver mucho mas viejo de lo que en realidad era. Su cabello negro se veía grisáceo como el de un anciano, su cuerpo había perdido mucho peso, su estatura de 201 centímetros parecía que había sido reducida por la forma en la que se encorvaba al caminar.

 

No habian comido nada en mese, difícilmente habian viso el sol.

 

—No podremos hacerlo, ya no tenemos una vida… Lukyan no olvidara jamás —le dijo Morgana para matar cualquier esperanza que Owen guardara, ella se encontraba parada frente a la ventana de marco de madera que habían cubierto con un color oscuro. Para evitar que el mundo del que escapaban no los alcanzara… al menos eso pensaban.

 

Ella tenia la certeza de que tarde o temprano él los encontraría, si no es que ya lo había hecho y solo estaba esperando el momento adecuado para poder joderlos. Pero, también tenia la certeza de que podría entregalos como premio a cualquierade los suyos, de una u otra forma ellos estaban muertos.

 

De pronto se escucharon unos ruidos extraños fuera de la cabaña donde habían estado ocultos por meses, desde la muerte de Charlotte. Habían dormido muy poco en todo ese tiempo, cada vez estaban más paranoicos.  Morgana sabia que era más larga la espera, que el castigo que tarde o temprano lo recibirían.

 

— ¿Qué fue eso? —Owen susurro alterado, fijándola vista en la ventana, guardando silencio y aguzando el oído para definir que era el ruido que había escuchado.

—Quizá fue un gato —respondió Morgana ocultando su temor, tratando de tranquilizar la situación.

 

Habían estado en esa pequeña cabaña por muchos meses, en ocasiones sentían que no sabían si era de díao de noche. No habían podido hablar con nadie, los que habían participado en tan atroz ataque.. Todos simplemente habían desaparecido. Morgana Grossi se quedo en completo silencio, cuando sintió una calida brisa que rozaba su mejilla. Sabía que ya había llegado el momento de pelear por su vida, pero también sabia que no podrían ganar.

 

— ¡Parezco, pero no soy un gato!

 

Dijo una voz muy aterradora a espalda de la Wizdart, su cayado estaba del otro lado de la habitación. Podía sentir como su sangre se helaba en cuestión de segundos, habíaesperado este ataque por mucho tiempo y había cometido un error de principiante. Owen se puso de pie en un brinco tratando de alcanzar el cayado, pero no tenia ni la fuerza, ni la velocidad para hacer algo.

 

—Ni lo pienses niño —sentencio Awen lanzando un athame que pegó certeramente en el pecho de Owen, el impulso que este llevaba lo hizo recargarse en la pared tan bruscamente, como si lo hubieran estrellado en ella, se dejó caer a causa del dolor.

 

Se quedo ahí sentado tratando de sacar el athame de su pecho, sintiendo que sus esfuerzos eran en vano. Morgana se movió con rapidez y tomo su cayado, quizá ahora si tendrían una oportunidad.

 

Talap shilo —hilos de plata —gritó la Wizdart apuntando con el cayado en dirección a Awen, de este salió una red de hilos de plata parecida a la de la telaraña, que el Zelldre logró evadir con gran facilidad.

 

Se paro frente a ella, agitando su dedo índice, para indicarle que no debió hacer eso. Con calma levanto su mano derecha, de ella salió una red idéntica a la que Morgana le había lanzado, cubriéndola punta del cayado. Ella lo observaba con los ojos tan abiertos que parecía que se iban a desorbitar, se suponía él no podía hacer eso… no debia podido hacerlo.

 

—Se llama deflexión —explico Awen con sarcasmo — ¿Sabes de dónde provienen tus orígenes? —Interrogó el Zelldre, la Wizdart no comprendió la razón de la pregunta —Tus antepasados eran Vigilantes que usaban el don de los malditos para viajar entre las sombras. Ansiosos de poder robaron la magia y los secretos antiguos de los elfos. Solo traicionando y matando lograron ocupar un lugar entre los guardianes —explicó con presunción, esa era una historia que muy pocos conocían. —Por ello fueron condenados a muerte.



C. L. Hoffnung

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En el texto hay: bien vs mal, magia, seresmagicos

Editado: 07.02.2019

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