Los brazos de la muerte, Tomo 2

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Cinco, Despedida.

Vida.

 

El tiempo había transcurrido tan rápido que parecía solo había sido en un pestañeo, la gran mayoría se habían olvidado de los detalles en sus vidas, habian olvidado cosas que había desaparecido. Pues estaban tan distraídos con el barullo de sus obligaciones, que no prestaban atención a lo importante. ¿Quién lo hace al paso del tiempo?  La costumbre, y el tiempo mismo, lograban que esto pasara. Las cosas se estaban acomodando lentamente, la clama volvía, con demasiada rapidez.

 

Los acontecimientos relacionados con Charlotte Ferrec habian conmocionado a todos, se habian tardaddo un tiempo en acepar lo qu estaba sucediendo, algunos aun no se hacían a la idea de la posibilidad de que algun otro humano o vigilante se convirtiera en un guardian. De ser esto posible, tarde o temprano los superarían en numero y entonces se saldrían de control.

 

Los Vigilantes estaban reunidos en Tellmon, como de costumbre estaban en medio de una de  reunidos para la asamblea general, a la que Madaris Laer había convocado en el auditorio acostumbrado del centro de la ciudad. Todo era tan usual, como de costumbre, dentro de ese lugar; para como las cosas en el mundo mágico estaban cambiando a pasos agigantados, del mismo modo en que lo hace en el mundo mortal.

 

La reunión que esa noche se estaba llevando acabo era de un orden tan simple, que algunos de los reunidos denotaban su aburrimiento, en sus rostros, algunos incluso estaban quedándose dormidos.

 

—Bien, entonces el nuevo orden, quedará así —explicó Jair Omasis con calma releyendo unas hojas que tenia en sus manos —Estefan Mondragón tu asignación a partir del día de hoy es del clan Darlok Lukyan Aleksei… aún que Charlotte Ferrec no pertenece ningún clan, tampoco pertenece a nosotros… Pero le debemos la oportunidad de decidir, debemos permitirle a uno de los más antiguos romper las reglas y acercarse a ella… es pero aceptes esta misión Alexander —le  dijo Jair viendo al Vigilante los ojos.

 

Alexander Bradford estaba sentado en la primera fila de butacas del auditorio, justamente frente a Jair. De todos losvigilantes fue el único que estuvo completamente de lado de Charlotte, él no la culpaba por lo que paso y deseaba saber que había ocurrido. De ser posible evitar que esa tragedia le ocurriera a otro, de tres postulantes para ser su sombra, él fue el elgido.

 

—Será un verdadero placer —respondió Alexander casi en silencio, entrelazando sus dedos sobre sus piernas.

—Gracias Alexander… —murmuro Jair, se aclaro la garganta antes de continuar. —Bien el nuevo Vigilante del ainon Mink Nored es Carlos Pathon.

 

Charlotte Ferrec apareció en el auditorio a una altura de dos metros sobre el escenario, interrumpiendo a Omaisis. Nadie podía reconocerla, pero estaban alterados por la intromicion de un guardian en ese ligar. Estaban entre atacar, esperar o salir corriendo. ella descendió con calma observando los rostros de quien alguna vez fueron sus aliados, sus enemigos y, de los pocos que fueron sus amigos.

 

—Siempre creí que Madaris Laer era el líder, te desapareces un par de meses y todo es un desastre —dijo Charlotte con sarcasmo, viendo a Jair de reojo.

 

Madaris se puso de pie cautelosamente y caminó hasta ella, observándola con curiosidad. Algo familiar había en aquel extraño rostro que se dejaba ver por vez primera, pero ni siquiera su voz era la misma.

 

—¿Charlotte?

—Lo sé Madaris, ni siquiera estoy segura de ser la misma —hablaba calmadamente, moviéndose de un modo casi inpersetible, el silencio dentro del gran auditorio era sepulcral, ni siquiera se escuchaba respiración alguna.

—Ahora… eres un guardián —le dijo Madaris con amabilidad, que más bien pareció pesar en su voz —Eres uno de ellos.

—Los sé, lo cierto es que no tengo clan, precepto o identidad… ni siquiera una verdadera raza —dijo con calma y un atisbo de tristeza en su voz, como lo diría cualquier persona que se encontrase perdida y sin memoria alguna —Pero ya no pertenezco aquí.

 

Nadie se atrevía a romper el silencio, aquel rostro dulce y violento que habían visto e incluso soportado por años, había desaparecido. Ahora frente a ellos emergía el rostro de un ser con poderes desconocidos e incluso con un lugar dentro de ese extraño mundo. Charlotte había comenzado a sentirse un poco incomoda, por las miradas extrañas de los Vigilantes.



C. L. Hoffnung

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En el texto hay: bien vs mal, magia, seresmagicos

Editado: 07.02.2019

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