"Los Cuentos de Príncipes sin Princesas 2"

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Un Pequeño Héroe y un Príncipe Cobarde -4° Parte-

—Papi, ¿No vas a dormir?

—En un rato. Hay mucho trabajo pendiente. Me gustaría terminar al menos este vestido antes de acostarme.

—Pero estás cansado...

—No te preocupes por mí, vete a dormir; ya me has ayudado bastante y mañana será tu primer día en la escuela. ¿No estás emocionado?

—¡Sí! ¡Mucho! Voy aprender muchas cosas y hacer amigos.

—Bien, entonces si quieres hacer eso mejor vete a dormir.

Esa noche, como tantas otras, Aidan y su hijo estaban en su cabaña del bosque. El padre estaba ocupado con sus muchos pedidos y el pequeño Tom se disponía a dormir. Afuera caía una fuerte lluvia, pero nada que pudiera preocuparlos ya que la cabaña les ofrecía un muy buen y cálido refugio. Aunque de pronto un muy fuerte ruido les alertó: Parecía que algo muy pesado había caído sobre las tablas del piso de la entrada. Padre e hijo corrieron a asomarse.

—¡Papi! ¿Eso es un oso?

—No, no lo creo...parece ser... ¿Un hombre? Sí, creo que es una persona, sólo que está cubierto con un grueso abrigo peludo.

—¡Necesita ayuda! Quizás esté herido.

—¡No, Tom! ¡Espera! No abras la puerta, no sabemos quién es. Podría ser un bandido, un asesino...

—Pero podría ser también alguien que necesita nuestra ayuda, papi. ¡Tenemos que hacer algo!

—Bien, espera aquí... Yo saldré a ver.

Aidan buscó el arco y las flechas y levantó el cerrojo de la puerta. Salió de la cabaña y temblando de miedo se acercó al hombre, Este estaba tirado inconsciente sobre el piso de tablas. Tom, que era extremadamente curioso, se asomó en la entrada para ver qué ocurría.

—¿Está vivo, papi?

—¡Tom! ¡No salgas! Cierra la puerta...

—Pero si cierro la puerta, ¿Cómo vas a entrar?

—¡Sólo hazme caso!

Aidan tocó con la punta del pie el cuerpo del hombre, pero no esté no reaccionaba. Tomó algo de valor y decidió inclinarse para revisarlo. Logró voltearlo hasta ponerlo boca arriba, estaba muy sucio ya que se había embarrado por la lluvia, asi que limpió su cara y notó que era un hombre joven; no tenía el aspecto de ser un cruel asesino pero cuando levantó su abrigo vio que estaba muy bien armado esto le preocupó.

—¡Papi! ¡Papi! ¿Qué tiene? ¿Está herido?

—¡Tom! ¿Qué haces aquí? ¡Regresa a la cabaña!

—No te preocupes, no va hacernos nada...está inconsciente. No parece ser un hombre malo.

—Que no lo parezca no lo hace menos peligroso. Mira sus armas, definitivamente no es un cazador, ni un aldeano perdido.

—¡Oh! ¡Es un guerrero!

—O un asesino. No me confío...

Aidan volvió a tocar al desconocido y notó que estaba ardiendo en fiebre, estaba muy enfermo: pero estaba muy preocupado ya que no quería exponer a su hijo a una posible amenaza, asi que no sabía qué hacer.

—Papi, ¿no vamos ayudarlo?

—Yo...no sé. No me atrevo a meterlo en la cabaña. ¿Qué si luego despierta y nos ataca?

—¡Pero no podemos dejarle aquí afuera bajo esta lluvia! Podría morirse. Sólo tenemos que esconder sus armas y atarlo, papi. Asi podremos meterlo a la cabaña y no será una amenaza.

—¡Eres muy astuto, hijo! ¡Ve por una soga! Yo lo desarmaré.

Y asi hicieron. Luego de desarmarlo y atarlo, Aidan arrastró al desconocido hasta la cabaña. Tom extendió una tela gruesa sobre el piso, cerca de la chimenea y allí le recostaron. De inmediato Aidan le quitó el grueso abrigo de encima que estaba muy empapado por la lluvia y le cubrió con una confortable manta. Se dispuso entonces a buscar hierbas para prepararle un brebaje contra la fiebre.

El desconocido parecía tener no más de veinticinco años, era bastante alto y se notaba muy fuerte, sin duda un hombre de armas. Era de piel blanca aunque se veía bastante tocada por el sol. Su cabello era oscuro y algo crespo, bien recortado; por lo que no era de nobleza. Tenía una ligera barba descuidada, quizás por sus muchos días fuera de su hogar. Al detallar su rostro en la luz y libre de barro, Aidan notó que el extraño era bastante apuesto, pero no por eso iba a confiarse de él de buenas a primeras.

Tom se quedó dormido sobre una de las mantas cercanas al desconocido. Su padre le levantó de allí y lo llevó hasta su pequeña camita que estaba sobre una mesa al lado de su cama. Pero él estuvo toda la noche despierto; cuidó del extraño, le dio de beber del té de hierbas, colocó compresas sobre su cabeza y se aseguró de que se mantuviera bien abrigado. Hizo todo esto hasta que al amanecer cayó rendido a su lado.

—Tom, despierta. Tienes que ir a la escuela...

El pequeño despertó con mucha pereza, restregó sus ojitos con sus manos y bostezó estirando sus brazos de forma muy tierna. El olor al pan tostado y el queso de cabra derretido sobre mantequilla le emocionó. Saltó desde su camita al piso y se dispuso a ir a comer, pero Aidan le sujetó con la punta de sus dedos por su chalequito y lo puso frente a un espejo donde había agua, jabón y un cepillo.



Luzbel Guerrero

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En el texto hay: lgbt, gay, cuentos de hadas

Editado: 19.02.2018

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