"Los Cuentos de Príncipes sin Princesas 2"

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Un Pequeño Héroe y un Príncipe Cobarde -Parte Final-

Parte Final: "Un corazón para dos amores"

Tom estaba impresionado con toda aquella atención. Cuando entraron a la Ciudad Real todos sus habitantes les recibieron con vítores y mucha pompa, se hizo una gran celebración por los héroes que salvaron al reino de esos terribles villanos. El ejército les abría paso en medio de toda esa multitud emocionada y muy agradecida, Aidan se sentía muy abrumado ya que no se esperaba tan tremenda recepción. En cambio su hijo sonreía alegre y saludaba a todos con mucho entusiasmo. En esa muy inusual caravana, Ode, Aidan y Tom eran llevados al palacio con mucha algarabía.

Al llegar al fin al palacio, los héroes fueron dirigidos hasta el gran salón. La princesa se sentía muy feliz de estar a salvo, aunque la pobre lucía sucia, desarreglada y muy despeinada luego de las terribles horas que pasó cautiva por los desalmados gigantes. Al ser recibida por sus suegros de inmediato intentó desviar su atención hacía las necesidades de sus salvadores:

—Agradezco que seáis tan solícitos conmigo, pero el guerrero está mal herido y necesita mucha más atención. Igual el pequeño Tom y su padre que están agotados luego de una muy terrible batalla.

—¡En seguida serán atendidos, alteza! —respondió uno de los funcionarios de la corte.

Y en efecto, a todos los protagonistas de esa peligrosa aventura se les trató de forma muy digna. El rey mandó a decorar el salón y a preparar un gran banquete para agasajar a los héroes. Ode era tratado de sus heridas, entretanto que Aidan se encontraba muy nervioso en uno de los aposentos del palacio junto a su pequeño Tom. Para el joven era muy incómodo estar de nuevo en el palacio y temía que le recordaran luego de lo ocurrido con el príncipe Ellis. Lo único que Aidan quería era regresar a su cabaña y no tener más nunca nada que ver con la familia real. Pero Tom, por el contrario, estaba sumamente feliz y muy emocionado por conocer a la que creía "su familia".

Cuando llegó la hora de presentarse en el banquete, Aidan para disimular tomó un sombrero muy grande que halló en el aposento y se lo puso, casi ni podía ver cuando caminaba. Tom no comprendía la actitud tan extraña de su papi, pero era tan grande la alegría que sentía que no le importó.

Para Ode sí que no era nada difícil sospechar que Aidan tenía más de un secreto que temía revelar, pero no quiso involucrarse de más para no angustiar mucho más al joven padre. Cuando se presentaron frente a toda la corte se inclinaron con reverencia ante el rey, la reina, el príncipe y la princesa Giulana que ya lucía muy hermosa y debidamente ataviada. El rey tomó entonces la palabra muy emocionado:

—¡Para nosotros es un gran honor conocer al fin a los héroes que nos han salvado a todos! La princesa Giulana nos ha relatado como arriesgaron sus vidas de forma tan valerosa para rescatarla y acabar con esos monstruos. ¡Estamos en gran deuda con ustedes! Y quiero que sepan que serán bien recompensados y recordados como los héroes que son.

Pero uno de los cortesanos del rey se acercó a Aidan y de forma muy disimulada le habló en voz baja:

—Caballero, debe quitarse el sombrero al estar delante del rey. Es de muy mala educación que no lo haga.

—Es que yo... No puedo hacerlo. —respondió Aidan muy nervioso.

Pero Ellis reconoció su voz, asi que poniéndose de pie le habló con mucha emoción:

—¿Aidan? ¿Eres tú?

Y antes de que pudiera responderle, Tom se le adelantó:

—¿Entonces tú eres mi "Papá"? ¡Sí! ¡Somos nosotros! Mi papi quiere decirte que te ama y yo también. Ya que hemos vencido ese gran mal que todos temían, asi que ahora podrán casarse, ¡y seremos una hermosa familia feliz!

—¡TOM CÁLLATE! —Le gritó Aidan que sólo quería morirse de la vergüenza.

—¿Pero que dije de malo si es la verdad? ¿Ustedes no se aman? Pues entonces deberían estar juntos sin que nada más importe...

El príncipe Ellis descendió del trono y se acercó a Aidan muy impactado con las palabras de Tom. Le quitó el sombrero y de esta forma le descubrió delante de toda la corte.

—¿Es cierto lo que dijo este pequeñín? ¿Acaso es el hijo que decías que era mío? ¿Era lo que contenía ese extraño huevo?

Aidan sólo inclinó la cabeza y no respondió nada. El rey se levantó del trono muy consternado con lo que sucedía, pero la reina le sujetó impidiéndole que fuese a cometer nuevamente el error de condenar al joven. Entonces se dirigió a su hijo:

—Ellis, ¡ya basta de mentiras! No sólo le haces daño a todos los que te aman, te haces daño a ti mismo. Yo no sentiré vergüenza si admites que te enamoraste de un varón, pero si me haces sentir muy decepcionada viendo como engañas, hieres y traicionas un amor tan puro como el que ese joven sentía por ti. Fuiste un cobarde y dejaste que tu ambición de poder te cegara y creyeras que el trono era mucho más importante que ser fiel a ti mismo. ¿Qué clase de gobernante serias para esta nación si eres capaz de dejar a tu corazón a un lado sólo por obtener una corona?



Luzbel Guerrero

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En el texto hay: lgbt, gay, cuentos de hadas

Editado: 19.02.2018

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