"Los Cuentos de Príncipes sin Princesas 2"

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¿Cómo domesticar a un Príncipe Mono? - 5° Parte

5° Parte: "Al ritmo de tu corazón"

—Armand...♪♫ Armand... ♪♫ ¿Ya te levantas...? ¡¡Auggh!! ¿Por qué huele tan feo aquí?

Al escuchar la voz de su hermana, Armand se quitó el antifaz que usaba para dormir y lo primero que sintió fue el fuerte olor a orina en su cama. Furioso se levantó de allí con ganas de matar a cierto "monito travieso"

—¡¡¡ALTEZA TROY!!!

—¡No lo molestes! Me está ayudando en la cocina. Mejor ve a darte un baño urgente y cambia tus sabanas... Cuando termines baja a comer. ¡Al menos ya no se hace en la casa!

—¡Va a volverme loco! ¿Pero qué clase de salvaje es? ¿Por qué sigue orinándome encima mientras duermo?

—¡Yo no sé! Pero igual me parece que te quiere mucho y es muy tierno...—Dijo Aimeé riéndose.

Al ver a su hermana reírse, Armand furioso empezó a lanzarle los zapatos, las sabanas, las almohadas y todo lo que tenía a la mano haciendo correr a la joven.

—¡Claro! ¡Ríete, estúpida! ¡¡¡Pero igual terminaras casada con tu tierno monito!!!

Cuando Armand al fin bajo a comer, se encontró con una deliciosa comida hermosamente presentada. El príncipe Troy también se veía muy arreglado y con una sonrisa enorme. Armand, que estaba aún muy molesto por la sorpresa matutina, le miraba muy serio.

—¿Por qué estás descalzo? —Armand notó que Troy estaba bien vestido pero con los pies desnudos.

—Zapatos molestan a Troy.

—¡Los caballeros usan zapatos! Los zapatos de mi tío son de tu talla, así que no tienes ninguna excusa para no ponértelos. ¿Y por qué demonios me sigues orinando encima? ¡Eso no es de príncipes! ¡Hoy no probarás ni un poquito de chocolate! ¡Nada! ¡Ni un pedacito! ¡No habrá chocolates para Troy!

El príncipe suspiró muy triste y puso una carita de arrepentimiento tan adorable que Aimeé lo abrazó y comenzó a defenderlo:

—¡Ya basta, Armand! ¡Deja de gritarle! Él no tiene la culpa de que te hayas despertado como un viejo amargado.

—¡Claro que la tiene! ¿Acaso te gustaría despertarte en la mañana llena de orines?

—¡Ya! ¡Ya! ¡Ya! No es necesario que lo tortures por su travesura. Troy no volverá hacer eso... ¿Verdad, Troy?

—Troy no volverá hacer eso...—Respondió el príncipe mono bajando la cabeza.

—Además no le has dado las gracias por ayudarme a preparar la comida y poner la mesa. Lo hizo con tanto cariño para ti y ni siquiera te has molestado en decirle algo bueno.

—¡Bah! Si quiere que lo "felicite" mejor que se comporte como debe ser.

Cuando se sentaron a la mesa comer, Armand se colocó la servilleta sobre sus piernas y con toda delicadeza tomaba los cubiertos y picaba la carne para comerla. Troy veía con mucha atención como el joven noble almorzaba con tan finos modales en la mesa, así que trataba de imitarlo en todo lo que hacía... Aunque no le iba muy bien usando los cubiertos, y al final se frustraba y terminaba comiendo con las manos.

—¿Qué diablos estás haciendo? ¡Usa los cubiertos como te enseñé!

—¡Troy tiene mucha hambre! Los cubiertos son difíciles de usar para Troy.

—¡No! ¡No lo son! ¡Suelta ese trozo de carne! Tendré que volver a enseñarte.

Armand soltó sus cubiertos, se quitó la servilleta de las piernas y se levantó de su asiento para ir con Troy. Se paró detrás de él, e inclinándose, le rodeó con sus brazos y sujetó sus manos para enseñarle a picar la carne correctamente con el cuchillo y el tenedor. Y al sentir esa especie de "abrazo" de parte del joven, el corazón de Troy latía muy fuerte en su pecho.

—¿Ves? Es muy sencillo. Sólo tienes que concentrarte y poner de tu parte. Aunque hayas vivido como un animal salvaje, eres un hombre, ¡un príncipe! ¡Y debes comportarte como tal! ¿Me comprendes?

Pero el tierno Troy más que comprenderle y prestarle atención a lo que le decía, estaba muy emocionado por estar así tan cerca de Armand. Así que se dio vuelta y atrapó al joven dándole un fuerte abrazo que hasta le hizo tronar sus huesitos.

—¡¡¡Troy!!! ¡¡¡Suéltame!!!

—Troy ama a Armand porque huele tan bien y es tan hermoso...

—¡Ya déjalo, Troy! Es un odioso y amargado. —Aimeé fue en su rescate y logró separar a enamorado príncipe mono de su adorado Armand.

***

Durante el transcurso del día las cosas iban de mal en peor para Armand: Entre más trataba de controlar a Troy y educarle, este parecía más alocado y distraído, haciendo todo lo contrario de lo que este le pedía. Y es que el tierno hombre-mono sólo quería cortejar a su amor.

—¡Ay! ¡Mira, Armand! Troy te trajo unas flores del jardín... ¡Es tan tierno!

Armand se dio vuelta y encontró a Troy inclinado ante él en pose de sumisión y le extendía un ramito de flores. Obviamente que esto sólo le hizo enojar.



Luzbel Guerrero

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En el texto hay: lgbt, gay, cuentos de hadas

Editado: 19.02.2018

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