"Los Cuentos de Príncipes sin Princesas 2"

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¿Cómo Domesticar a un Príncipe Mono? -7° Parte-

7° Parte: "Armand, el rompecorazones"

—¡No vamos a pagar nada! ¿Me oyó? ¡Ni un miserable centavo!

—¡Conocen las reglas! ¡Deben pagar el tributo mientras monten su sucia carpa en este reino!

—¿Ah, sí? ¿Y quién nos reconoce las pérdidas que hemos tenido? ¡Nos han robado! ¡Y sus estúpidos gendarmes no han hecho nada para encontrar a quienes nos robaron! Por tanto, ¡exigimos que nos compensen por lo perdido! Señor Procurador...

—¿De qué estáis hablando? ¿Qué les robaron?

—¡A nuestra principal atracción! ¡El centro de nuestro espectáculo!

El maestro del circo señaló el enorme cartel pintado a mano. Entonces el procurador y sus hombres se fijaron en el dibujo del hombre-mono, "Tarzán: El Señor de los simios".

—¡No puede ser! —exclamó en voz alta al reconocer al hombre de ojos grises.

—¡Sí! ¡Si puede ser! Un par de bribones burlaron a mi capataz y a sus vigilantes y se llevaron a nuestro hombre-mono. No nos iremos de este reino hasta recuperarlo, ¡y ustedes deben encontrarlo! —gritaba furioso el maestro circense.

—Si... Haremos algo al respecto, no se preocupen...—comentó el Procurador dándoles la espalda.

—¿Ese no era...? —Le preguntó uno de sus ayudantes.

—Sí, Igor, es el príncipe Troy. Así que ya sabemos dónde estuvo todo este tiempo. Seguramente al príncipe Norbert le encantará saber esto.

Entretanto, en la capital de reino aún seguían los días de festejos y la desbordante alegría por el hallazgo del príncipe perdido. El Rey Maurice parecía que hubiese recibido un nuevo aliento de vida: ya no se le notaba decaído y débil, Se mostraba rozagante y feliz siempre al lado de su amado hijo. Proclamó las celebraciones, hicieron caravanas e inclusive en la plaza de la capital había músicos, pasteles, golosinas y el pueblo compartía el regocijo de la familia real.

Al estar de nuevo entre los suyos, la mente de Troy se hacía cada día más clara y centrada, recordaba muchos episodios de su infancia, y sobre todo recordaba el amor de sus padres: las canciones con las que su amada madre le arrullaba antes de dormir y todo lo que fue su vida en el palacio siendo muy niño.

Poco a poco dejaba atrás los tristes episodios de su vida salvaje, de todas las atrocidades que vivió y de como vivió como un bestia de circo. Esto influyó mucho en su forma de hablar y comportarse, su lenguaje era más claro y fluido, su forma de caminar ya era completamente erguida y su porte de príncipe era más evidente. Hasta el mismo Armand se sorprendía de lo enorme de su cambio y comenzaba sin querer a extrañar al dulce hombre-mono que hospedó en su casa.

—¡Hermoso! ¿No lo crees?

—¿Ah?

—¡Mi vestido! ¿Habías visto alguna vez una confección así? ¡Me siento como una verdadera princesa! Ser los salvadores del príncipe es realmente un gran, gran honor: Ahora comemos con la realeza, formamos parte de la corte, nos reciben en sitiales de honor en el palacio, ¡y nos dan estos maravillosos regalos! ¡Cuando nuestro tío regrese no podrá creer lo que hemos logrado! Ahora si podré conseguir un buen marido, uno con un castillo a la orilla del mar...

—¿Aun sigues soñando con eso?

—Ella dijo que sería el amor de vida, quiero enamorarme, sentir que alguien haga latir mi corazón con todas sus fuerzas sólo al hablarme. ¡Debe ser algo tan emocionante! ¿No lo crees, Armand? ¿Armand...? ¡ARMAND!

—¡Deja el fastidio! Esas sólo son estupideces. Tenemos otras cosas más importantes en qué concentrarnos ahora. Quiero hablar con los reyes, les pediré una recompensa en oro, así podremos pagar a nuestros acreedores, darle una parte a nuestro tío para compensarle todo lo que ha hecho por nosotros y lo que reste podremos compartirlo.

—¡Tienes razón! Ahora seremos responsables y lo demostraremos distribuyendo sabiamente nuestra riqueza. Yo le diré a mi tío que administre la mía, así estará segura... ¿Y tú qué harás con tu parte? ¿Invertirás en el viñedo? ¿Comprarás una nueva propiedad?

—Me iré, muy lejos.

—¿Te irás? ¿Cómo te irás? ¿En serio vas hacer algo así? ¿Y qué hay de mí? No puedes dejarme sola, nunca hemos estado separados. ¿Y qué de Troy? Le prometiste...

—¡Nada! ¡No le prometí nada! Lo que le dije es que le reuniría con sus padres y volvería a ser príncipe. Le cumplí, ahora quiero mi recompensa y marcharme. Troy... Su alteza Troy, ahora tiene mucho en que pensar y ocuparse. El siguiente paso es que debe buscar una esposa; si yo me alejo de él quizás te escoja a ti...o a otra, quizás le presenten una princesa de otro reino con el que nuestra nación requiera una alianza. Así funcionan las cosas con la realeza.

—Armand, le romperás el corazón si te marchas.



Luzbel Guerrero

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En el texto hay: lgbt, gay, cuentos de hadas

Editado: 19.02.2018

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