"Los Cuentos de Príncipes sin Princesas 2"

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"Un Príncipe con Corazón de Hielo"

Historia Original inspirada en las antiguas leyendas de las mitologías nórdicas y germánicas existentes mucho antes del origen del cristianismo, sobre el origen de los señores del invierno.

1° Parte:  "Un jovencito muy diferente a los demás"

—¡Eso es Tom! ¡Con más ímpetu! Que tu enemigo sienta tu fuerza...

—¡Yeeeeeaaarrghh!

El joven embistió tan fuerte contra su rival, que a pesar que Ode logró protegerse a tiempo con el escudo, no pudo evitar desequilibrarse y caer.

—¡Lo siento! ¿Estás bien, Ode?

—¡Estoy bien! ¡Y eso fue grandioso! Creo que ya has superado tu entrenamiento, Tom. Te he enseñado todo lo que sabía, y has sido un muy buen discípulo.

—¡Sí! ¡Sí! ¡Soy un gran guerrero! Mi padre estará muy orgulloso de mí.

—Tu padre ya lo está, Tom. Por cierto es hora de regresar a casa o empezará a preocuparse. ¿Me ayudas a levantarme?

—¡Oh! Claro, toma mi mano.

Tom extendió su mano hacia Ode y este la sujetó. El experimentado guerrero se levantó del suelo y acomodando su escudo y su espada en su espalda, se sacudió el polvo y emprendió el regreso a casa con su hijastro.

Ya Tom no era el pequeño niño que medía apenas unas pulgadas al nacer, ahora era mucho más alto que Ode y que cualquier hombre de esa nación. Como todo elfo, era un joven muy llamativo: su cabello ahora lucía oscuro y muy brillante, le gustaba llevarlo largo para ocultar sus orejas puntiagudas; sus ojos seguían siendo de ese azul claro tan similar al mismo cielo y su rostro tan hermoso como el de un ser celestial. Sin duda el porte de un príncipe Alfar, el señor de las ninfas e hijo de la reina Aldreda, quien gobernaba a todas las criaturas mágicas de la naturaleza.

Pero Tom vivía aun con sus padres humanos, y llevaba una vida sencilla junto a ellos en la pequeña aldea perteneciente al reino del Norte. Allí todos les conocían y les tenían en gran estima, ya que eran considerados unos héroes por salvar al reino de unos terribles gigantes que les asolaban.

—¿Nieve...?

Ode sonrió al ver los minúsculos copitos de nieve que comenzaron a caer sobre ellos. Estos primeros copos anunciaban lo que sería el inicio de una blanca estación para todo el reino, que ya de por si era bien conocido por ser el más frio de todos los siete reinos. Como vivían en una pequeña cabaña en el bosque, decidieron apresurarse a regresar a casa antes de que les alcanzara la nevada y les fuera más difícil encontrar el camino de regreso.

Aidan, el padre de Tom era el sastre más famoso de los siete reinos, no sólo por su gran talento en confeccionar los más bellos trajes y vestidos, para los reyes y reinas de estos, sino por su destacado valor. El sastrecillo valiente era un héroe muy particular, y sin duda un padre muy sobreprotector:

—¡Al fin llegan! Ya me tenían muy angustiado. —Fue lo primero que les dijo a Ode y a Tom al llegar al verlos entrar.

—Empezó a nevar antes de lo esperado, quizás este invierno sea mucho más fuerte que el anterior. —comentó Ode mientras observaba por la ventana como el frente de la cabaña y todo a su alrededor comenzaban a cubrirse de blanco.

—¡Papá! ¡Hoy logré derribar a Ode! He completado al fin mi entrenamiento de guerrero, ahora podré ir con él a alguna de sus aventuras.

—Quizás...algún día puedas acompañarle. Pero aun eres muy joven, Tom; La vida de un guerrero es peligrosa y muy dura; y tú destino es otro, lo sabes. Tu madre nos confió tu cuidado y educación, pero eres un príncipe y a su debido tiempo tendrás que regresar con ella y tus hermanas. Aunque mientras llega ese momento puedes ayudarme a terminar todos estos encargos.

Aidan le señaló a su hijo casi una habitación entera llena de un montón de diferentes tipos de telas y muchos maniquíes con vestidos a medio hacer. Al ver todo el trabajo acumulado, Tom suspiró fastidiado ya que aunque ayudaba a su padre de buena gana, esto le era muy tedioso. El elfo se sentía más atraído a conocer el mundo y vivir grandes aventuras. Pero como aún era muy jovencito, no le quedaba de otra que sujetarse a sus padres.

Ciertamente Tom era muy feliz viviendo con Ode y Aidan, a quienes amaba como si fueran sus verdaderos padres. Pero su origen era muy distinto y él lo sabía. Pero muy en lo profundo de su ser estaba muy arraigado al mundo de los humanos y cada día se esforzaba por aparentar ser un hombre como el resto de sus amigos.

—Tom, ¿Puedes ir por la leña? La noche será muy fría, así que mejor nos aprovisionamos para no salir más hasta mañana.

—¡En seguida!

Tom salió de la cabaña y se alejó un poco de ella para buscar la leña. Estaba amontonada en una casucha cercana donde la almacenaban protegida de la humedad. Cuando abrió la puertezuela casi muere del susto al escuchar unas vocecitas a su alrededor.

—¡¡¡Tom!!!

El elfo se golpeó la cabeza al escuchar el grito. Al darse vuelta vio a dos sonrientes ninfas que le saludaban.



Luzbel Guerrero

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En el texto hay: lgbt, gay, cuentos de hadas

Editado: 19.02.2018

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