"Los Cuentos de Príncipes sin Princesas"

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"La Leyenda de La Doncella Dragón"

*Adaptación libre inspirada en la leyenda de la guerrera Fu Hao, concubina del emperador Sui Yangdi, que reinó entre 604 y 617 y fue contada en "La Balada de Hua Mulan", del autor chino Yueh-Fu y que dio vida al cuento popular de "Mulan"

***

Más allá del infinito océano, pasando las heladas montañas del reino del Sur y el mortal desierto de Yok, se llega a los bosques lluviosos del vasto imperio del supremo Quian Zhao; un regente poderoso y temido por todos sus súbditos. Gobernaba con mano de hierro imponiendo sus leyes en todo aquello que su vista alcanzaba, ya que su imperio era extenso y no había nación que no se arrodillara ante su ejército. Se creía con la potestad de decidir entre la vida y la muerte de todo su pueblo y su implacable ira era el terror de sus enemigos.

Mientras unos le servían con completa sumisión y temor, como si de un dios de carne y hueso se tratase, otros le detestaban; buscaban la forma de terminar con su cruel yugo y así tener la oportunidad de ser libres de sus caprichos. Innumerables veces atentaron contra la vida del emperador Quian Zhao, y de todas salió librado por sus hábiles custodios. Aquellos que se oponían a su gobierno tarde o temprano eran descubiertos y aniquilados, entre tanto que el emperador cada vez se recluía más y más dentro de su palacio, al punto que muy pocas personas podían acercarse a él, y aquellos que lo hacían jamás podían estar a más de diez pasos de su trono o el sable de sus custodios acabaría de inmediato con el intruso. Así, bajo esas exageradas condiciones, se mantenía oculto el terrible regente en su imponente palacio.

Aun así, sus detractores seguían empeñados en librarse de ese terrible mal, por lo que un grupo liderado por el sabio Xen Wu, se adentró a las partes más recónditas del bosque lluvioso con el fin de encontrar a un clan de asesinos legendarios. Arriesgando así sus propias vidas, iniciaron esa riesgosa travesía a través de los peligros que estos parajes intrincados y oscuros ofrecían. 

Casi treinta días después, cuando ya había toda esperanza de hallar la guarida oculta de este clan, se toparon con un joven a las orillas de un tranquilo riachuelo. Era la primera persona que veía desde hacía mucho tiempo que emprendieron su recorrido y quizás podría conocer el paradero del clan. Se acercaron a él con cautela, el joven se aseaba distraído en las cristalinas aguas. Pero al verle de cerca quedaron enormemente sorprendido por su belleza: Su piel parecía la más fina y delicada porcelana, que ni aun el más fino artesano podía llegar a imitar. Su cabello oscuro y fino era semejante a las negras y brillantes plumas de los cuervos, y sus hebras largas caían más abajo de su espalda; y su rostro era hermoso y delicado, tan llamativo y cautivante como el de una graciosa doncella. Al ver que los hombres se acercaban, el misterioso joven extendió su mano indicándoles que no avanzarán más.  

—¡Deténganse! —Dijo con una voz suave, pero autoritaria. —¿Quiénes son y qué buscan?

Uno de los hombres que escoltaban al sabio Xen Wu le respondió de forma tosca:

—Quienes somos no te incumbe, muchacho. Pero si quieres servir a la justicia debes indicarnos cómo llegar a la aldea del "Clan de la Luna Roja".

—¿Servir a la justicia? ¿Acaso la justicia existe en este mundo? No creo que me interese servir a tan efímera causa...—Y diciendo esto les ignoró y siguió aseándose en el riachuelo.

Joon, que era el escolta que se dirigió al joven, se llenó de ira y su mano se posó sobre la empuñadura de su sable, pero Xen Wu al adivinar sus intenciones le detuvo con firmeza.

—¡Calma, Joon! No dejes que tus emociones cieguen tu entendimiento. Déjame hablar con él.

—¡Es sólo un jovencito altanero! Permítame detenerlo y obligarle hablar. No podemos seguir dando vueltas en este peligroso bosque un día más. Ya no tenemos provisiones y estamos agotados.

—¡No, no seas imprudente! No sabes quién es ese joven y me temo que es más que lo aparenta ser.

—¿Ese niño delicado? ¿Qué más podría ser que la "muñeca" de algún rico terrateniente? Deje que me encargue de él y le aseguro que será más educado la próxima vez...

—¡No! Yo hablaré con él.

Diciendo esto, Xen Wu se dirigió al joven:

—Pediste saber quiénes somos y qué buscamos. Soy Xen Wu, sólo un poeta y estos hombres son mis escoltas, ya que sin ellos me hubiese sido imposible llegar hasta acá. Buscamos la aldea del "Clan de la Luna Roja" para asignarles una importante misión.

—Respóndeme algo y entonces pensaré si debo o no ayudarte, Xen Wu:

"Con mi arma puedo derretir el hielo de la gran montaña Yuan,

También puedo extinguir el fuego que consume el corazón del emperador,

Tan poderosa es que libra la espada de mi cuello y libera un prisionero condenado a la horca"

¿Cuál es esa arma, Xen Wu?



Luzbel Guerrero

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En el texto hay: lgbt, gay, cuentos de hadas

Editado: 19.02.2018

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