"Los Cuentos de Príncipes sin Princesas"

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"El Niño y el Príncipe Bestia" - Parte 7

7° Parte: "Un muy mal acuerdo"

—¿Alguna noticia? Debe haberla...esta vez no pueden decir lo mismo de siempre...

—Lo siento, su alteza. Lamento decirle que...no hay novedades, las cartas repiten lo mismo de siempre.

—¡No! ¡No es posible! Sólo faltan tres meses para que se cumpla el tiempo de Julien aquí, se irá y yo aún seguiré siendo esta maldita bestia. ¡No! ¡Me rehúso a creer que no haya noticias de esa bruja! El rey debe estarnos mintiendo, piensa que si vuelvo a ser humano reclamaré la corona, pero no me importa el trono sólo quiero quitarme esta maldición...

—Léandre, ¡tranquilo! Aún hay tiempo...—Cyril trataba de calmar al príncipe bestia, pero este comenzaba a alterarse más de lo que podía controlarse.

—¿"Aún hay tiempo"? ¿"Tiempo"? ¡No! ¡No lo hay! ¡Se agota! Julien no se quedará, está emocionado por irse...lo perderé...

La bestia se echó al piso, como si un gran peso estuviese sobre su lomo. Cyril puso su mano sobre su cabeza, sabía que el príncipe estaba desesperado ya que los tres años del contrato de Julien se cumplirían y este sería libre de volver a su hogar, algo que él anhelaba muchísimo. Ya distaba mucho de ser el niño ingenuo que Léandre salvó; ahora era un apuesto y fuerte joven de dieciséis años, deseoso de conocer el mundo y aventurarse en esos viajes a tierras lejanas que tanto le hablaba su padre.

Léandre sabía que el joven le abandonaría, no había razón para retenerle más tiempo, ni tampoco podría acompañarle en su forma actual de bestia, así que lo más seguro es que no le volvería a ver. Esto era casi la muerte para el príncipe porque se había enamorado de Julien; y un joven apuesto, educado y con mucho dinero como él seguro pronto se enamoraría y formaría un hogar, o quizás simplemente viajaría por todo el mundo trabajando en el negocio de su padre. Lo cierto es que le perdería de una u otra forma y esto era como un puñal clavado en su corazón.

—Léandre, no pierdas las esperanzas. Además, Julien te quiere. Quizás...deberías aprovechar mejor este tiempo a su lado.

—¿Te burlas de mí? ¿Cómo piensas que él se enamoraría de una bestia? Una vez que salga por esa puerta verá el mundo abriéndose a su paso, las oportunidades, los placeres, aventuras, muchas cosas tentadoras y atrayentes para un joven de su edad y fuerzas. Lo sé, me veo a mi mismo reflejado en él: Tan joven, rico, respetado y poderoso, todos estaban a mis pies. Además era tan joven y apuesto, pensaba que podía hacer lo que quisiese. Sólo disfrutaba el momento sin pensar en que podrían haber consecuencias, hasta que estas me alcanzaron. Si tan sólo te hubiese escuchado...si no hubiese sido tan insensato y prepotente...

—¡Ya basta, Léandre! ¿De qué te sirve castigarte de esta manera? Lo hecho, "hecho está". No podemos cambiar el pasado, pero si podemos aprender de él, no volver a cometer los mismos errores. Has dicho algo muy relevante: Julien tiene la misma edad que tú tenías cuando sufriste la maldición.

—¿Y qué con eso?

—Puedes aconsejarle para que no cometas tus mismos errores.

—Julien es muy diferente a mí, él no es un engreído insensato, es noble y muy inteligente; humilde y sencillo...y hermoso, tanto su apariencia así como su alma...—respondió la bestia que sólo de pensar en el joven se emocionaba.

—Pero es aún muy ingenuo. No como otro joven que conocí que era bastante malicioso y astuto cuando le convenía.

—¡Y mira en lo que me convirtió eso, Cyril! Pero si insistes, hablaré con él. Temo que no le agradara para nada a sus hermanos mayores su regreso. Ya trataron de sacarlo del camino una vez, podrían volver a intentarlo...y yo no estaré allí para protegerle.

—¡Bien pensado, alteza! —respondió el anciano.

—Si quieres búscalo, dile que quiero hablar con él. Le esperaré aquí...

Cyril salió de la biblioteca dejando al príncipe solo. Le dolía mucho verle así tan angustiado y se sentía muy preocupado por su futuro una vez que Julien abandonase el castillo. Quizás podría encontrar alguna forma de convencer al joven de que no se marchase, pero eso sería algo difícil.

Le encontró en la cocina a esa hora. Julien preparaba el almuerzo y se esmeraba mucho para que todo estuviese listo a tiempo. Al ver al anciano sonrió y se limpió las manos para saludarle.

—¡Qué bien huele todo por acá! ¿Potaje?

—¡Has acertado! Estará listo pronto, ahora debo ir a poner la mesa. ¿Quieres probar?

—¡Sí! Me has despertado el apetito con ese olor. ¡Ah! Casi lo olvidaba: Julien, Léandre quiere hablar contigo, está en la biblioteca esperándote.

—¡Oh-oh! ¿Ahora qué hice?

Julien se cruzó de brazos y se recostó del mesón. El anciano le palmeó el hombro para darle ánimo. A pesar del tiempo y el cariño entre ellos, Julien y el príncipe bestia seguían tratándose de forma tosca, casi siempre fastidiándose entre ellos, como si hacer molestar al otro fuese gratamente divertido para ambos. Cyril no les hacía mucho caso porque de cierta manera era la forma en la que se demostraban cuánto se querían.



Luzbel Guerrero

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En el texto hay: lgbt, gay, cuentos de hadas

Editado: 19.02.2018

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