Los demonios de Dereck

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Capítulo 21- parte 2

 

Salí de la despensa con las manos sudadas, asustada y con mucho temor.

¿Debía tomarme la advertencia de Noé en serio? O ¿solo disfrutaba hacer bromas igual que su hermano?

Al mismo tiempo que me recuperaba, salí con un paquete de galletas saladas en la mano, Dereck estaba esperándome (Ahora sí) en el marco de la puerta para entrar a la cocina.

— ¿Desde cuándo estabas ahí?

Fingí una sonrisa coqueta.

— Quizá diez minutos, estaba buscando algo para comer en la despensa— le mostré las galletas y confiado me devolvió la sonrisa.

¿Cuántos demonios escondidos tendrá Dereck?

— ¿Nos vamos a casa ya?— saqué mi celular del pequeño bolso que llevaba colgando toda la noche de mi hombro y miré la hora, 1:40am aún era temprano.

Avancé hacia él y me estiró la mano, dudosa la tomé, ya no la sentí cálida como hace rato.

— Si, espera hablo con las chicas e Ian debo decirles que me voy.

— Te espero.

Solté su mano y disimuladamente la limpié con mi vestido, no quería tocar algo que Mercy hubiera tocado también.

No me molesté en interrumpir a Hannah, seguramente se quedaría toda la madrugada con Carter haciendo cositas locas, así que me dirigí directamente hacia mi primo y mi mejor amiga.

— Ian, te necesito.

Andra levantó la ceja y me miró curiosa, sonreí nerviosa. Ian me miró e intentó buscar algo detrás de mí.

— ¿Pasó algo?— la verdadera pregunta que me estaba haciendo era “¿Ese malandro te hizo algo?”

— Todo bien, pero… ¿podrías pasarte por mi casa más tarde?

Asintió.

— Carajo Sky, le dañas el royo a cualquiera— dijo divertida mi amiga.

— Ya sabes perra, una habilidad que se adquiere con el tiempo— me incliné para dejar un beso en su mejilla, ella me dio una nalgada.

Volví con Dereck.

— Te llevo.

— Traje el auto de mi padre.

— Bien, te sigo detrás— Asentí.

Saqué las llaves de mi bolso y salí de la casa, encendí el motor del auto mientras esperaba que llegara el chico malo, salió con un cigarrillo entre los labios y caminó hasta mi auto, tocó la ventanilla y la bajé solo un poco.

— No pienso inhalar esa mierda que fumas.

Sonrió e intentó desafiarme con esos ojos salvajes que se manda.

— Perdona pequeño cielo, ¿Estás lista?— dijo alejándose un poco para que el humo no me llegara.

— ¿No ves que ya estoy aquí?

Lazó una risita tonta para nadie en particular, con toda la calma que posee en el cuerpo, terminó de fumar e hizo una seña para que fuera saliendo.

Tal como prometió iba detrás, conduje con toda la calma del mundo. Al llegar a un semáforo en rojo me detuve, Dereck lo hizo al lado mío y apreté el volante entre mis dedos, me sentí extraña y con una sensación de timidez.

El verde marcó la marcha y apreté un poquito el acelerador para seguir, pero Dereck siguió ahí helado, como si fuera entrado en shock. Me detuve nuevamente y en vista de que el retrovisor no me dejaba ver, saqué mi cabeza por la ventana. El chico malo estaba perdido en el vació con los ojos puestos fijamente sobre el pavimento de la carretera, como si hubiera un mundo distinto en el suelo.

— ¡Dereck!— grité.

No respondió.

Volví a intentar, mi corazón se hizo un puño cuando vi un auto avanzar rápidamente hacia el carril en que estaba Dereck, apreté la bocina de mi auto más de tres veces en menos de 5 segundos y finalmente reaccionó, a tiempo cuando el automóvil blanco cruzó por otra avenida.

Avanzó hacia mí y omitiendo lo que había pasado me señaló con el dedo índice que siguiera manejando. Hice con dudas lo que me pidió, él aumentó la velocidad y yo hice lo mismo. No tardamos en llegar a mi casa.

Al estacionar en el garaje, cerré la puerta con furia y caminé hasta Dereck, con el ceño fruncido y un puto mal genio que terminaba de joderme la noche.



Angie Montes

Editado: 25.07.2019

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