Los demonios del ayer.

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7.- Un claro y un camino

7

 

        Los días se fueron sucediendo mientras el viaje se extendía, volvieron a internarse en el bosque de la viuda, pero esta vez no pasaron por la hermosa laguna, era ya el cuarto día de viaje cuando decidieron descansar en medio de un claro en el bosque, era medio día y el sol picaba como lancetas de abeja en la piel, los caballos debían hidratarse y comer algo para poder seguir, Isaac aliviado por la pausa, se sentó a la sombra de un viejo y frondoso árbol.

 

—Ya no debiésemos estar muy lejos —le comentó Eleadan a Meldor antes de echarse un trozo de carne seca en la boca.

—Entonces habrá que empezar a avanzar con más cautela, después de todo, ellos debiesen conocer mejor esta parte del bosque que nosotros —contestó el enano —no te había preguntado, pero ¿Cómo conoces el paradero de la resistencia?

 —Una antigua amiga es parte de ella. —Eleadan lo miró como dándole a entender que él también la conocía

—¿Te refieres a la hechicera? —reaccionó Meldor abriendo los ojos, Eleadan lo miró y asintió con la cabeza.

—¿De qué hechicera hablan?  —preguntó Morwyn interesado.

—De Elithoniel —contestó Meldor.

—Por todos los dioses —exclamó Morwyn con sorpresa.

—¿Tú también la conoces? —preguntó Eleadan.

—Ella nos ayudó mucho en la guerra contra Odrenor, pero desapareció inmediatamente luego de que esta terminara. Y tu ¿cómo la conoces? —dijo mirando a Eleadan.

—hace 39 años, íbamos de paso con Álagos por el pueblo de Pergura, —hizo una pausa para mirar al animal que lo miraba también a él, en casi perfecta complicidad —es una localidad pequeña que pertenece al reino de Igramor, escuchamos los gritos a la distancia así que apuramos el paso, yo llegué cuando la batalla ya había comenzado, una banda de orcos estaba saqueando el lugar, quemando casas y asesinando a todo quien se cruzara en su camino, así que me dispuse a ayudar a la gente que pudiera y a eliminar a los pieles verdes que me salieran al paso, estaba en eso cuando vi a esta chica llorando sobre el cuerpo sin vida de su madre, tenía alrededor de unos 5 años, la cargué en mis brazos —los ojos del elfo brillaron —y la lleve conmigo, durante 3 años la cuidé hasta que descubrí que tenía habilidades en el campo arcano, allí fue cuando hablé con Ginzo, el líder del colegio de magia de Sephelyn, se recluyó allí y bueno, se convirtió en quien es hoy.

—Pero la chica estaba enojada contigo por haberla dejado —Meldor bebió un sorbo de su cerveza y siguió hablando —¿Cómo es que sabes dónde está?

—Que ella no quiera saber de mí, no significa que yo no quiera saber de ella. —contestó resignado el elfo.

 

                    Se hizo un silencio del cual solo se oía el masticar de la comida, el viento a través de los árboles y el canto de las aves, Irina y Alma, como huyendo de la situación, se levantaron y salieron a hacer una ronda, Isaac se quedó pensando un rato y de pronto dejó escapar:

—¿Álagos tiene más de 39 años?

 

—Si —Eleadan había vuelto a sonreír, de hecho, parecía a punto de soltar una carcajada en cualquier momento —pareces obsesionado con las edades Isaac.

 

—Jajaja —rió en su estrepitosa forma el enano —ya aprenderás muchacho que en este mundo a veces el tiempo es irrelevante.

 

—No era para que se burlaran —dijo el muchacho avergonzado mientras se cruzaba de brazos, al tanto que los tres hombres no podían evitar soltar las carcajadas contenidas.

 

—Tranquilo muchacho —soltó deteniendo su risa Morwyn —entendemos que eres joven, y que te causan sorpresa los eventos que a nosotros los mas viejos ya no nos inquietan, pero…

 

         En ese instante las risas acabaron, y los hombres tomando sus armas se pusieron de pie, Isaac miró hacia el lado y pudo ver como traían a Irina y a Alma inmovilizadas una tropa de diez hombres, traían pintura en sus cuerpos, como los salvajes, para poder camuflarse con el entorno, a la espalda cargaban arcos y en sus manos desenfundadas y prestas a amenazar las espadas largas que brillaban al contacto con los rayos ultravioletas. El más alto de ellos habló en la lengua común:

 

—Han entrado en terreno de la resistencia, ¿que los trae por acá?, ¿son hombres de algún reino?

 

—Queremos hablar con su líder —Eleadan tomó la palabra bajando el arco para tratar de hacer que no los atacasen y poder establecer un dialogo que pudiera llevarlos a buen puerto.

 

—No podemos hacer eso, así que tienen dos opciones, volver por donde llegaron o enfrentarnos, les recomiendo obviamente que se retiren. —diciendo esto alzó su mano Izquierda y sus hombres empujaron a Irina y Alma hacia el centro del claro dejándolas en libertad.



Melgard Azael

Editado: 25.10.2018

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