Los Desdichados

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Capítulo II

Un olor a humo se percibe por todo el lugar, el sonido de explosiones y balas por todos lados, un cielo oscuro y un fuerte viento, otro día normal aquí en la tierra.

Ted y yo tenemos veinte años ya, hemos sabido sobrevivir por nuestra cuenta la última década, nos hemos vuelto un gran equipo inseparable, no podríamos vivir uno sin el otro. Hoy debemos conseguir más alimentos, últimamente alguien nos ha estado robando mientras no estamos, tenemos que salir en cuando amanece hasta el atardecer a explorar la zona y buscar comida o agua, y en ese lapso de tiempo alguien aprovecha nuestra ausencia para robar lo poco que tenemos, pero hoy lo vamos a atrapar como la rata que es, con una trampa.

―Todo listo, ¿nos vamos Matías?― escuche la voz de Ted desde afuera de nuestro refugio, así que tome mi arma y salí con él.

—Idiota, sabes que odio que me digas así—nunca me ha gustado mi nombre.

—Lo sé, por eso lo hago—dijo riéndose.                            

Así que le di una patada en el trasero y luego empezamos a caminar hacia el norte, pero esta vez no nos alejaremos demasiado, solo lo suficiente para que la rata se acerque mientras nosotros observamos desde lejos, la verdad no me gusta nada mirar a mi alrededor, solo hay escombros, humo, fuego, sin mencionar que solo se puede escuchar el ruido de los disparos, algunas explosiones, y el sonido de un fuerte viento. Un lindo paisaje, ¿Quién no quisiera ver algo así?

—Pon mucha atención Teodoro, no se nos debe escapar la…

Un gran golpe en mi cabeza hizo que incluso mi arma cayera al suelo.

― ¡¿Pero qué rayos te pasa?!— mire a mi compañero mientras recojo mi arma y froto mi cabeza justo en donde me golpeo.

―No me digas Teodoro—simplemente dijo eso, sin quitar la vista del frente.

―Idiota

Volví a tomar mi posición de vigilancia. Estuvimos observando durante horas, incluso creí que ya no iba a volver, hasta que lo vimos.

― ¡Ahí! Ese debe ser— pude divisar aquel sujeto de cabello claro y ropa oscura, y solo eso, ya que traía una especie de pañuelo que le cubre el rostro y apenas se ven sus ojos, el tipo entro en la guarida y solo fue cuestión de tiempo para escuchar un sonoro grito de dolor que nos avisó que el sujeto cayó en la trampa.

―Lo hicimos, ahora vamos por él— Ted y yo chocamos las palmas y avanzamos hacia nuestro refugio.

Al llegar pudimos ver claramente al sujeto, tiene la pierna izquierda atrapada en la trampa de oso que plantamos cerca de nuestros alimentos, la sabandija se retuerce de dolor en el piso mientras sangra, me acerque y le quite el paño de la cara.

―Al fin te atrapamos pequeña rata, ¿Cuánto tiempo crees que te dejaríamos burlarte de nosotros?—su rostro es tan joven como el nuestro, fácil tiene la misma edad o cerca de eso.

Ted se acercó también y se puso de cuclillas junto a él.

―Si nos pides perdón y nos regresas todo lo que te has robado te dejaremos vivir—le dijo Ted al chico que todavía sigue sufriendo.

Y para sorpresa de él el chico le escupió en la cara.

— ¡Púdranse! — parece que el chico no quiere negociar, yo no pude evitar reír al ver a Ted limpiarse la saliva del chico.

―Cállate Eric, no sería tan gracioso si te hubiese escupido a ti—dijo levantándose— ¿Qué haremos con la rata?

—Ya sabes Alex, exterminar la plaga—respondí

Nosotros no dejamos que nadie sepa nuestros nombres reales, por eso nos llamamos de diferente manera cada vez que nos topamos con alguien, el nombre no es importante, pero para nosotros es como un juego.

Sacamos nuestras armas y apuntamos al chico que yace en el suelo, y este empezó a vernos con cara de asustado.

—Si me matan mis amigos vendrán a vengarme―dijo el chico para intimidarnos.

― ¿A si? ¿Y por qué no vienen ahora a salvarte?—dijo Ted, el chico solo se quedó callado.

—Di tus últimas palabras―dije mientras me preparo para jalar el gatillo.

— ¡Púdranse!—gritó.                                   

Y después de eso el sonido de dos disparos que salieron casi al mismo tiempo se hizo presente, y dejo como resultado a un chico sin vida frente a nosotros, con una bala en la cabeza y la otra en el corazón.

―Ahora hay que llevarlo lejos, no me gusta tener cadáveres en el lugar donde vivo—dijo Ted.

―Sí, llevémoslo al barranco con los otros

Abrimos la trampa de oso para liberar su pierna, esa trampa nos puede servir después, Teo se puso de espaldas frente a los pies del cadáver y los levanto, yo tome sus brazos y empezamos a caminar hacia la barranca. Ese lugar quizá antes era una casa o algo, pero al parecer cayo una bomba y dejo un gran agujero, y ahí enterramos a los que mueren por nuestra mano, yo lo llamo “el agujero que se come nuestros pecados” no es que nos guste matar gente, solo lo hacemos cuando es necesario, como hace un rato, y los otros cinco que están ahí son personas que han intentado matarnos a nosotros, es matar o morir.



Cynthicena

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En el texto hay: aventura peligro y accion

Editado: 29.06.2019

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