Los Destellos De Aurora ©® (+15)

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UN TRATO

Era un excelente día y deseaba que fuera hermoso como siempre pero por alguna extraña razón, las confesiones de Amalie e Ihsân eran atormentantes. Mi familia ocultaba historias de un pasado que yo no lograba dimensionar pero que estaba segura, en algún momento, tarde o temprano las iba a averiguar. Pensé en los momentos difíciles por los cuales tuvieron que atravesar cuando aún eran pequeños y me pregunté ¿Dónde estaba yo en ese momento? Quizás mi padre Said se había encargado a la perfección que nada ni nadie nos perturbara a mi hermana Isabella y a mí. Esa era la única manera de explicar la razón del porqué no recordábamos ningún hecho desagradable en nuestras respectivas vidas. Como haya sido, acabaría sabiéndolo en algún momento pero mientras eso sucediera, yo debía disfrutar de aquellos tiempos maravillosos que estaban por venir.  
Aurora: Luego de la escuela mis primos y yo iremos al mercadillo de navidad —Anuncié en la mesa al acabar mi desayuno—  
Ezra: Yo también quiero ir. Gina: Mi pequeño príncipe, tu papá y yo te llevaremos al mercadillo uno de estos días.  
Aurora: ¿Y porque no puedo llevarlo conmigo ahora, Gina? Siempre vamos juntos al mercadillo de navidad.  
Ezra: Quiero ir con mi hermanita. Quiero ir… Quiero ir —Repitió una y otra vez en lo que por alguna razón Michael se echó unas risas que no pudo contener—  
Aurora: ¿Por qué te estás riendo, Michael? —Le susurré—  
Michael: Solo recordé todos los berrinches que hacía Gina para conseguir lo que quería. Ezra heredó todas las mañas de su madre —Contestó volviendo a reír—  
Gina: ¡Michael! Ni empieces con esas tonterías ahora.  
Aurora: ¿Hacías berrinches cuando eras pequeña, hermanita? —Le pregunté riendo— ¿Por qué a mí no se me ocurrió nunca hacer lo mismo?  
Michael: ¡Nein! Bitte Aurora.  
Ezra: ¿Si puedo ir al mercadillo?  
Gina: ¡Suficiente! Ya te dije hijo que tu papá y yo te llevaremos en otra ocasión por lo tanto puedes tirarte al suelo si lo deseas pero no conseguirás nada y tú Aurora, apresúrate que tu chofer ya está aquí —Ordenó levantándose de la mesa—  
¿Qué mal humor es ese? —Me pregunté— Era yo quien debería estar en esas condiciones en lugar de mi hermana pero es que tampoco hubiera valido la pena. Simplemente respiré profundo y fui a buscar mis pertenencias.  
Aurora: No te pongas triste mi pequeñito. Si estos días Gina y papá no te llevan al mercadillo, yo te llevaré.  
Ezra: ¿Me lo prometes? Aurora: Obvio sí —Le aseguré con un fuerte abrazo— Me impusieron un chofer y para algo bueno debe servir —Recalqué observando a Michael—  
Michael: ¿Princesa, tú sigues molesta conmigo por eso?  
Aurora: Sigo y seguiré hasta que así lo crea conveniente. Tschüss. Michael: Auroraaa… Salí de la casa ignorando a mi papá pero se venía un desafío mucho más grande que eso. ¿Cómo podría ignorar yo aquello que tenía ante mis ojos?  
— ¡Señorita! —Exclamó abriendo la puerta del coche—  
— Iré adelante porque tú y yo tenemos que hablar. 
— De ninguna manera irás adelante. Ahora sube por favor que se nos hace tarde. — Dije que iré adelante —Repliqué entregándole mi mochila antes de abordar adelante—  
Aparentemente molesto colocó mi mochila y de muy mala gana en el asiento de atrás y luego abordó el coche.  
— Ponte el cinturón.  
— Ok.  
— Y la próxima vez, irás atrás con tus pertenencias. ¿Te quedó claro?  
— No me quedó claro ¿Cómo te atreves a hablarme de esa manera?  
Respiró profundo y mientras yo aguardaba a que se calmara, saqué mi celular del bolsillo para encenderlo. La coreografía que había subido a mi cuenta de Instagram, cada día iba adquiriendo más visitas. A la audiencia le había gustado mucho y se me ocurrió entonces perfeccionarlo aún más y de ese modo postularme con ella a la gran Competencia Internacional de Ballet Clásico y Contemporáneo que se llevaría a cabo dentro de un par de meses.  
— ¡Bien! Ahora sí, conversemos.  
— No me gusta que me hablen mientras estoy conduciendo por lo tanto guarda silencio.  
— ¿Por qué me asignaron un guardaespaldas, Karîm Hafez? ¿Acaso alguien quiere secuestrarme? ¿Quieren llevarme lejos de mí familia? O peor aún ¿Alguien quiere matarme?  
— ¿Qué dices, Aurora?  
— No me contestes con otra pregunta. Por favor no me mientas —Supliqué comenzando a llorar— Nadie posee un guardaespaldas sin ninguna razón.  
— Por supuesto que no. 
— ¿Entonces lo admites? ¿Alguien quiere hacerme daño?  
— No estoy admitiendo nada de eso y por favor deja de llorar.  
— No quiero que me separen de mi familia… No quiero morir.  
— Auroraaa... ya deja de repetir eso.  
— ¿Sabes? Lo que no termino de entender es porque me han puesto a un chico como tú para mi guardaespaldas ¿De qué manera podrías tú cuidar mi vida? ¿Cuántos años tienes? ¿17, 18?  
— Tengo 19, a punto de cumplir 20 y no deberías subestimarme de esa manera.  
¿19? —Pensé comenzando a hacer cuentas mentales— Eso era mucho para mí y me dolió el corazón. ¡Nein! Espera un momento Aurora. ¿Por qué debería dolerte el corazón? No seas tonta.  
— Pues eres muy joven para ser mi guardaespaldas. Me resulta impensable que tú pudieras cuidar mi vida —Dije sin que él volviera a expresar alguna palabra— ¿Te gusta mi hermana Isabella?  
— ¿Qué?  
— Si es así no deberías siquiera hacerte ilusiones con ella. Mi hermana es buena y hermosa pero un poco hueca, bastante ambiciosa y con delirios de Top Model. Solo rompería tu corazón porque únicamente sale con chicos famosos, de esos que pueden tenerla constantemente en primera plana de revistas de farándula. ¿Y te cuento un secreto?  
— No.

— Te lo contaré de todos modos. Mi hermana Bella está saliendo a escondidas con Louis Weber, hermano menor de Anna Wieber. Yo los descubrí comiéndose a besos el último verano en el club al cual solemos ir en vacaciones. Cuando le mencioné al respecto, la muy descarada lo negó todo. ¡Ah! Pero yo los vi perfectamente. Siento pena por Louis pues Bella no hará más que pisotear sus sentimientos al salir con otros chicos que si sean de su conveniencia.  
— ¡Louis Weber! —Dijo en voz muy pero muy baja—  
— ¿Lo conoces? ¿O es que acaso te pusiste celoso?  
Sin percatarme, habíamos llegado a la escuela y se estacionó lanzando un suspiro bastante profundo.  
— Y pensar que este apenas es mi primer día contigo. ¡Allah, aetini alsabr! —Exclamó—  
— ¿Qué dijiste? ¿Hablas árabe? Mi hermana Gina habla árabe. Yo quisiera aprender también.  
— Eres extremadamente desquiciante ¿Sabias?  
— ¡Oye! Solo te hice una advertencia con respecto a mi hermana. No tienes que desquitarte conmigo por eso.  
Echando chispas enfurecidas, fue el primero en descender del coche, se dirigió hasta el otro lado para abrirme la puerta y sacar mis pertenencias.  
— Aquí tienes tu mochila. Ahora vamos.  
— ¿Tú no pretenderás ingresar conmigo verdad?  
— Camina, Aurora —Ordenó—  
Adentro me encontré de inmediato con mis primos y un poco antes, en la entrada del Instituto, vi a sus respectivos guardaespaldas quienes sí se veían como tales mientras que Karîm a simple vista parecía apenas un chico de último año de secundaria.  
— Estaré en la cafetería, Aurora y te advierto que no intentes ir a alguna parte sin mí porque voy a descubrirte.  
— ¿Ah si?  
— Tienes el teléfono móvil intervenido.  
— ¿Qué dices? 
— Lo que oíste, por lo tanto donde sea que vayas, mi reloj me dará aviso al GPS, sobre tus movimientos —Advirtió señalando el dispositivo que llevaba en su muñeca—  
— ¿Cómo que tengo el móvil intervenido? No puedes espiarme de esa manera —Estallé molesta revisando mi celular— No tiene ninguna aplicación extraña. Seguramente estás mintiendo con la única intención de amargar mi día.  
— En absoluto, solo te hice una advertencia —Dijo observándome fijamente antes de alejarse de mí—  
Aurora: ¿Con qué derecho se atrevió a intervenir mi teléfono? ¿En qué momento lo hizo?  
Amalie: Aurora, ya no te estreses por esta situación.  
Aurora: ¿Qué no me estrese? ¿No oíste acaso lo que me dijo?  
Amalie: Lo oí. Mira, ya debo entrar. Nos vemos a la salida.  
Ihsân: Nosotros también debemos entrar —Me dijo— Durante las horas de clase, todo era un caos en mi cabeza y lo único que quería era que acabara cuanto antes para salir de allí.  
Ihsân: ¿Iremos al Mercado de Navidad? Aurora: Por supuesto que iremos pero sin guardaespaldas —Contesté con mucha determinación—  
Ihsân: Eso es imposible.  
Aurora: ¿En verdad lo crees?  
Ihsân: Así es.  
Amalie: Se nota que nunca has tenido un guardaespaldas, Aurora. ¡Oye! Si tú deseas hacer cosas sin que tu guardia lo note, tendrás que dejar de ser ingenua y aprenderte trucos en lugar de quejarte todo el tiempo como una niña chiquita.  
Aurora: Karîm ni siquiera es un guardaespaldas y ya verás que sí aprendo a deshacerme de su vigilancia. Si es verdad que mi teléfono móvil está intervenido. Lo apago y asunto arreglado —Dije haciéndolo mientras ambos se echaban unas risas demasiado burlona para mi gusto—  
Amalie: Hazlo si eso te hace sentir libre de Hafez pero te sugiero que vayamos y dejemos que nuestros guardias y el tuyo vayan detrás de nosotros.  
Aurora: Iré sin que ningún guardia me siga y ya verás que sí lo perderé de vista. Y si ustedes dos no quieren venir conmigo, iré sola. ¿Qué sucede con este par? —Pensé alejándome sin mis primos— Sí no quieren ir conmigo, no importa. Tengo pies y puedo llegar sola al mercadillo de navidad.  
— Auroraaaa…  
Oí repentinamente el grito del guardia Hafez y me eché a correr lo más rápido que pude pero sin llegar tan lejos como hubiese querido pues hacía mucho frío, había nieve y mi mochila más todo mi abrigo, pesaban bastante.  
— Suéltame… Si no lo haces voy a gritar.  
— No me hagas ese tipo de amenazas de niña malcriada.  
— No soy ninguna niña malcriada. Soy una señorita.  
— Una señorita de verdad no sé comporta cómo una niña malcriada.  
— Qué me sueltes.  
— ¿Por qué lo haces? Sabes que voy a llevarte a donde pidas, Aurora. ¿A dónde ibas? Dime y nos vamos.  
— Ya no quiero ir a ningún lado.  
— Bien… Te llevaré entonces a tu casa.  
Ya con el coche andando rumbo a la casa, me arrepentí y le dije a Hafez que sí quería ir al mercadillo de navidad porque mis primos esperarían por mí allá.  
— Me dijiste que ya no querías ir a ningún lado.  
— Y tú me dijiste que me llevarías a donde yo quisiera. No dijo nada más, simplemente giró el coche con mucha brusquedad y fuimos rumbo al mercadillo.  
— ¡Oye! ¿Qué pasa contigo? ¿Ahora te crees Toretto, súper guardaespaldas? Amalie, estoy en camino. Aguárdenme frente a la Noria —Le pedí mandándole un audio—  
KENNEDYPLAYZ – MERCADILLO INTERNACIONAL DE NAVIDAD  
Como cada año, aquello quedaba muy lejos de ser un simple mercadillo pues a diferencia de otras ciudades cercanas, el mercado navideño de Essen tenía un toque especial. El Gastland donde se podían encontrar productos de todo el mundo y escogían a un país invitado para que presentara sus diversos símbolos y lugares emblemáticos. 
Ojalá hubiese podido traer a mi hermanito —Fue la primera expresión que me nació al ver todo aquello— No sé porque mi hermana no me dejó traerlo. Al rato, muy cerca de la Noria, pude hallar a mis primos quienes ya me habían visto llegar y estaban llamándome con señas. Me dirigí corriendo hasta ellos y no perdimos tiempo en iniciar nuestro recorrido por todo el Kennedyplatz, desde luego, siempre perseguidos por aquellos guardias, a una distancia prudencial.  
Aurora: He querido tanto este oso de peluche gigante. Aún lo sigo queriendo. Mi papá Michael cada año intenta ganarlo para mí pero no puede porque su puntería no es tan buena  
Amalie: De hecho nadie puede ganar ese oso de peluche gigante, Aurora.  
Aurora: Mi hermana Gina me contó que cuando era pequeña, mi padre Said si pudo ganar uno para ella y que de un solo intento, dio en el banco a todo los bloques y también me dijo que años más tarde hizo lo mismo y se ganó un oso de peluche gigante para Isabella. Si estuviese aquí conmigo quizás yo también tendría uno. —Dije repentinamente bastante entristecida—  
Ihsân: Aurora, estamos aquí para divertirnos no para que te pongas en ese estado por un oso.  
Amalie: Opino lo mismo. Aurora: ¡Ya sé lo que haré! Retrocedí unos cuantos pasos y me paré frente al guardia Hafez para hacerle una propuesta muy seria.  
— Quiero para mi oso de peluche gigante. —Irrumpí mientras éste se encontraba muy centrado comiéndose unos cuernitos de gacela—  
— ¿La señorita quiere un oso de peluche?  
— Lo quiero, sí ¿Qué tiene de malo?  
— Mmm… De hecho nada.  
— Sí tú logras ganar para mí el oso de peluche gigante que se encuentra en aquella tienda de juegos, haré un trato contigo.  
— ¿Un trato?  
— Ja… Aceptaré que seas mi guardaespaldas y nunca quebrantaré tu trabajo.  
— Aurora, Aurora —Lanzó un suspiro mientras me observaba fijamente—  
— ¿Qué? ¿Aceptas?  
— Ten mucho cuidado con los tratos que desees hacer conmigo señorita.  
— Sí no logras ganarlo en tres intentos, Hafez, haré de tu vida una gran bola de nieve que acabará derritiéndose con el primer soplo de primavera. Karîm era en verdad un chico muy raro y en ocasiones, de muy pocas palabras. Eso sí, extremadamente maravilloso —Suspiré—  
— ¿Vas a ignorarme? No contestó de inmediato pero ni bien acabó su último bocado de cuernitos de gacela, caminó hasta la tienda de juegos y adquirió un boleto para el tiro al blanco advirtiendo que iría a por el oso de peluche gigante.  
— Deberá derribar los 10 obstáculos y tendrá tres intentos para lograrlo —Dijo el inescrupuloso dueño de la tienda de juegos que cada año aniquilaba con sus reglas, los sueños de querer ganar aquel oso de peluche gigante—  
— Acabas de pedirle algo imposible a ese pobre chico —Me susurró Amalie—  
Lo sabía perfectamente y para nada en absoluto me hice ilusiones pues en verdad era algo imposible. Simplemente quería ver de lo que era capaz el guardaespaldas Hafez y me quedé allí parada aguardando sus desafortunados desatinos. Alrededor de la tienda habían demasiadas personas y lo más lógico era que por el bullicio Hafez se aturdiera y le errara al tercer o cuarto bloque de obstáculos pero eso nunca sucedió. Dejando absortos a todos los demás aspirantes a ganar aquel oso de peluche gigante, aquel guardaespaldas derribó todos y cada uno de los bloques de obstáculos y de tan sólo un intento.  
— ¡Vaya! ¿Vieron eso? ¿Qué tipo de demonio puede tener una puntería como esa? — Expresó Ihsân con asombro—  
Al hombre cruel de la tienda, aún incrédulo por lo que acababa de ver, no le quedó de otra que tomar aquel oso y entregárselo al victorioso guardaespaldas. El premio era tan grande apenas le cabía entre sus brazos pero a pesar de todo lo hizo y se acercó hasta mí.  
Karîm: Aquí tienes tu oso de peluche gigante, Aurora —Dijo bajándolo al suelo—  
Aurora: ¡Lo lograste! —Le dije realmente asombrada— ¡Finalmente tengo mi oso de peluche gigante! ¡Aaahhh! ¡Es mío! ¡Solamente mío! —Exclamé repetidas veces abrazando con fuerza a mi súper oso— ¿Sabes? Te llamaré Enzo el inmenso.  
Amalie: Aurora, estás comportándote cómo una niña chiquita frente a todos —Me susurró algo avergonzada—  
Karîm: ¡Bien Aurora! Ahora solo espero que cada vez que observes a tu súper oso, recuerdes el trato que has hecho conmigo —Me advirtió al oído mientras todos mis sentidos fueron repentinamente invadidos por su delicioso aroma para luego alejarse por los aires con la frialdad del atardecer ante cada paso que daba— 

LOS DESTELLOS DE AURORA ©®  



Britzberg

Editado: 18.02.2020

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