Los Destellos De Aurora ©® (+15)

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MI PADRE

OSTVUERTEL – ESSEN (DEPARTAMENTO DE LOUIS WIEBER) 
— ¿Tenías pensado ir a Dubái sin mí? 
— ¿Louis, hoy fue el peor día de mi vida en muchos años y tú en verdad tienes ganas de discutir conmigo? 
— No tengo ganas de discutir contigo. Tú siempre buscas que las cosas se vuelvan complicadas entre nosotros, Bella. Saliste de aquí enfurecida por unos de tus habituales arrebatos sin sentido y si yo no hubiese ido tras de ti, no quiero imaginarme siquiera lo que hubiese pasado. 
— Ya tuve suficiente con los sermones de mi hermana Gina y no me quedaré aquí para tener que oír también los tuyos —Dijo alistándose dispuesta a salir del apartamento— 
— ¿A dónde crees que vas? 
— Suéltame. 
— No vas a ir sola a ninguna parte —Advirtió— Te llevaré a tu casa y no quiero oír más negativas de tu parte. 
— ¿Quién demonios te crees para tratarme de este modo? Eres un salvaje, un demente —Gritó a viva voz mientras le aventaba lo que sea tuviera a su alrededor— No sé que tenía en la cabeza cuando me fijé en ti. 
— ¡Basta Isabella! ¿Quién está comportándose como demente? ¡Basta! —Pidió una y otra vez sujetándola finalmente de ambos brazos— 
— Suéltame Louis. Me lastimas. 
— ¡Basta Bella! ¡Basta! Escúchame bien… Puedes destruir por completo este apartamento, tirarlo bocabajo, hacer estallar una bomba aquí dentro si te da la gana pero no harás lo mismo conmigo. Tú no me tendrás más a tu antojo ¿Me has entendido? —Le dijo mientras la tenía sujetada y echada sobre el sofá— 
— Te digo que estás lastimándome. 
— ¿Y tú cuanto me has lastimado ya haciendo lo que te diera la gana sin que yo te importara? Pero se acabó Isabella… Te advierto que esta fue la última vez. 
— ¿Qué significa? 
— Se acabó… Tú y yo terminamos —Afirmó soltándola finalmente— 
— ¡Louis! ¿Qué dices mi amor? 
— Lo que oíste. Ahora sí puedes irte. 
— Louis tú no puedes terminar conmigo porque yo te amo Louis y tú también me amas. 
— No sigas. 
— ¡Louis! 
— Vete ahora —Gritó— 
— Está bien —Gritó ella aun con más fuerza— Me voy ¿pero sabes que? Tú no volverás a verme jamás y mucho menos acercarte a mí y si algo me sucede en la calle, lo cargarás por siempre en tu conciencia. —Replicó saliendo raudamente entre llantos de aquel apartamento— 
— ¡Isabella! Espera… ¡Isabella! 
— ¿Ahora qué? Suéltame. 
— Te llevaré a tu casa. 
— ¿Por qué? ¿Piensa que así te pesará menos la conciencia si me sucediera alguna cosa?  
— Basta… Cierra la boca —Gritó golpeando la pared con tanta intensidad que los vecinos del piso, alertados, salieron a ver— Sabes que te amo de un modo que ni siquiera quiera logras dimensionar, Bella. 
— Yo te amo mi amor. Te amo mucho en verdad. 
Aquellas demostraciones extremadamente tóxicas de amor fueron selladas finalmente entre besos tendidos y apasionados bajo la atenta mirada de los vecinos del piso. Él la cargó entre sus brazos y la llevó nuevamente dentro del apartamento donde las peleas acabaron al menos por un período de tiempo en el que ambos decidieron expandir su amor a los cuatro vientos, yendo juntos al tan mencionado viaje a Dubái. El ostentoso lugar favorito de Isabella donde recibirían al nuevo año que ya se encontraba a la vuelta de la esquina. 
MANSIÓN DE BYFANG (A LA MAÑANA SIGUIENTE) 
— ¡Gina Majewskiiiii! —Se oyó un ensordecedor grito que Irrumpió tajantemente— 
Era la tía Judith y por aquella estruendosa llegada era más que evidente el insostenible disgusto que traía consigo. 
En ese momento en la mansión, éramos solo cuatro y papá Michael fue el primero en salir a ver. Mi hermana Gina salió detrás y yo permanecí en un rincón, junto a la puerta del comedor intentando que mi hermanito Ezra no se perturbara con todo aquello. 
— ¿Madrina que sucede? 
— ¿Mamá Judith porque llegas gritando de esa manera? —Preguntó anticipándose ante ella quien del modo menos esperado por nadie jamás, le dio dos bofetadas a mi hermana, de esos que parecieron haber congelado los latidos del corazón en otro gélido día de invierno. 
Norbert: ¡Judiiiith! 
Judith: No vuelvas a llamarme de esa manera nunca más en tu vida ¿Me has entendido? 
Norbert: ¡Basta Judith! No te atrevas a hacer más cosas de las que luego fueras a arrepentirte. 
Judith: ¿Crees en verdad que podría arrepentirme de alguna cosa? El día que perdí a mi hermosa Paula también perdí a la niña de mis ojos. Aquella quien fue mi segundo tesoro después de su madre. La verdadera Gina murió para mí el día que defendió la memoria del único asesino de su madre. 
Gina: ¡Basta! No digas ni media palabra más —Advirtió mi hermana con la voz temblorosa, las mejillas enrojecidas y empapadas de lágrimas— 
Michael: ¡Padrino, por favor! 
Norbert: Vámonos Judith. 
Judith: Suéltame ¿Ahora te crees capaz de amenazarme? ¿Acaso enviarás a los matones que heredaste de tu padre? 
¿Qué está diciendo mi tía? —Me pregunté entre aquellas palabras que se incrustaron en mí buna y otra vez como estacas en mi corazón— 
Isabella: ¿Qué está sucediendo tía? —Irrumpió mi otra hermana llegando en compañía de Louis— 
Judith: ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué no le contestas a tu hermana, Gina? Ayer casi la secuestran y casi matan a mi hijo por un error. Explícales a tus hermanas que afuera hay un asesino queriendo vengarse de todo aquel que lleva entre sus venas la maldita sangre de otro asesino. Said Majewski. 
Aurora: ¿Hermanita porque mi tía dice todas esas cosas horribles? —Irrumpí entre llantos y una tristeza infinita que ya no pude contener— 
Gina: ¿Todo esto te dejará aliviada ahora, Judith? ¿Estás satisfecha? 
Norbert: ¡Hija! Lo siento mucho. 
Judith: Ella no es tu hija. No es nada nuestro, Norbert.  
Norbert: ¡Suficiente, Judith! Nos vamos ahora. —Dijo llevándosela finalmente— ¡Lo siento! —Replicó observando a mi hermana por última vez con todo el dolor de su alma— 
Aurora: ¿Hermanita? 
Michael: ¿Mi amor? 
Gina: Un día mi padre me dijo: Las palabras dichas si son hirientes ya no se borran. Quedan grabadas por siempre en el corazón de quien las da y en la mente de quien las recibe. 
Ella Exclamó aquella frase secando sus lágrimas para hacer frente a un nuevo dolor en forma de palabras hirientes. De esas que no olvidaría jamás al igual que ninguno los presentes. 
Gina: Tú simplemente nunca olvides lo que te dije en el despacho de papá mi Aurorita —Pidió finalmente mientras me abrazaba y también secaba mis lágrimas — Él no hizo más que protegernos hasta su último suspiro. 
Isabella: Ja… Hasta que un día se rindió y nos dejó solas con todo el peso de su pasado. 
Michael: ¿Tú también Isabella? ¡Por favor, no! 
Gina: Como vuelvas a decir algo parecido… 
Michael: ¡Gina! 
Sin decir nada más, Bella subió a su habitación pues tenía planeado salir nuevamente con Louis quien lo esperaba en la sala. 
Gina: Tú también ve por tus cosas que Karîm ya está aquí —Me pidió— 
Con todo aquellos que había presenciado, no tuve ganas de nada aquel día pero quedarme en aquella desquiciada mansión se me hacía mucho peor entonces subí arriba por mis cosas para ir a la escuela. 
Gina: ¿Desde cuándo, Wieber? 
Louis: Si te refieres a un modo formal, desde ahora. Lamento que haya sido en tan malas circunstancias. 
Michael: ¿Puedo saber de qué hablan? 
Gina: De que Bella y Louis son novios. 
Michael: ¿Entonces eso es verdad? 
Louis: Solo quiero que les quede claro que mis intenciones con Isabella son muy serías en verdad. 
Karîm: Mmh… —Musitó desde atrás haciendo que Louis volteara de inmediato a verlo— 
Gina: Se oye muy bonito. Lástima que Bella no sea para nada una chica seria. 
Michael: ¡Gina, por favor! Estas hablando de tu hermana. 
Gina: Esa chica sale en paños menores desde los 16 años y está constantemente en boca de prensas de chismes y escándalos con su amiga la arpía mayor, Madeleine. Yo siento mucha compasión de tus buenas intenciones, Louis y te deseo mucha suerte en verdad. 
Michael: Apenas son las 8 a.m. y esta mansión ya está a punto de estallar de tanta locura. 
Aurora: ¿Las 8 a.m.? Apresúrate guardia Hafez que debo presentar un ensayo final a las 8:30 —Le pedí corriendo por delante de él— 
Michael: ¿La señorita ya ni siquiera se despide de mí? —Elevó la voz— 
Aurora: Tschüss Michael —Me despedí con besos por los aires— No vemos luego. 
Michael: Tschüß Schatz… 
Ezra: Papá, también llegare tarde a mi último día de escuela. 
Michael: Ya nos vamos, hijo. 
Gina: Ve a lavar tus dientes y trae tu mochila que nos iremos los tres juntitos y luego pasaremos al mercadillo de navidad, mi pequeño príncipe. 
Ezra: ¡Yupiiii! 
Mentiría horriblemente si dijera que todo lo acontecido con la tía Judith no nos afectó en absoluto. Afectó a toda la familia y una profunda tristeza se instaló en nuestros corazones. Yo intenté ser fuerte al igual que mi hermana Gina. Intenté recordar siempre, a cada instante, sus palabras en el despacho y comprendí finalmente porque razón me las había dicho, sin embargo ningún ser humano era de piedra. Ni el más duro de los seres sería capaz de tolerar tanto dolor, tanto rencor y tantas palabras hirientes. 
Me dolió el alma entera al oír decir a mi tía Judith que mi padre fue un asesino y que mi mamita Paula había muerto por su culpa. No comprendía la dimensión de sus acusaciones y al recordarlo una y otra vez, el llanto se apoderaba de mí de un modo realmente desolador. 
— ¡Aurora! Que susto me has dado. Si no fuera por el GPS, definitivamente no te habría encontrado. 
Ojalá no me hubiese encontrado. De ser por mí, me quedaría en aquel ático despoblado perteneciente a la biblioteca de la escuela con tal de no regresar a la mansión. 
— ¿Por qué estabas llorando? 
— No estaba llorando. 
— Tus ojos están irritados. Sí estabas llorando. 
— Pues si fueses más puntual en tu trabajo, tal vez conocerías la razón porque los gritos de mi tía Judith retumbaron hasta en el último rincón de la mansión. Ella dijo que mi papá fue un asesino y que por su culpa murió mi mamá —Dije volviéndome a hundir en mi propio llanto— Se puso muy molesta con mi hermana Gina, le dio un par de bofetadas y le dijo muchas cosas feas. 
— ¿Y tú que piensas al respecto? 
— ¿Qué puedo pensar? Era muy pequeña cuando todo sucedió. 
— Tenías la edad suficiente para recordar cómo fue tu padre, Aurora. Yo conocí muy bien a mi padrino por lo tanto las cosas que fueran a decirme sobre él, ni siquiera las tomaría en cuenta. 
— ¿Tú padrino? ¿Mi papá? ¿Conociste bien a mi papá? 
— ¿Quién crees que me enseñó cómo debía ganar un oso de peluche gigante? 
— ¿Estas bromeando conmigo? 
— No lo hago —Afirmó mientras yo secaba mis lágrimas— El me enseñó muchas cosas y yo en verdad lo quise tanto como a mi papá. 
— Yo lo recuerdo como al mejor papá de este mundo. A veces era un gruñón pero con mis hermanas mayores, no conmigo ni con mommy. 
— ¿Entonces porque te pone tan triste haber oído cosas feas sobre él? 
— ¿El no tuvo la culpa, cierto? ¿Mi tía Judith miente? Mi papá amaba mucho a mi mamita. 
— La amaba mucho, sí.  Tanto que su corazón no aguantó la tristeza de vivir sin ella. ¿Sabes? Te contaré una historia referente a mi padrino que tal vez te hará sentir mejor. 
— ¿Qué historia? 
— Vámonos sé este lugar. Te llevaré a tomar un batido de chocolate y allí te la contaré ¿Quieres? 
¿Cómo sabe que me gusta el batido de chocolate? —Pensé— 
— ¡Vamos! 
A la salida de la escuela aquel medio día, fuimos a un café y el guardia Hafez pidió para mí un súper batido de chocolate caliente, espeso y crema encima, tal cual y como me gustaba. También pidió medialunas y un capuchino igualmente con crema encima, para él. 
Nos sentamos en el rincón más tranquilo de aquel lugar y no perdí ocasión en pedirle que iniciara la historia que tenía para contarme. 
— Sí conociste bien a mi papá debes recordar muchas más cosas que yo ¿Cierto? 
— ¡Oye! Primero disfruta de tu batido y deja que yo disfrute de mi capuchino —Dijo dándole un mordisco a una medialuna— Si nos quedamos hablando, van a enfriarse. 
— De acuerdo, pero no te tardes en comenzar.



Britzberg

Editado: 11.02.2020

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