Los Destellos De Aurora ©® (+15)

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UNA HISTORIA

— Mi padrino fue para mí tan importante como toda mi familia. No lo veía muy seguido pero las veces que él viajaba a Líbano, siempre existían actividades que pudiéramos compartir y me llevaba a casi todos los lugares donde él iba. 
— ¿Líbano? Ese lugar queda muy lejos. Con razón nunca antes te había visto en mi vida. 
— Mi madre, mi hermana y yo vivíamos allá. Mi padre pasada a la mayor parte del tiempo aquí atendiendo los negocios de mi padrino pero siempre volvía a casa un par de veces al mes. Creo que las cosas fueron así desde que tengo memoria. 
— ¿Y porque nunca se mudaron aquí a Alemania? 
— Porque los pensamientos en Oriente son distintos. La gente vive de otra manera, posee reglas y costumbres que seguir. Mi padre no es exactamente de esos, quizás en algunas cosas sí pero no es capaz de restringir a nadie con sus pensamientos cerrados. Todo lo contrario su padre, mi abuelo. Desde que mi padre decidió trabajar con el tuyo, el abuelo Hafez le advirtió que ninguno de sus nietos, iría a vivir lejos de su tierra y sus costumbres y fue lo que sucedió. Él se hizo cargo de mi hermana y de mí y se encargó de hacer de mi madre apenas fuera una figura segundaría. 
— ¿Cómo? ¿Luego que pasó? ¿Finalmente pudieron venir sin problemas? 
— Sin problemas no. Tuvo que pasar mucho tiempo y tuvieron que pasar muchas cosas antes que viniéramos aquí. 
— Cuéntame. 
— Cuando yo nací, me diagnosticaron “Anomalía de Ebstein” una rara afección cardíaca muy compleja. Durante mis primeros años la enfermedad pudo ser controlada hasta que crecí, fui a la escuela y fue complicándose todo porque yo quería hacer todo lo que los demás niños hacían, jugar y correr pero lo tenia prohibido. Nada que pudiera fatigarme era bueno para mí solo que un día desobedecí y a la salida de la escuela fui a jugar fútbol con un grupo de compañeros y en consecuencia sufrí un ataque severo. No podía respirar y al poco tiempo quedé completamente morado de pies a cabeza. Mi padre en aquel momento no se encontraba con nosotros y mi abuelo prefirió que nadie le contará lo sucedido. De todos modos mi madre tomó el riego y busco la manera de comunicarse con él .Ni bien logró contarle lo que pasó, él retornó de inmediato a Líbano. No fue la primera vez que me dio aquel ataque, se había repetido con frecuencia en anteriores ocasiones pero aquel último ataque fue el peor de todos y acabó empeorando mi estado de salud. Tuvieron que someterme a una costosa cirugía que mis padres no podrían solventar. 
— ¿Y qué sucedió Hafez? 
— Mi padre hizo todo para conseguir el dinero por sus propios medios pero no lo logró y fue mi abuelo quien acabó solventando todos los gastos de mi cirugía. En aquel momento mi padre no podía negarse a recibir la ayuda de mi abuelo porque yo necesitaba esa operación con urgencia o de lo contrario no sobreviviría, fue así que acabó aceptando las condiciones de su padre. 
— ¿Cuáles condiciones? 
— Qué mi abuelo tuviera mi patria potestad. Que mi padre firmara unos documentos que le otorgaran ese derecho. 
— ¿Y lo hizo? 
— No le quedó de otra en esos momentos. Gracias a aquella cirugía pude sobrevivir pero en aquellos tiempos me quedé sin mis padres y sin mi hermana. Durante toda mi recuperación no los tuve conmigo, no estuvieron cerca de mí porque mi abuelo no lo permitía 
— ¡Que triste! 
— Mmm… Lo fue porque nunca me había separado tanto tiempo de mi familia, por sobre todo de mi madre. Mi padre intentó por todos los medios persuadir a mi abuelo pero no lo logró y yo moría de miedo de no volverlos a ver jamás. Le rogué mucho a Allah que me trajera a mi familia hasta que un día me oyó y envió a mi súper padrino al rescate. 
— ¡Mi papá Said! 
TEKRIT (LÍBANO) 2008
— ¡Dhûl Fagâr Hafez! ¿No me invitas a pasar? 
— ¿Qué haces aquí Hasnan? ¿Qué es lo que quieres? 
— Sabes muy bien que hago aquí y a quien quiero por lo tanto podemos haces las cosas con rapidez si me entregas al pequeño. 
— No vas a llevarte a mi nieto a ninguna parte. Su propio padre me lo entregó y ahora me pertenece. 
— Mmm… Te lo entregó porque en ese momento no le quedó de otra y porque tú definitivamente eres una vil escoria sin escrúpulos ¿Sabes cuánto detesto a los hombres como tú Hafez? Que piensan que los hijos son objetos que luego serán colocados en el lugar que mejor llene sus intereses. Mi padre fue así con mi hermano y conmigo pero como todo se paga en esta vida, acabó muy mal, Hafez. Allah le dio su merecido por haber hecho tanto daño y tú no querrías acabar de la misma manera. 
— ¿Me estás amenazando Yasâr Hasnan? ¿Piensas que te tengo miedo? Karîm es mi nieto y se quedará aquí conmigo por lo tanto dile a Khaleb que pierde su tiempo. Vete por dónde viniste y no te atrevas a volver. 
— Karîm… Hijo, sal de tu escondite. No tengas miedo. 
— No te atrevas Yasâr Hasnan porque si te llevas a mi nieto… 
— ¿Qué? Tú no estás en posición de amenazarme a mí Hafez y lo sabes muy bien. Ahora me entregarás al niño de manera pacífica y lo llevaré conmigo para reunirlo con su familia ¿Te quedó claro? 
— ¡Padrino! 
— ¿Cómo estás campeón? ¡Oye! No corras que aún estás recuperándote. No lo olvides. 
— ¿Me llevarás junto a mis padres y mi hermanita? 
— Lo haré y eso será ahora mismo. 
— ¡Hasnaaan! 
— Ssshhh… Despídete de tu nieto, Hafez. Seguramente vendrá a visitarte ¿Cierto campeón? 
— Sí abuelo, No dejaré que te sientas solito, vendré con mi papá a visitarte más seguido. Te lo prometo. 
— Dale las gracias a tu abuelo antes de irnos porque sin su valiosa ayuda no te hubieses recuperado tan bien. 
— Muchas gracias por todo abuelo. Finalmente estaré con mi mamá, mi hermanita y mi papá. ¡Wadaeaan! 
— Nos veremos oportunamente Hafez. ¡Wadaeaan! Vamos hijo que tu familia nos espera. 
Mientras me contaba la historia, el guardia Hafez de tanto en tanto quedaba pensativo y en silencio y me tocaba sacudirlo un poco para que continuara. 
— Mi padrino se molestó bastante con mi padre por no haberle contado nada al respecto de todo lo sucedido y fue entonces cuando decidió traernos aquí al menos durante las vacaciones de verano pues decía que el aire puro del mar le haría muy bien a mi corazón. Mis padres estuvieron de acuerdo y es que era una bonita manera de hacernos olvidar malos ratos. Estuvimos en la mansión por un par de días y luego fuimos al mar. 
— ¿De verdad? Yo no lo recuerdo. 
— Eras un bebé, Aurora ¿Cómo ibas a recordar? —Dijo sonriendo mientras yo chapoteaba en el charco de mis suspiros internos— Creo que tenías dos años, tal vez un poquito menos. 
— ¡Anda! Continúa. 
— Mi padrino hubiese deseado que nos mudáramos de Líbano definitivamente pero las cosas no serían tan fáciles por lo que mientras fueran dándose por sí solas, nosotros solo disfrutábamos de aquellos días. Ese verano pasamos las vacaciones en Fuerteventura. 
— ¡Amo Fuerteventura! Tenemos una casa allá. 
— Lo sé. 
FUERTEVENTURA (MORRO JABLE) 2008
— ¿Te gusta el silencio del mar, Karîm? 
— Me gusta el color del mar. Se ven como los ojos de mi madrina y los de Aurora. 
— Mmm… es verdad y eso que no has visto los ojos de mi madre. Son como cristales que albergan agua pura y si te quedas mucho tiempo observándolos, te pierdes por completo en ellos. Así me sentí la primera vez que la vi. Ella es hermosa, todas las mujeres que me rodean lo son, de hecho. 
¿A Karîm le gustaban mis ojos? —Pensé— Si le gustaban antes obviamente le gustan también ahora —Suspiré— 
— Cuando retornamos a Líbano todo volvió a la normalidad para mi familia y para mí gracias a mi padrino. Él siempre se aparecía con sus visitas relámpago cada vez que podía y fue así hasta que me volví adolescente y comenzamos a hacer muchas más cosas juntos. 
— ¿Cómo qué? 
— Cómo ir a mis prácticas de tiro. 
— ¿De tiro? 
— Yo iba a la Escuela de Tiro Práctico y gracias a que siempre practicábamos juntos yo era el mejor de mi clase. Decía que estaba orgulloso de mí y que pronto estaría listo para la misión más importante de mi vida. 
— ¿Y cuál misión era esa? —Pregunté sin que me respondiera— 
— Practicar con mi padrino era en verdad asombroso. 
— ¿Porque era asombroso? 
— Tú padre era capaz de hacer trizas un lápiz incrustado en la tierra, a la distancia que fuera y me decía que yo debía lograr lo mismo. Que cuando lo consiguiera diez veces de manera consecutiva, estaría finalmente listo para mi misión —Dijo observándome repentinamente por varios segundos sin siquiera parpadear— 
Este chico continúa hablando de su misión —Pensé poniendo los ojos en blanco— 
— ¿Y lo lograste? 
— Tienes tu oso de peluche gigante —Dijo sonriendo— 
— ¿Qué? ¿Qué significa? ¿Qué tu misión fue mi oso Enzo el inmenso? —Le pregunté riendo— 
— Mmm en realidad tú eres mi misión. Una misión imposible, por cierto. 
— ¿Qué ridiculez estas diciendo Hafez? —Pregunté sabiendo que aquella perfecta conversación no tardaría nada en perder toda su magia— 
— Me recibí como experto tirador, me gradué con excelencia y honores en conducción, manejo ofensivo, defensivo y táctico solo para ganar un inútil oso de peluche gigante y consentir a la niña mimada de la familia Majewski. 
— ¡Suficiente! Eres un insolente guardia Hafez —Elevé la voz levantándome de mi silla— ¿Qué creíste? ¿Qué tu misión sería resguardar a Katy Perry o a Rihanna? Lamento haberte decepcionado de esa manera —Recalqué abandonando posteriormente aquel café— 
Se suponía que toda aquella historia que involucraba a mi papá Said, debía dejarme contenta de algún modo pero aquel guardia era una bestia insensible que acabó embarrándolo todo en cuestión de segundos. 
— ¿Papito porque tuviste que imponer a ese guardia insolente en mi camino? ¿Por qué? ¿Solo porque es hijo de tu mejor amigo o porque en verdad alguien quiere hacerme daño? —Elevé mis preguntas entre llantos mirando al cielo con la esperanza de que pudiera contestarme— 
— ¡Aurora! Detente. 
— Déjame tranquila Hafez. 
— Qué te detenga te digo —Gritó en el momento preciso en el que un coche pasó con tanta velocidad que parecía querer llevarse todo por delante a su camino— 
Estuve a microsegundos de ser arrastrada por aquel coche pero para mí fortuna aquel insolente guardaespaldas me jaló del abrigo impulsándome hacia atrás hasta caer entre sus brazos. 
— ¿Estás bien? 
No pude siquiera contestar media palabra. Quedé tan shockeada que se me helaron la sangre, la boca, los pensamientos, los párpados, las manos, los pies. 
Las palabras del guardia Hafez apenas zumbaban en mis oídos como un eco lejano y cuando finalmente pude reaccionar, todo lo que salieron de mí fueron lágrimas. ¿Qué hubiese pasado si aquel coche me arrollaba? ¿Estaría muerta ahora junto a mí mamita Paula y mi papito Said? ¿O estaría quizás en coma sobre la cama de un hospital? ¡O mucho peor aún! Me encontraría inválida con las vértebras destrozadas y ya nunca podría bailar ni actuar sobre los escenarios. Mis sueños se hubieran desmoronado por completo para siempre. 
Entre llantos me palpé de pies a cabeza y no estaba muerta. Podía moverme perfectamente y estaba respirando. 
— Todo hubiese sido culpa tuya —Grité empujando al guardia Hafez— Eres detestable. 
— ¿De qué hablas? Ya cálmate Aurora —Pidió sujetando mis brazos— 
— Suéltame ¿Por qué no renuncias si me odias tanto? Mi papito ya no está en este mundo y no debes sentirte obligado a cuidar de mí. 
MECHREF (LÍBANO) JUNIO DE 2013
— Ya hablé con tu padre y finalmente se mudarán a Alemania. Allá empezarán una nueva vida y tú seguirás preparándote para que un día seas un auténtico hombre de bien. Líbano dejó de ser un lugar seguro hace mucho tiempo. El progreso aquí es un falso oxígeno que se respira para engañar a las personas y hacerlas creer que todo está bien. Yo ya no estaré en este mundo cuando te conviertas en la persona que siempre desee para ti pero te estaré observando desde algún lugar y espero que sea desde el cielo junto a mí Paula, aunque lo más probable es que te observé desde el infierno. 
— No hables así padrino. Por favor no lo hagas… ¿De qué servirá todo esto si tú ya no estarás a mi lado? 
— Karîm, no vuelvas a hacer una pregunta como esa. ¿Por qué razón durante todos estos años te enseñé todas las pocas cosas buenas que yo aprendí en esta vida? Contéstame. 
— Por Aurorita. 
— Mmm… Por mi encantadora bebé, mi último gran tesoro, Karîm, mi joya invaluable. Mi hermosa Tinkerbell un día agitará sus pequeñas alas para volar muy alto y cuando eso suceda tú estarás a su lado para protegerla siempre y no permitirás que una sola gota de lágrima empañe esos ojos de mar que tanto aprecias. Solo de ti depende que me sienta aún mucho más orgulloso de ti. 
— Y lo haré padrino. Haré que estés orgulloso de mí cada segundo, siempre. Te lo prometo. 
— Allah no me otorgó la gracia de un hijo varón pero puso en mi vida a un ahijado fuerte, inteligente y valiente que nunca me decepcionará. 
— Que Allah arranque mi corazón de un soplo si un día te decepcionó, padrino. 
Aquel guardia demente quedó nuevamente colgado en algún otro pensamiento y la verdad yo no iba a quedarme en aquel desconocido lugar para averiguarlo. 
— ¿A dónde vas? 
— ¡Vaya! Hasta que por fin reaccionas. Pues para que lo sepas, voy a mi casa con o sin ti. 
— No vas a ningún lado —Dijo colocándose delante de la puerta— 
— ¿Por qué? ¡IIIggghhh! —Exclamé tapándome la boca con las manos ¿Acaso me secuestraste y me tendrás aquí encerrada? ¿Qué lugar es este? 
— No empieces a decir tonterías otra vez Aurora. Quedaste muy asustada, estabas en shock y por eso decidí traerte aquí a mi apartamento pero si ya te sientes mejor, te llevaré a tu casa ¿De acuerdo? 
— No me siento mejor. Estoy muy triste y casi muero atropellada —Dije echándome a llorar nuevamente— y el guardia que estaba contándome una historia muy bonita repentinamente sacó toda su bestialidad. 
— Lo siento, Aurora. De repente sucede y es que no soy nada bueno con mis expresiones. Mi padrino me enseñó muchas cosas buenas pero aquello tampoco era su fuerte —Comentó sentándose sobre el sofá— 
— ¿Qué cosa? 
— Expresarse correctamente y demostrar emociones sin que sé mal interpreten de alguna manera. 
— ¿Qué dices? Mi papá era muy bueno conmigo, cariñoso y tierno. Vio Tinkerbell como quinientas veces solo por mí. 
— Pues al vivir rodeado de mujeres, tuvo que aprender o de lo contrario le hubiese ido muy mal a mi pobre padrino. 
— ¿Qué quieres decir? 
— Escúchame Aurora. Yo jamás permitiré que nada malo te suceda ¿Me entiendes? ¡Ten! —Dijo pasándome un pañuelo para que secara mis lágrimas— Deja de llorar ya que ni una gota de tu lágrima vale pena de este mundo. 
¿Qué? —Me pregunté mientras secaba mis lágrimas con aquel pañuelo que a su vez servía para embriagarme con su perfume— 
— ¡Guardia Hafez! 
— ¿Qué sucede? 
— Esperaba cualquier cosa de ti menos que quitaras un pañuelo para secar las lágrimas de una chica mientras recitaras un verso desde el alma. 
— ¿De qué hablas ahora? ¿Qué verso? 
— ¿Sabes? Creo que no eres tan bestia después de todo —Dije levantándome de aquel sofá— Ahora abandonemos este lugar de inmediato porque es muy indecente que una señorita de bien como yo se encuentre a solas con un hombre en un lugar privado. 
Hafez rió cómo muy pocas veces lo hacía mientras yo simplemente intentaba caminar sin tropezar ante aquella bendita distracción dibujada en su rostro. 

LOS DESTELLOS DE AURORA ©®  



Britzberg

Editado: 18.02.2020

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